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Buenos Aires me mata

“Yo soy la que está peor de todos”, dice la estrella del PRO, 18 puntos abajo y sin ballotage. ¿Dónde irá a parar si se apaga en octubre? ¿Más provincia o retiro porteño? Larreta, ¿socio o adversario?
Por 24/08/2019 10:51

Aunque lo mejor es ni pensarlo, el ejercicio es inevitable. María Eugenia Vidal persigue una hazaña mayor a la que se proponen Mauricio Macri, Marcos Peña y los creyentes Defensores del Cambio. La gobernadora de la provincia de Buenos Aires tiene que remontar una diferencia que parece imposible en el territorio madre de todas las batallas, el que más pesa y peor juzga al Presidente y al gobierno de Cambiemos.

Vidal no sólo debe enfrentar a un Axel Kicillof que la superó por alrededor de 18 puntos y obtuvo el 50% de los votos en el bastión de Cristina Kirchner. Además, lo debe hacer sin el beneficio del ballotage que mantiene encendida una luz de ilusión en el primer piso de la Casa Rosada. 

La gobernadora les bajó a sus ministros la misma consigna que trafica la Casa Rosada: ir a pelear por la victoria que asoma inalcanzable. “Yo no hago campaña para perder”, les dijo.

Después de ser mencionada como el Plan V que podía salvar al oficialismo nacional de una derrota, con la mejor imagen dentro de la alianza gobernante y una de las más altas entre la dirigencia política, Vidal se encuentra de repente a punto de cerrar su ciclo de manera abrupta. Con un diagnóstico opuesto al de Macri y Peña, la gobernadora les bajó a sus ministros la misma consigna que trafica la Casa Rosada: ir a pelear por la victoria que asoma inalcanzable. “Yo no hago campaña para perder”, les dijo.

Hasta el 27 de octubre, ese será el objetivo público, no contradictorio con el de sacar el mejor resultado posible en función de preservar la mayor representación en la Legislatura bonaerense y en los 135 municipios de la provincia.

Como contó Letra P, la gobernadora cerró su discurso en la República de los Niños con una consigna que la obliga al sacrificio y anuncia un compromiso para los próximos años: “Voy a seguir haciendo política en la provincia”. Un destino incierto y, al mismo tiempo, un recurso cantado. “Lo dijo porque ya hay gente que piensa que se va a ir a lo Ruckauf”, afirman desde el peronismo que hasta hace no tanto la acompañaba. “Lo primero para pensar en 2020 es ver el resultado de octubre. Una cosa es que logre recortar la distancia de manera importante y otra es que pierda por una diferencia igual o mayor”, apuntan los que circulan con poco ánimo entre La Plata y el Museo Ferroviario.

Consultados para esta nota, al lado de la gobernadora no dan precisiones. “Lo de los cargos se verá más adelante. Pero quiere seguir en la provincia, tiene un compromiso. Lo dice y lo cree”, aseguran y no pueden, por supuesto, asomarse más en público a un futuro a la intemperie. Lo que no aparece claro es cómo hará Vidal para continuar su carrera en la provincia después de una derrota en octubre, que pegó como un balde de agua helada en los que la creían salvada del voto castigo.

 

 

A LO MASSA. Cinco dirigentes del macrismo que conocen bien la provincia cruzaron especulaciones ante la consulta de Letra P. Los ministros de la gobernadora anuncian un futuro, los intendentes y los legisladores especulan con otros. Los funcionarios del gabinete coinciden en que, si los resultados de las PASO se repiten, viene un camino de abnegación en el territorio que hoy gobierna, como eventual jefa de la tropa legislativa y de intendentes.

Sería la primera vez en que Vidal se abriría a un período largo fuera de la función ejecutiva, el ámbito que le permitió crecer en política. Se toparía de repente con una cuesta empinada como la que enfrentó Sergio Massa a partir de 2013 y, sobre todo, a partir del declive de 2015 y 2017: en busca de ser el centro sin un territorio propio, obligada a intervenir con una personalidad más fuerte sobre la coyuntura de manera permanente para no perderse en la intrascendencia.

 

 

Baqueanos bonaerenses descreen del vinculo mágico que María Eugenia edificó con el pueblo de la provincia y que acaba de ser puesto en cuestión. Recuerdan que también Daniel Scioli se creía portador de un don que lo convertía en un actor no perecedero de la política, debido a su vínculo con “la gente”. En las PASO, se confirmó la brecha entre la buena imagen que puede tener la gobernadora y el voto de una población que está enojada, arde con las esquirlas de la recesión y no llega a fin de mes. Lo que se percibía en los focus group e incluso el buen trato que Vidal puede recibir en algunos contactos con la calle no alcanzó en las primarias para borrar una gestión y una campaña que están atadas a un gobierno que empeoró el nivel de vida de las mayorías.

