X

El reloj de arena de Cristina

La novela venezolana tiene de fondo el silencio estridente de la vice y, en foco, la rutina del Presidente equilibrista. No querer o no poder, la cuestión.

Por 08/10/2020 16:18

En algún momento se va a quebrar, pero por ahora retumba. En el primer año de gobierno del Frente de Todos, el silencio de Cristina Fernández de Kirchner va camino a convertirse en uno de los hechos más destacados de la política argentina. En torno a él, Alberto Fernández avanza sin pisar sobre seguro, la alianza oficialista asume una fisonomía que tiene poco que ver con el último cristinismo y los comentaristas pueden construir teorías antagónicas. Dueña de un poder inigualable, la vicepresidenta muestra un cuidado manejo de los tiempos en los que decide hablar y marca un contraste radical con un ambiente saturado de opiniones, declaraciones y reacciones que duran nada en medio de una crisis profunda. Pero ese silencio está hecho tanto de fortalezas como debilidades elocuentes.

Volvió a pasar frente al voto argentino contra Venezuela en la ONU, un tema que despierta posiciones encontradas en un país que, aún en medio de una pandemia con cifras récord de desocupación y pobreza, se muestra sensible como pocos ante lo que sucede en la tierra de Hugo Chávez.

Según pudo saber Letra P, la postura argentina terminó de definirse el domingo último en un Zoom del canciller Felipe Solá con el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, y el embajador argentino ante la ONU, Federico Villegas. Con el apoyo al informe Bachelet, el país condenó el bloqueo a Venezuela, pero profundizó la distancia con un México que se mueve en base a acuerdos y licencias propias de su estrecho vínculo con Estados Unidos, optó por votar con el Grupo de Contacto y terminó pegado al Grupo de Lima. El efecto fue inmediato y opuesto a los dos lados de la polarización: generó aplausos de halcones del PRO que se alinean fuerte con Donald Trump, como Fulvio Pompeo y Patricia Bullrich, y funcionó como catalizador de una tensión solapada en el frente oficialista.

 

 

ALICIA Y EL MUNDO QUE SE FUE. Si la renuncia de Alicia Castro a la embajada en Rusia tuvo una repercusión sorprendente fue, sobre todo, por el silencio de Cristina. Prueba de su distancia con el poder de Fernández, la antigua sindicalista de Aeronavegantes no tenía el mail del Presidente y le envió su renuncia por intermedio de Eduardo Valdés, como contó Letra P.

Preocupado una vez más por el desbande al interior de la alianza, Fernández quiso revertir la decisión apenas se enteró del anuncio que hizo Castro en las redes sociales: llamó a Valdés y le pidió que intercediera ante ella. Ya era tarde. Una vez más, su camino de equilibrista en política internacional se veía con nitidez, una decisión suya no conformaba a los sectores identificados con el cristinismo y el Presidente volvía sobre sus pasos con la ilusión de reparar lo dañado. Aplaudido por sus encarnizados detractores y por la oposición, el profesor de Derecho Penal había delatado la dificultad de lograr una convivencia armónica en las familias ensambladas del peronismo y el kirchnerismo, donde la conducción aparente está en manos de los que rompieron con CFK.

Como otros disconformes con el rumbo del Gobierno, Castro es una figura considerada marginal en la Casa Rosada y en el piso 13 de la Cancillería y lo es, sobre todo, porque el peronismo de Fernández y Solá toma distancia del mundo de nostalgias antiALCA que le gusta invocar a la exembajadora. Sin embargo, el divorcio con la postura de México y el voto en sintonía con el Grupo de Lima tampoco pueden haber caído bien en profesionales de la diplomacia como el excanciller Jorge Taiana, defensor a ultranza de la no injerencia en asuntos externos. 

