X

Cepo al clamor y miedo al anticristinismo amigo

Fernández lucha contra la abstinencia callejera del peronismo. Los llamados de última hora para frenar caravanas y una preocupación central: que no falte CFK.

Fernández lucha contra la abstinencia callejera del peronismo. Los llamados de última hora para frenar caravanas y una preocupación central: que no falte CFK.

Por 15/10/2020 14:42

Este 17 de octubre, Alberto Fernández no quiere una movilización del pueblo peronista. Aunque el gobierno viene sufriendo desde hace meses la ofensiva de la oposición rabiosa y una parte del oficialismo piensa que es momento de recuperar la calle, el Presidente quiere mantener su política sanitaria en un contexto en el que las cifras de muertos a causa del covid-19 son alarmantes, Argentina bate récords a nivel global y no aparece el botón rojo que pueda frenar el avance del virus. Piensa que sería el peor final terminar el proceso largo de la cuarentena no sólo con malos indicadores, sino, también, con la dirigencia del Frente de Todos en la calle, en abierta contradicción con el discurso que durante meses hablaba de la necesidad de cuidar la salud y la ubicaba como prioridad absoluta. 

Fernández se lo transmitió a su gabinete y a su círculo más cercano, pero también se lo planteó al propio Hugo Moyano en el almuerzo que mantuvieron en la Casa Rosada, el martes último. Según dicen en Balcarce 50, la “caravana nacional” hacia el Obelisco que anunció Camioneros no fue el tema principal del encuentro entre el Presidente y el histórico jefe sindical. “Hablaron dos minutos y Alberto le dijo que no convenía en este momento”, confió a Letra P un funcionario del Gobierno al tanto de la conversación.

Fernández piensa que sería el peor final terminar el proceso largo de la cuarentena no sólo con malos indicadores, sino, también, con la dirigencia del Frente de Todos en la calle.

No sólo eso. En la reunión que tuvieron el miércoles -también en la Rosada-, el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, le dijo a Pablo Moyano y a Gustavo Vera que les pedía “en nombre del Presidente” que no convocaran a marchar. Sin embargo, por la tarde, Camioneros anunció que los gremios del Frente Sindical para el Modelo Nacional llamaban a trabajadores y compañeros peronistas a una “gran movilización nacional” en el 75 aniversario del Día de la Lealtad. La consigna es participar en autos, camiones, colectivos, taxis y motos “respetando el distanciamiento social y cumpliendo con los protocolos de prevención”. Después de eso, dicen desde Olivos, el propio Fernández se comunicó con Moyano padre para pedirle que no alentara la convocatoria.

Según coinciden en el albertismo nonato y las cercanías de Moyano, la movilización es producto de la intención de Pablo Moyano de diferenciarse de Héctor Daer y Los Gordos que fueron aliados de Mauricio Macri durante la aventura del empresario en la Casa Rosada y tiene que ver con la discusión interna dentro de la CGT en un momento en el que la crisis se profundiza y el ingreso de los pesificados sufre un ajuste profundo, pero no cosecha una adhesión mayor por lo menos al nivel de la dirigencia.

 

 

Apenas se conoció la caravana de Camioneros, el Gobierno comenzaron a desinflar expectativas. Aseguran que Ricardo Pignanelli, del SMATA, ya anticipó que no piensa sumarse y tiene decidido mantener la consigna de la movilización virtual. En línea con la doctrina que parte de Olivos, al lado de Fernández aseguran que el propio Máximo Kirchner le pidió a Mayra Mendoza que frenara la caravana convocada para el sábado al mediodía en Quilmes, algo que, sin embargo, según pudo averiguar Letra P, sigue en pie.

La línea del Presidente es tan contundente que hasta entró en contradicción con su amigo Enriqe Albistur, el gran propagandista del peronismo, que mandó a imprimir afiches para la convocatoria. El dueño del departamento de Puerto Madero que alquila Fernández no recibió un eco favorable, sino todo lo contrario. Según cuentan en la Casa Rosada, hasta el común amigo de los dos, Ginés González García, tuvo que llamar al exsecretario de Medios para que diera marcha atrás con la publicidad callejera y entendiera que la política sanitaria está primero.