La comparación con el ex intendente de Tigre, socio principal de la gobernabilidad y el reparto de cargos en los cuatro años de Vidal en la provincia, estimula a algunos en el vidalismo. Con mucho menos poder que el que retendrá el PRO en la Legislatura, Massa se constituyó como actor importante más allá de la General Paz. Pero, aún con su dedicación full time a la política, debió hacer un esfuerzo importante y su camino terminó de regreso al cristinismo.

La Vidal que anuncian la gobernadora y sus ministros deberá primero buscar casa para vivir y después reinventarse en 2020 para recorrer una larga travesía desde el llano. Después, podría ser candidata a diputada en 2021 y volver a pelear por la gobernación en 2023 en un distrito donde el no peronismo siempre tuvo dificultades para penetrar. Para eso, falta una eternidad. Si Macri y Vidal pierden en octubre, la gobernadora tendrá que empezar a hacer la autocrítica pública y ya no podrá hablar como socia del todavía presidente: deberá diferenciarse en serio, lo que no pudo en estos cuatro años.  Si Larreta choca con la derrota en la Ciudad, el escenario maldito que el macrismo no quiere ni pensar, Vidal puede quedar como la mejor cara, por lejos, para empezar de nuevo en el espacio no peronista.

 

 

LARRETA SIEMPRE ESTÁ. Por fuera del círculo de extrema confianza de la gobernadora, donde pesan Federico Salvai y sus funcionarios de mayor confianza, se abren a más de un escenario posible.

Algunos consideran que la chica de Flores tiene la posibilidad de liderar el espacio del macrismo sin Macri, como le pedían hasta hace unos meses el Círculo Rojo y los mercados. Pero eso la obligaría a dar pie a un batalla desigual con un Horacio Rodríguez Larreta -mezcla de jefe y hermano mayor- que la sumó a la política y se supone reelecto en la Ciudad. La otra es la que más adherentes cuenta, un regreso al escenario porteño como actriz estelar de la película nacional que proyecta el sucesor de Macri. En ese caso, que el vidalismo niega, se alejaría de la provincia casi como de un mal recuerdo.

 

 

“Me la imagino descansando con sus hijos por un buen tiempo y, después, trabajando donde Horacio la necesite”, le dijo a Letra P un intendente de Cambiemos en la provincia. Están, incluso, los que ya fantasean con una eventual jefatura de gabinete en la Ciudad, pero lo hacen porque no la ven al margen de la función ejecutiva.

Al lado de Vidal descartan que vaya a ser funcionaria del Gobierno de la ciudad, aunque reconocen que va a seguir trabajando “políticamente” con el alcalde. Durante cuatro años, fueron los únicos dos accionistas del PRO con votos propios y capacidad de influir en la discusión nacional ante la línea dura del optimismo que impuso Peña. Sus destinos están atados, pero ya se sabe: en los tiempos del optimismo dorado, todos -incluido Macri- se imaginaban reelectos y adelantaban una batalla intestina por la sucesión en 2023, entre Horacio, María Eugenia y Marcos. También en ese punto, se abundó mucho en lo que hoy nadie recuerda. El horizonte de cuatro años y más se achicó con el ajuste y la derrota; ahora sólo se puede pensar en lo que puede pasar en los próximos 60 días.

 

 

PURO SACRIFICIO. Vidal llega a las generales sin el ballotage que tiene Macri y cargada de reproches contra un núcleo de acero que no le permitió adelantar las elecciones y la dejó atada al Presidente. Después de la hazaña de 2015 en el territorio blindado del peronismo, le encomendaron un nuevo milagro y, con cuatro años de evidencias sobre la mesa, no funcionó. Esta vez fue imposible arrimar siquiera el asombroso corte de boleta que obtuvo contra Aníbal Fernández, en un tiempo todavía virginal para ella en la política. 

Comparada con la gestión de Scioli, lo que más hubiera querido su círculo íntimo, la gobernadora dio algunas peleas como la del Fondo del Conurbano y logró un éxito importante en tiempos de gradualismo financiado con deuda. Cuando el hechizo se rompió, empezó a perder parte de lo que había recuperado presionada por la Casa Rosada. Muchas de sus iniciativas, como también las de Larreta, murieron en el primer piso de Balcarce 50. Hay algo, sin embargo, en lo que Vidal no se equivocó y resume su rencor en una frase que le pertenece: “Yo soy la que está peor que todos”.