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Por qué la furia de Clarín & Cia. escaló a niveles 2015. Fuego a discreción sobre los dos Fernández y lavandina al fracaso PRO. La bandera blanca, un colador.

Por 26/09/2020 14:13

Amigo como pocos de los medios y los periodistas hasta que llegó a presidente, Alberto Fernandez confirmó la semana última que crece su fastidio con las empresas de comunicación que exhiben cada día su poder de fuego. “Hay posiciones muy extremas, muy irracionales que vienen de la oposición. Creo que algunos medios están muy enojados con nosotros por otros motivos y no dicen la verdad, la tergiversan de acuerdo a sus necesidades empresariales”, dijo y habló de posturas que “no ayudan a la democracia” y la “maltratan”. Fue el miércoles, unas horas antes de que Santiago Cafiero chocara en TN con los conductores de “A dos voces”.

 

 

La cuarentena, la reforma judicial, la sublevación de La Bonaerense, el rechazo a los traslados de tres jueces designados por Mauricio Macri, el control de cambios y la recesión que impacta sobre las empresas y el empleo; todo agiganta las diferencias entre lo que se percibe desde la residencia de Olivos y lo que ven los dueños de los grandes medios y los principales formadores de opinión.

El enojo en Olivos es con los tres tanques de la comunicación, el Grupo Clarín, Infobae y La Nación, pero, sobre todo, con el holding de Héctor Magnetto por las dimensiones de su estructura.

Al lado del Presidente, dicen que hizo una mención al pasar después de que le preguntaran en Entre Ríos por los intentos desestabilizadores, pero admiten que Fernández ve un tratamiento de los temas muy poco objetivo en un “país quebrado” y con la “economía destrozada” por la herencia de Macri y la pandemia. Afirman que no se toma en cuenta que la situación sanitaria es de extrema gravedad, dicen que en otros países el sistema de salud voló por los aires y cuestionan a periodistas del prime time que llamaron a desoír la cuarentena desde el primer momento.

El enojo en Olivos es con los tres tanques de la comunicación, el Grupo Clarín, Infobae y La Nación, pero, sobre todo, con el holding de Héctor Magnetto por las dimensiones de su estructura, una cadena nacional del desánimo en circunstancias más dramáticas y contra el Alberto que abandonó el discurso empresario del panelista y volvió al útero materno del kirchnerismo.

La tensión va en ascenso. Para los medios que apostaron a la aventura de Macri en el poder, Fernández es rehén de su vicepresidenta, se mimetiza con ella cada vez más y no tiene un plan de salida para la crisis. Más aún, la cifra de muertos a causa del covid-19 y la caída del Presidente en las encuestas, según dicen, confirman que la postura crítica que asumieron de entrada era acertada. Dos directivos de empresas consultados por Letra P coincidieron en decir que a Fernández lo ven “mal enfocado” y señalan que, si la crisis es terminal, como muchos creen, no se entiende la agenda de la reforma judicial y los traslados de los jueces, más propias de “un país sin preocupaciones”.

 

 

LÓGICA INCENDIARIA. La polarización no impide que la balanza esté desequilibrada. Como voz oficialista, sólo C5N está a la altura del poder de fuego opositor que dispara en los horarios más vistos de TN, LN+ y A24. Desde la señal del Grupo Clarín admiten en su lenguaje que hay programas que están gobernados por la rabia antikirchnerista, pero insisten en que la pantalla muestra diversidad y hasta cuentan la satisfacción del gerente de Noticias de Canal 13, Carlos D’Elía, por el programa en el que Cafiero discutió con Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano. Ese día, en la mesa estuvieron sentados Hernán Lombardi en representación del macrismo y Victoria Tolosa Paz por el Gobierno.

En TN remarcan que perdieron audiencia con A24 y LN+, que dan batalla con voces que se paran a la derecha de todo. “No somos lo suficientemente talibanes”, afirma un gerente del Grupo y suena a lamento. Sin embargo, en Clarín niegan que hayan cambiado después del decreto que declaró a las telcos servicio público. Como prueba, citan incluso la nota de Letra P, publicada hace dos meses, que ya mostraba al Grupo con la cara pintada.

 

 

Sobre La Nación, en el oficialismo hay distintas posturas. Algunos advierten que el diario de Saguier resignó un producto que era mucho más cuidado, ya casi no se distingue de Clarín y perdió la ubicación algo más equidistante que tenía, por ejemplo, durante el debate por la ley de medios, como si aquella posición no hubiera rendido en audiencia y la línea jurásica reservada antes a los editoriales se hubiera expandido sobre el diario y el canal hasta tragarse casi todo. Los colaboradores de Fernández en Olivos, sin embargo, creen que es la postura ideológica de siempre y la consideran más transparente que la de Clarín.

