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Guiños a Trump y distancia de Maduro, la avenida del medio del post kirchnerismo

La moderación que expresa la candidatura de Alberto F. domina también los planes para la relación con el mundo. Un futuro cargado: deuda, EE.UU., chavismo y Bolsonaro. Hacia una agenda minimalista.
Por 05/06/2019 13:46

“Si nos toca ganar, el nuestro va a ser un gobierno de transición, no un gobierno de cambio. De lo que se trata es de ponerle freno al deterioro del país. Eso es lo que explica el giro que Cristina (Kirchner) decidió al cederle la candidatura a Alberto (Fernández)”. La frase, dicha por un dirigente cercano al aspirante a la Presidencia, describe no solo lo que puede esperarse del post kirchnerismo en materia de política doméstica sino, también, de política exterior. “Sí, también en eso va a ser más un gobierno de transición que de cambio”, admitió.

La negociación inevitable con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el frente que se abre con los acreedores privados, la compleja convivencia con Donad Trump y el posicionamiento ante el chavismo son temas que comienzan a discutirse, todo sobre la marcha, mientras el candidato comienza a agrupar a los especialistas que elaborarán los planes en materia de asuntos internacionales. ¿Cómo sería el mundo según Alberto?

VOLVER… AL FONDO. Cristina y Alberto Fernández coinciden en que el respaldo de la administración de Donald Trump fue clave para que Mauricio Macri consiguiera el paquete de financiamiento más grande de la historia del FMI, pero sostienen que la relación con el organismo deberá replantearse tan pronto como el año próximo.

 

 

“El gobierno actual se jacta de haber ‘vuelto al mundo’, pero, bien mirado, aisló enormemente a la Argentina. En lo financiero, pretendió dar un giro con el pago a los holdouts y emitiendo deuda de manera abrumadora, pero, cuando los mercados se le cerraron y debió volver al FMI, el círculo se cerró y quedamos aislados”, dijo la fuente en diálogo con Letra P.

 

En los cálculos de quienes comienzan a esbozar las relaciones internacionales del albertismo figura una renegociación veloz de las condiciones crediticias pactadas con el FMI, dados el financiamiento masivo otorgado al país durante el tramo final de la actual gestión, el vacío de fondos que le espera a la entrante y la obligación de empezar a devolver el préstamo a mediados de 2021 y de enfrentar vencimientos por 43.500 millones de dólares entre 2022 y 2023.

Como “no existe voluntad de ruptura”, ese agobio esperable hace que el post kirchnerismo ya piense en plantear el pase del actual acuerdo Stand-by a un Programa de Facilidades Extendidas, que permitiría ampliar el período de devolución del capital a diez años. Sin embargo, eso vendrá, se descuenta, con un monitoreo más estrecho y con las consabidas condiciones de reformas estructurales: previsional, laboral y tributaria.

Como no existe voluntad de ruptura, el post kirchnerismo ya piensa en plantearle al FMI el pase del actual acuerdo Stand-by a un Programa de Facilidades Extendidas, que permitiría ampliar el período de devolución del capital a diez años.

“Les explicaremos, como ya lo hicimos en tiempos de Néstor (Kirchner), que los muertos no pagan y que el ajuste permanente no le sirve a un país como la Argentina. Igual, no no engañamos: la negociación va a ser durísima”, anticipó la fuente.

2019 NO ES 2005. Los compromisos con tenedores privados de bonos argentinos serán otro problema, ya que se hacen tremendamente exigentes a partir de 2021. Probablemente también se haga necesaria una renegociación de ese tramo de la abultada deuda que dejará la (¿primera, única?) gestión de Macri. Algo en ese sentido ya sugirió el propio Alberto Fernández en público y también en privado ante representantes de grandes fondos de inversión que visitaron recientemente el país. Le inquieta el bajo nivel de reservas que, si le toca gobernar la Argentina, intuye que recibirá como herencia envenenada.

De concretarse tal renegociación, ¿seguirá el modelo de las de 2005 y 2010, que incluyeron una quita importante de capital? Un dirigente de diálogo frecuente con Cristina Kirchner le dijo a Letra P que “ella entiende que las condiciones actuales para plantear una quita son más complejas que las de 2005. Esta deuda la contrajo plenamente un gobierno elegido por el voto y no se la puede desconocer. Por eso, tal vez la solución esté simplemente en negociar una extensión suficiente de los plazos de pago”. Independientemente del cargo que ocupe en una eventual administración de Fernández, algo que no está definido, todo indica que el encargado de llevar adelante las gestiones ante el FMI y, eventualmente, ante los acreedores privados será Guillermo Nielsen. “Alberto lo escucha mucho; claramente, el default no es una alternativa”, añadió.

TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A WASHINGTON. Según evalúa el albertismo, el respaldo del FMI al gobierno de Cambiemos gracias a la influencia estadounidense fue posible a partir de la asunción plena por parte de la Argentina de la agenda estadounidense para la región, en particular, la de los “nuevos desafíos”: narcotráfico, crimen organizado y terrorismo. Sin embargo, la mirada negativa de los dos Fernández sobre esa actitud hace que encontrar con Trump una relación, si no cercana, al menos amable pueda resultar algo así como hallar la cuadratura del círculo. No obstante, ése es el intento que se hará. 

