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Recorre municipios como una vecina de a pie intentando quitarse el traje de gobernadora. Lleva el mensaje del “más no puedo hacer” y tira la pelota a la Casa Rosada. Llanto y algo más.
Por 11/09/2019 10:28

Intentando quitarse el traje de gobernadora y en modo vecina de a pie, María Eugenia Vidal activó la campaña a octubre con recorridas a municipios especialmente seleccionados sin más compañía que su director de prensa, Gastón Liñeira, encargado de custodiarla, y eventualmente su hombre de confianza, el subsecretario de Asuntos Municipales, Alex Campbell. Si el distrito que visita es oficialista, también la acompaña el intendente.

La campaña para las generales de octubre aleja a la gobernadora del presidente Macri y de la responsabilidad de la crisis y la consecuente derrota electoral.

En su nueva rutina, tras la derrota en las PASO donde quedó a 17 puntos de su adversario directo, Axel Kicillof (Frente de Todos), las visitas se realizan sin hacer anuncios previos, son de corte bien territorial y despojadas del aparato habitual de gobierno. Incluyen, como no había sucedido hasta el momento, la aceptación de una plaza de vidalistas autoconvocados y un llanto extendido en público.

También, la confirmación de su distanciamiento con el presidente Mauricio Macri, y la estrategia de poner las dos mejillas ante los bonaerenses que visita de manera algo espontánea, o ante quienes la interceptan durante sus recorridas. La estrategia adaptada a los nuevos tiempos dentro de la alianza gobernante incluye direccionar de forma indirecta las responsabilidades de la crisis y del resultado electoral hacia la Casa Rosada.

“Todo lo que yo pude hacer desde la provincia ya lo hice, no tengo más herramientas porque si no las usaría para ayudar”, le dijo el viernes 6 de septiembre al presidente de la Sociedad Comercio e Industria de Junín, Raúl Parejas, un dirigente votante de Cambiemos.

 

(Video gentileza del portal Junín24.com)

 

“Pero si la economía no arranca es muy difícil. Si la gente no recupera su capacidad de consumo es muy difícil”, remarcó la mandataria, en un tiro por elevación a las medidas económicas decididas por el presidente Macri, a quien evita nombrar directamente durante las recorridas.

Ubicada en el corazón sojero del noroeste bonaerense, Junín es uno de los distritos PRO que la gobernadora quiere salvar de una derrota. Al igual que otros vidalistas, el intendente Pablo Petrecca obtuvo la mayor cantidad de votos en las PASO pero perdió contra la sumatoria de la interna peronista.

DE A PIE. “No sé cómo decirte, si gobernadora o María Eugenia…”, dudó de forma respetuosa el juninense Parejas. “María Eugenia”, le contestó sonriente la mandataria.

El ejemplo se repitió días antes en otras comunas visitadas y se proyecta como el nuevo formato que muestra Vidal camino a octubre. Despojada de todo, hasta de su cargo, la gobernadora busca reeditar la campaña de 2015, cuando no era conocida e incluso, al menos en la primera etapa, tenía un nivel de aceptación menor al de su jefe Macri.

 

 

Tras las PASO, Vidal abandonó la compañía del Presidente, el formato de escenario 360 y las reuniones concurridas y difundidas por las redes. Su ascetismo llegó al punto de esquivar la presencia de sus aliados de Cambiemos, a quienes no se informa de la llegada de la mandataria. Esta decisión provoca algunos reproches, sobre todo de los radicales, aunque hasta el momento solo en ámbitos reservados.

Vidal elige barrios tradicionales de los municipios que camina y también el centro comercial, donde recibe la mayor cantidad de cuestionamientos. Su orden es no espantar a nadie, ni siquiera a aquellos que se acercan para increparla, como sucedió en San Fernando, cuando un grupo de personas le realizó un escrache mientras recorría las calles comerciales y se reunía con algunos vecinos en el bar cercano a la municipalidad.

Testigos eventuales de sus recorridas cuentan que la mandataria resiste con cara inexpresiva las críticas y hasta los insultos; a todo responde con una sonrisa y una mano en alto –casi como un acto reflejo.

 

 

LA PLAZA DEL SÍ, SE PUEDE. Por primera vez, y aunque existían algunas dudas al respecto, Vidal aceptó la convocatoria en su honor que se hizo el pasado domingo 8, el día de su cumpleaños, en la plaza principal de Morón, el municipio donde reside y donde es intendente su ex marido Ramiro Tagliaferro.

Este distrito de la Primera sección es uno de los anotados en la lista de prioridades para la campaña. Allí fueron derrotados en agosto el propio Tagliaferro -contra el ex jefe comunal del kirchnerismo Lucas Ghi-, Vidal y Macri.

Ante una plaza colmada de votantes del cambio, Vidal eligió esquivar el balcón de la municipalidad y el discurso político para acercarse a la gente, llorar de emoción y dar las gracias. Con una valla de contención de por medio.

 

 

LO QUE VIENE. Vidal encara una campaña atípica, más focalizada en su futuro 2020 y en perder por el menor porcentaje posible. En ese proceso, eligió personalizar al extremo su estrategia, volver a sus inicios, despegarse del aparato de gobierno y mostrar un mensaje de esperanza, aún sin “herramientas”, como ella misma reconoce, para resolver la crítica situación.

Algo de eso cuenta en las charlas puertas adentro y de escasos participantes que ofrece en algunas de sus recorridas, especialmente con jóvenes y con votantes que se ofrecen de fiscalizadores. En esos encuentros la mandataria retoma el discurso motivador, y alienta a través de su propia historia política la tarea militante de sus voluntarios.

En esta nueva lógica de salvar lo que se pueda, Vidal “autorizó” a sus jefes comunales, de todos los partidos que integran Cambiemos, a municipalizar todo lo que haga falta la campaña, con el objetivo excluyente de sostener el territorio.

Finalmente, la mandataria sabe que si entrega el mando en diciembre precisará la mayor cantidad de comunas para sostenerse como jefa de la oposición.