 

 

La posición que va de la crítica a la agresividad contrasta con la infinita paciencia en los años traumáticos del endeudamiento vertiginoso, la inflación récord, la devaluación permanente y el cierre de empresas que marcaron el experimento del macrismo. Es un tono de combate exaltado que asusta a los habitantes de Corea del Centro. Por qué lo hacen es opinable, pero el factor principal es la sociedad que Fernández selló con CFK.

 

 

Viejos amigos del ahora presidente que militan en Clarín ven traicionada la promesa de ir al centro que aparece cada vez más difusa por la crisis; otros fingen que la mafia de Comodoro Py hizo justicia bajo la doctrina Irurzun y buscan impedir que la vicepresidenta salga del encierro judicial. Tal vez, haya quienes apuesten a forzar una crisis mayor con el anhelo de diluir el fracaso de Macri o de manera temeraria, sin ver que pueden ser arrastrados por la situación. Por encima o en paralelo a esas obsesiones, las empresas de comunicación ejercen hasta donde pueden su poder de veto y persiguen beneficios para el sector privado que muchas veces los incluyen con nombre y apellido.

A la hora de la transferencia de fondos, entre los dueños de los grandes medios opinan que Fernández es bastante “amarrete” a la hora del reparto. Dicen que el ATP los incluyó como a otras empresas, pero no fue una política para la industria, y repiten que el reparto de $3.000 millones de publicidad oficial que el Gobierno ya pagó casi en su totalidad incluye mil millones de la deuda que dejó Macri, delata el ajuste en las partidas y no ayuda a compensar el derrumbe de la pauta privada, estimada entre un 50 y un 60 por ciento.

 

 

PALADINO ES HISTORIA. Antiguos colaboradores de Néstor Kirchner recuerdan que bromeaba por la relación de actual presidente con Clarín y lo llamaba “Paladino” Fernández, por aquel delegado de Perón que terminó como representante de los intereses de Lanusse ante El General. Acusaciones al margen, algo era indudable: la alianza entre el primer kirchnerismo y el Grupo Clarín le debe mucho al exjefe de Gabinete. Sin embargo, Alberto no logró para su gobierno la tregua que ofreció hace poco más de un año en el MALBA.

Consultado por Letra P, un íntimo colaborador de AF dejó una frase de lo más gráfica: “Él fue con una bandera blanca y se la agujerearon a tiros”. 

Al Presidente lo recibió intacta la estructura de medios que militó por Macri y las mismas caras que abonaron la lluvia de inversiones y el fin del populismo hoy lo proyectan en el prime time camino al chavismo. Pese a que dedica largas horas a hablar en público y en privado con periodistas y formadores de opinión, perdió el predicamento que tenía como jefe de Gabinete, cuando recibía a los editorialistas en su despacho y Kirchner entraba después como parte de una estudiada sorpresa. En una situación de lo más compleja, con restricciones en todos los niveles, Fernández no logró hasta hoy una negociación con los factores de poder con los que mejor se llevaba. Aunque el borrador del contrato social incluía al amigo “Héctor”, el Presidente no pudo todavía sellar una tregua con esa maquinaria que cambió de nombres para enfrentar al kirchnerismo y quedó tildada en modo batalla.

El fracaso de Fernández como mediador con el Grupo se adjudica a factores opuestos a los dos lados de la polarización. Consultado por Letra P, un íntimo colaborador de AF dejó una frase de lo más gráfica: “Él fue con una bandera blanca y se la agujerearon a tiros”. El funcionario afirmó que a la comandancia del Grupo “se le nubla la inteligencia por el odio” a CFK y actúan como si ella fuera presidenta.

En Olivos, dicen que Magnetto perdió la ductilidad, no advierte el matiz y está dispuesto a “quemar las naves” y perder dinero en la confrontación, en una conducta “irresponsable y suicida”. Sea la crisis o sea el rencor, la falta de un entendimiento con el gran empresariado mediático muestra al oficialismo cada día a la defensiva. Salvo un giro imprevisto que siente a las partes para un armisticio, la tensión irá en ascenso con un cuadro social de lo más sensible y habrá que llegar a las elecciones de medio término para saber quién gana. Si es que no pierden todos.