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La paradoja de la inflación caliente en la era del hielo

El 2,2% de julio rompió una racha benigna de dos meses y preocupó. Los límites del hipercontrol, aun en recesión. ¿Sin escalas hacia un 4%? El reto de 2021.

El 2,2% de julio rompió una racha benigna de dos meses y preocupó. Los límites del hipercontrol, aun en recesión. ¿Sin escalas hacia un 4%? El reto de 2021.

Por 16/07/2020 13:00

Todos los rasgos de fondo de la economía argentina permanecen invariables: una crisis de larga data con caída aguda de la demanda, ulterior semiparalización productiva debido a las políticas sanitarias destinadas a contener la pandemia, un congelamiento de precios que alguna vez habrá que abordar y un control de cambios cada vez más severo que ha logrado en las últimas semanas poner bajo cierto control al dólar paralelo y frenar las expectativas de devaluación del oficial. ¿Cómo es posible, en semejante escenario antártico, que la inflación se haya empinado desde el 1,5% de abril y mayo, agrio consuelo para el Gobierno, a un 2,2% en junio?

El director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), Marco Lavagna, salió al cruce de las repercusiones de un dato que preocupó y lo atribuyó a que “la pandemia está generando dispersión de precios”. Además, señaló que los rubros que empujaron el índice del mes pasado fueron “textiles y electrónica”, lo último debido al auge del teletrabajo, a la vez que se mostró aliviado por el hecho de que “en alimentos y limpieza hubo una estabilidad de precios y eso fue una buena noticia: subió al 1%, menos de la mitad del índice general”. Es el vaso medio lleno.

Sin embargo, lo ocurrido no sorprendió a analistas como Francisco Mattig, estratega de Renta Fija de Consultatio Financial Services, quien hace ya dos meses había dicho, en diálogo con Letra P, que “en abril y mayo, se va a desacelerar por el impacto de la cuarentena y por cuestiones técnicas que harán que el aumento de precios dé cero en los rubros cuyos comercios están cerrados. Sin embargo, desde junio debería empezar a pegar la monetización, entre otros factores”. Dicho y hecho.

 

 

Más allá de los factores mencionados al comienzo, que implican un control fuerte sobre variables económicas clave –algunos voluntarios, otros no–, también operan otros que meten ruido e incertidumbre: una negociación por la deuda más larga que lo deseado y una emergencia sanitaria rampante, por más que las necesidades sociales, económicas y políticas parezcan conducir –en el corto plazo– a una decisión oficial de blanquear una flexibilización de hecho. De la mano de esta, desde ya, una emisión muy fuerte de pesos para financiar un gasto extra destinado a atender necesidades de empresas y trabajadores, el que, solo hasta el momento, supone un déficit presupuestario del 4% del producto bruto interno (PBI).

¿Qué pesará más en materia de precios desde el julio en curso, la apertura relativa que se espera de la actividad o los controles oficiales? De acuerdo con analistas privados, este mes podría arrojar el primer incremento interanual del año del índice de precios al consumidor.

 

 

Nuevamente en diálogo con Letra P, Mattig calificó de “negativo” el 2,2% de junio y propuso “enfocar el análisis a partir de lo que ocurrió con el tipo de cambio”, cuyo tramo oficial aceleró desde abril la pauta de minidevaluaciones para ayudar a cerrar la brecha con los paralelos.

“La devaluación del tipo de cambio oficial se aceleró en abril especialmente y algo en mayo y junio. Eso no tuvo impacto sobre la inflación de alimentos y bebidas por las políticas activas del Gobierno en materia de precios máximo, le dijo a Letra P una fuente del Banco Central.

“La inflación de junio esta en línea con lo observado en los últimos dos meses. La expansión de la liquidez se está administrando con los instrumentos de regulación monetaria y hay una acotada volatilidad cambiaria en el marco de la flotación administrada”, defendieron allí la política de emisión en la emergencia cuestionada por algunos analistas privados.

Para Mattig, en tanto, influyó en el índice de precios del mes pasado “el pass through del tipo de cambio” oficial a las góndolas.

 

Fuente: Rava Bursátil.

 

“Si bien la comparación está ‘sucia’ por efectos de cuarentena, hay que fijarse que los precios de bienes transables, que se relacionan con el dólar, se movieron más que los servicios”, agregó.

“De hecho, el 2,2% nos sorprendió porque esperábamos 1,8%. Creemos que esa es una señal de lo que va a venir en el segundo semestre”, explicó Mattig.

Ese rebote, anticipó el analista de Consultatio, puede ser considerable y estar próximo. “Tranquilamente podemos ver un índice del 4% a partir de agosto, lo que lo llevará a fin de año al 46,5% que prevemos”, anticipó.

“Estimamos que el agregado monetario amplio, es decir, la suma de la base monetaria y los pasivos remunerados, va a superar el 20% del PBI. Esa elevada monetización del déficit, que seguirá en el segundo semestre, es el combustible principal. Pero también esperamos que se acelere la depreciación del tipo de cambio, ya que la estacionalidad de la oferta de dólares comienza a jugar en contra en un contexto en el que el tipo de cambio real se va a atrasar”, indicó.

“En julio, la dinámica de reservas se volvió a complicar. Los precios regulados siguen retrasándose y, aunque no vemos una mayor presión este año, va a ser todo un tema el año que viene”, cerró.