 

 

STREAMING PERONISTA. El acto que prepara la central sindical surgió de una idea que Emilio Pérsico le llevó a Daer y cuenta con la adhesión de los movimiento sociales identificados con el peronismo gobernante. Fernández prepara su participación en el salón Felipe Vallese, donde lo acompañarán de manera presencial entre 35 y 40 dirigentes, entre sindicalistas, gobernadores y políticos. Además, Ignacio Saavedra -dueño del Centro Cultural C de Chacarita, donde festejó el Frente de Todos el año pasado- prepara una puesta en escena para el primer 17 de octubre 2.0, utilizando una plataforma diseñada por la productora de Javier Grosman, y piensa instalar un número sorprendente de pantallas gigantes a la manera de las que Sergio Massa inauguró en la Cámara de Diputados para las sesiones en pandemia.

La intención es que asista de manera virtual una parte de los 36 secretarios generales de la CGT, gobernadores, intendentes, movimientos sociales y una lista de invitados que excede la capacidad del lugar. Todo es parte de la misma directiva que recibieron los que trabajan en la organización: que el panperonismo no se movilice en la esfera pública y se conecte para los homenajes del movimiento que sobrevivió a su líder y atraviesa una de las horas más difíciles.

 

 

Ni siquiera las manifestaciones del lunes pasado que golpearon sobre la residencia de Olivos y la casa de Cristina Fernández de Kirchner lograron alterar el criterio de los colaboradores más estrechos del Presidente. “No tenemos que transformarnos en Patricia Bullrich. Todos queremos volver a las manifestaciones, pero el peronismo no tiene necesidad de demostrar que la calle le pertenece. Ahora la prioridad es la salud”, dicen los amigos de Fernández.

La gran preocupación de los organizadores que trabajan bajo las indicaciones de Olivos es lograr que Máximo Kirchner y, sobre todo, Cristina estén en el edificio de Azopardo. Fernández no quiere que el acto sea presentado como una demostración de fuerzas del peronismo no K.

Fue el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, el que pidió no movilizar en la entrevista con Radio Continental en la que aventuró en disquisiciones sobre las categorías de “pueblo” y “gente” en relación a la última marcha de la rabia opositora. Sin embargo, en las cercanías de Moyano interpretan que el Presidente esta vez no fue “tan contundente” como cuando, ante la sublevación de la Policía bonaerense, le puso freno público a la marcha que pretendía encabezar Juan Grabois. Fernández estaba dispuesto a responder sobre el tema en una de las entrevistas recientes que le dio a uno de sus periodistas amigos, pero finalmente la pregunta no llegó. Si la marcha del sábado es masiva y sale bien, tal vez el profesor de Derecho Penal se sienta fortalecido y quede como beneficiario de un operativo clamor que lo desbordó.

SIN CRISTINA NO SE PUEDE. De todas formas, como contó Letra P, la gran preocupación de los organizadores que trabajan bajo las indicaciones de Olivos es lograr que Máximo y, sobre todo, Cristina estén presentes en el viejo edificio de Azopardo. En las últimas horas, Daer incrementó el lobby con el envío de emisarios que buscan garantizar la presencia de la vicepresidenta y de su hijo. Por supuesto, no se trata de un giro ideológico del sindicalista de Sanidad que responde a Carlos West Ocampo y pasó por las filas massistas y randazzistas. La orden es del Presidente, que no quiere que el acto del sábado sea presentado como una demostración de fuerzas del peronismo no kirchnerista y pueda ser leído en contraste con los homenajes a Néstor Kirchner que se preparan para el 27 de octubre, a diez años de la muerte del expresidente.

Promotor permanente del “todismo”, Fernández tiene como meta fundamental impedir que los tanques de la comunicación aliados a Macri conviertan el Día de la Lealtad en la prueba irrefutable de que el oficialismo está dividido y el 17 de octubre quede como muestra de un peronismo sin los Kirchner. Eso finalmente convertiría en signo de debilidad lo que se pensó como un acto para empoderarlo.