 

 

 

En diálogo con AM 530, la exazafata no sólo reiteró los términos de la carta en la que denunciaba un “giro dramático en la política exterior” que “no difiere en absoluto con lo que hubiera votado el gobierno (Mauricio) Macri”, sino que, además, hizo consideraciones sobre el equilibrio dentro de la coalición pancristinista y apuntó contra Sergio Massa, habitual detractor de la “dictadura” de Nicolas Maduro. “¿Por qué puede hablar Massa, que estaba tratando de perseguir judicialmente a Cristina Fernández y reconoce a Guaidó, y no podría hablar la vicepresidenta, que armó el Gobierno y aportó la gran mayoría de los votos y la energía? ¿Qué votó la gente? Votó a Cristina. Y a Alberto. A Alberto y a Cristina”. Castro dijo que “hay medio país pidiendo que Cristina intervenga más”, sostuvo que el “extremo centro” que parece adoptar el Gobierno puede llevar a un final como el de la Alianza UCR-Frepaso y se permitió discrepar con Juan Domingo Perón en torno a uno de sus famosos apotegmas: “En general, por lo que hemos visto, con bosta se construye un rancho de mierda”. No es el criterio que prevalece, por ahora, en el departamento de Recoleta.

EL VACÍO GENERAL. Consultado por Letra P, un íntimo colaborador de la vicepresidenta consideró que el voto de Argentina en la ONU es “un error” que complica la política exterior del Gobierno y delata la falta de consistencia de la postura argentina en un contexto delicado, donde la región se inclina hacia las pretensiones de Trump. La frase fue la misma que se pronunció cerca de CFK ante el retroceso con la expropiación en Vicentin: “Cuando te toman el tiempo, estás liquidado”.

Tan cierto como que Cristina cuestionó el Estado de Derecho en Venezuela en la campaña de 2017 es que Cuba le abrió las puertas en 2019 y le ofreció todas las garantías para el prolongado tratamiento de su hija en un momento en el que la ahora vicepresidenta parecía arrinconada en la batalla judicial y temía que Florencia Kirchner fuera detenida por el juez Claudio Bonadio. Con la elección de Castro para Rusia y la designación de Sabino Vaca Narvaja como segundo de la embajada de China, CFK hizo una de las pocas intervenciones en política exterior y apostó a un mundo de relaciones alternativas frente al poderío de Estados Unidos. En la Cancillería, sin embargo, hay un respeto por la diplomacia cubana que excede en mucho al que genera la representación venezolana.

En la agenda pública de los grandes medios y la política, Venezuela es un tema central que incluso le permitió al macrismo crecer políticamente a partir de 2012 con la amenaza de un fantasma chavista que se imponía sobre la Argentina. Alimenta la grieta americana y expone diferencias internas que no pasaron a mayores frente al ajuste sobre los ingresos, el derrumbe del poder adquisitivo, el aumento de la desocupación y el incremento de la pobreza, la realidad que afecta al electorado fiel del peronismo kirchnerista y es atribuida por completo al efecto de la pandemia: no a los límites o decisiones del Gobierno frente a la crisis.

 

 

Que Cristina no se pronuncie en este como en otros casos no se debe a que no tenga posición ni que respalde en todos los casos a Fernández. Pero debe evaluar cada una de sus intervenciones para no debilitar a un presidente que gobierna en un contexto de lo más delicado y enfrenta a una oposición dispuesta a casi todo. Tras el acto del 9 de Julio pasado, un tuit suyo desautorizó a Alberto y marcó las discrepancias de fondo que permanecen en segundo plano. Ahora, entre los pocos que aludieron al tema estuvo Andrés Larroque, que pidió prudencia y llamó “no caer en la tentación del revoleo de declaraciones y las expresiones abruptas”.

Cristina sigue teniendo como ejemplo a su propio gobierno, pero el tiempo es otro, el contexto nacional y regional no la favorece y ella fue la que eligió a Fernández sin consultar a casi nadie. El dejar hablar a figuras satelitales a su esquema de poder le sirve como conductora que se para por encima pero delata también lo que, en las actuales circunstancias, no puede o no quiere salir a defender ahora. Contra lo que se cuenta desde la oposición, CFK cede el rumbo general del Gobierno en manos de Fernández y su incidencia se restringe a situaciones puntuales. El problema es que el silencio, que en el tiempo de alza del Presidente ayudaba, ahora forma parte de un vacío general. Tal vez no hable porque no encuentre las palabras adecuadas o porque no puede decir lo que piensa, pero el desgaste del Gobierno que la tiene como vértice y los problemas que se acumulan sin solución la obligan a involucrarse cada vez más. Romper el mutismo y arriesgar una salida, eso parece ser lo que le demanda la crisis.