"Miren lo que está pasando en Estados Unidos. La economía vuela, tienen el índice de desempleo más bajo en 50 años. Sería bueno que los que viajan tanto para allá y escuchan tanto lo que les dicen allá imiten lo que hacen", dijo Cristina casi un mes atrás, cuando presentó su libro Sinceramente. Aunque no lo mencionó, hablaba de Trump.

 

 

Fue un guiño al republicano, un modo de ir convenciéndolo de que, si el peronismo ganase las elecciones en octubre, la Argentina no lo demonizaría ni pretendería erigirse en una enemiga ideológica. El gesto forma parte de otros contactos, por ahora indirectos, que comienzan a entablarse con la Casa Blanca. El reciente viaje de Axel Kicillof a Estados Unidos fue una de esas señales.

El problema es que Trump puede hacer peronismo a la norteamericana y tener una política pro industria y hasta proteccionista puertas adentro, pero que eso no es justamente lo que busca de quienes considera sus socios. Al contrario, de estos espera una apertura que dé ventajas a las empresas de su país.

Ese rasgo forma parte de las dificultades que el mundo le presentará a un eventual gobierno de Fernández-Fernández. Y eso la fórmula lo tiene claro.

EL ENIGMA DE VENEZUELA. Quienes hacen autocrítica dentro del kirchnerismo entienden que muchas posturas ideológicas, sobre todo en el segundo mandato de Cristina, generaron costos altos y recompensas bajas. Una de esas posiciones caras fue la que mantuvo con Venezuela, sobre todo desde 2013, cuando murió Hugo Chávez y la revolución bolivariana emprendió un rumbo nuevo y más controvertido con Nicolás Maduro.

 

 

Así, lo que entonces fue una alianza, en un gobierno de Alberto Fernández mutaría en una postura algo más distante, inevitable gesto si el candidato pretendiese tener con Trump un vínculo que no fuera de enfrentamiento directo.

Sin embargo, la posición del país variará con respecto a lo hecho por Macri. Según se evalúa, la Argentina saldría del Grupo de Lima, compuesto por los países que reconocen a Juan Guaidó como presidente interino y siguen la política de confrontación de la Casa Blanca. Se entiende que las condiciones están dadas para eso, incluso en lo que hace a las percepciones regionales, ya que la estrategia de movilización y agitación callejera y de incitación a una rebelión militar ha fracasado. El propio Guaidó, que hasta hace poco hablaba de una caída inminente de Maduro, el sábado último recalculó y vaticinó que eso ocurrirá antes de que termine 2019. 

Si la salida del Grupo de Lima no derivará en un alineamiento con el chavismo, la avenida del medio que pretende transitar el post kirchnerismo se traduciría, en el caso de Venezuela, en una adscripción al Grupo Internacional de Contacto (compuesto por España, Uruguay, Ecuador, Costa Rica, Bolivia, Alemania, Francia, el Reino Unido, Italia, Holanda, Portugal y Suecia), que busca una vía de negociación. También, en el respaldo a iniciativas de mediación como las que lleva adelante actualmente el gobierno de Noruega. “En ese tema y en otros, el país tiene que retomar su tradición diplomática de neutralidad activa”, le dijeron fuentes del albertismo a Letra P.

 

La avenida del medio que pretende transitar el post kirchnerismo se traduciría, en el caso de Venezuela, en una adscripción al Grupo Internacional de Contacto, que busca una vía de negociación.

 

Los objetivos pasarían por una solución pacífica del conflicto, una reducción del actual mandato de Maduro y una convocatoria a elecciones libres e internacionalmente garantizadas. La línea roja, en tanto, sería “la no injerencia de países extranjeros”, definición que tiene un subtitulado en castellano que dice “no a una intervención militar estadounidense”.

BOLSONARO, UN DESAFÍO. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, hizo ruido a fines de mayo al abogar por la reelección de Macri y al comparar a Cristina Kirchner con Luiz Inácio Lula da Silva, algo que, en sus términos, equivale a hablar del demonio mismo.

Como en el tema de Brasil y el Mercosur el post kirchnerismo es igual al kirchnerismo a secas, la idea será entablar la mejor relación posible con el brasileño.

 

 

Los especialistas que trabajan con Alberto Fernandez evalúan, sin embargo, que ha sido un error, inducido por Estados Unidos, el desmantelamiento de Unasur y, sobre todo, el del Consejo Sudamericano de Defensa. Toman nota, entonces, del acercamiento de Brasil al gobierno de Trump y, por ahora, cruzan los dedos.

El post kirchnerismo toma nota del acercamiento de Brasil al gobierno de Trump y, por ahora, cruza los dedos.

La tan mentada apertura del Mercosur a acuerdos comerciales con otros países y bloques, una idea compartida por Macri y Bolsonaro, por ahora espera la existencia concreta de socios dispuestos. Se sigue hablando de avances con la Unión Europea pero, más allá de que las últimas negociaciones, sobre todo en términos de apertura del mercado agrícola europeo a las exportaciones de la región, son consideradas insatisfactorias, el post kirchnerismo entiende que aquella voluntad difícilmente pase de lo retórico.

El contexto de un mundo más proteccionista hace que mirar otra vez a la región en términos de exportaciones industriales resulte un concepto adecuado a los tiempos que corren. 

Sin embargo, aun en este punto de continuidad entre el kirchnerismo conocido y el que acaso llegue, el camino es la avenida del medio. “Vamos a trabajar con los vecinos y a volver a poner énfasis en la integración, pero con menos carga ideológica”, prometen. Acaso esa sea una vía de acercamiento al ex capitán que gobierna en Brasilia.