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“Voy a volver a unir a los argentinos”

Letra P pasó dos días con el candidato presidencial del peronismo. Lo vio en la cancha y detrás de escena. Y habló de todo en un mano a mano a fondo. Retrato de un hombre que quiere gobernar el país.
Por 21/07/2019 12:42

Son casi las nueve de la noche. Alberto Fernández cierra su segundo día de recorrida en Córdoba, la tierra más hostil a su compañera de fórmula, donde el candidato a presidente por el Frente de Todos fue a buscar los votos que no tiene. El hotel Luxor de Carlos Paz está lleno. Sobre el escenario, sentado en el centro de la primera fila de sillas, el ex jefe de Gabinete escucha al senador nacional Carlos Caserio, enfrentado desde hace más de una década con el kirchnerismo, elogiar frente a la platea la "decisión histórica y generosa" de Cristina Fernández de Kirchner de proponerlo como candidato a presidente y pedirle al peronismo cordobés: "Confiemos en Alberto y Cristina".

Las luces apuntan a Fernández, durante décadas el armador político, hacedor de campañas, funcionario, puente de diálogo, mano derecha, organizador, operador, hombre orquesta de gobiernos, siempre abogado -con estilo formal de abogado-, profesor universitario, en un abrir y cerrar de ojos devenido candidato presidencial, puesto en el centro de la escena, convertido en esperanza del PJ unido para vencer a Mauricio Macri, ahora destinatario de los dedos en V de aliento, súbito receptor de pedidos de fotos, abrazos y fervor popular kirchnerista, nuevo protagonista de spots, también blanco de todas las críticas y el filtro a través del cual el peronismo antikichnerista digiere una boleta que lleva a CFK como candidata.

Fernández se acomoda en el atril. Sin papeles, machetes ni ayuda memoria, con lo poco que le queda de voz, improvisa un discurso como el que tantas veces pensó para otros. Apela al recuerdo de José Manuel de la Sota, exalta el cordobesismo, admite desencuentros, apunta al corazón. Le propone a Córdoba un "nuevo contrato", una vuelta de página, una victoria de todos. El peronismo cordobés se entusiasma. Un intendente ya empieza a pensar en la segunda visita. Sus colaboradores aprueban al costado del escenario. "Alberto encontró el tono, vamos a ganar".


 

 

"Soy un político. No soy operador. Soy un político que trata de construir mayorías. Me puse en la cabeza construir la unidad y lo logré. En algún momento, las circunstancias hicieron que creyeran que yo era el mejor candidato para esta instancia porque era el único que podía construir y consolidar esa unidad, contar con la confianza del conjunto y, para el futuro, construir un gobierno de puertas abiertas. Eso es lo que objetivamente soy. Eso es lo que escribieron todos estos años, hasta que fui candidato y empezaron a escribir lo contrario. Eso no lo entiendo. Pero es lo que objetivamente soy. Todas esas son características mías. Ni siquiera son cualidades. Son características que hicieron pensar que yo podía ser mejor opción".

"Vivo la campaña con mucha tranquilidad, al contrario de lo que algunos escriben y dicen. Estoy muy tranquilo, cero estrés."

Fernández se acomoda en un asiento de la séptima fila de la combi que toma la ruta que une Carlos Paz con la capital provincial. Viaja junto a sus colaboradores más cercanos. Su mano derecha en la campaña, Santiago Cafiero; su vocero, Juan Pablo BiondiMiguel Cuberos, organizador de las "bajadas" al territorio; el líder del Movimiento Evita, Fernando "Chino" Navarro, y el pequeño equipo de prensa y fotos que lo sigue a sol y a sombra. Es sábado a la mañana y el candidato habla en exclusiva con Letra P en el regreso a Buenos Aires, después de una intensa gira de 48 horas por Córdoba que selló el principio de reconciliación de la boleta Fernández-Fernández con una parte del peronismo cordobés.

Aún en la vorágine, dice que no padece la campaña. Tampoco hay sensación de tensión en su entorno. Fernández no lo transmite, no dramatiza. "Lo vivo con mucha tranquilidad, al contrario de lo que algunos escriben y dicen. Estoy muy tranquilo, cero estrés", afirma.

La noche anterior, después del discurso en Carlos Paz, brindó por el encuentro con Caserio, su equipo y varios dirigentes peronistas. Agradeció el esfuerzo, mostró un gesto de alivio, se fue a dormir confiado. "Córdoba es un distrito que no ha sido cercano a nosotros en las últimas elecciones, pero los cordobeses sufren como todos los argentinos, los mismos problemas que todos. Percibí mucha voluntad, mucho deseo de cambiar esta historia. El afecto y el cariño de la gente fue muy claro y eso da mucha confianza, lo valoro mucho. Entre todos vamos a hacer que Córdoba reflexione".

 

Fernández y Massa, su ladero permanente en la primera parte de la gira por Córdoba.

 

-¿Su candidatura le subió el techo al espacio que tenía con Cristina?

-Todo indica que sí. Cuando salió mi propuesta de candidatura, Alternativa Federal era una realidad, ahí había un grupo de gobernadores y en ese momento todos adhirieron. Hoy en día, hay 17 gobernadores que me están apoyando. Todo el sindicalismo y todos los intendentes se alinearon detrás de mí y se sumó Sergio (Massa). El espacio definitivamente creció. 

-¿Qué cree que aportan o para qué sirven las fotos con dirigentes que se hacen en campaña? ¿Se traducen en votos?

-Se traducen en apoyo y en capacidad militante de movilización, básicamente. El voto ciudadano es bastante más autónomo de las estructuras. Pero las estructuras movilizan militancia, permiten que la propuesta esté en la calle, esa es la utilidad que tienen.

-¿Coincide con el Gobierno en que esta es la elección más importante desde 1983?

-Sí, es cierto. Se debaten dos modelos de país muy claros. El país que creó este gobierno, con estas tasas de desocupación, 4.200.000 más pobres, donde caen 43 empresas y comercios por día, que se endeudó de un modo increíble, como nunca sospechamos que podía hacerse en tres años, y el país de los que creemos que Argentina debe recuperar el trabajo, que todos tienen que tener salarios dignos, que debe recuperar la autonomía para resolver su política económica, que hay que sacar de la pobreza a los que cayeron en la pobreza... de los que creemos que hay que dejar de maltratar de los jubilados, recuperar la clase media. Esa es la disyuntiva. 

 

 

Massa irrumpe el viernes 18 en la recorrida de la fábrica de laminados Favicur. Sonríe para las fotos, se abraza con los trabajadores, reparte saludos, levanta el tono, pide el voto, hace chistes, quiebra el aire más solemne con su informalidad, se dedica a convencer, se mueve a sus anchas en su cuarta campaña como candidato. No es el protagonista principal, pero enseguida acapara la atención, aunque nunca desvía el eje discursivo. "El 11 de agosto y el 27 de octubre se discute si en Argentina hay trabajo o cierran fábricas", sentencia, sin anestesia, ante directivos y obreros.

Por las vueltas de la política, Massa terminará, más tarde, sentado junto a su ex jefe de campaña pidiendo por primera vez en público el voto para una fórmula que también incluye a Cristina. "El sueño de la Córdoba pujante lo representan Alberto y Cristina", dirá después de recorrer junto a Fernández una fábrica y visitar la obra del sacerdote Mariano Oberlin y compartir, entre bromas y anécdotas, charlas sobre estrategias de campaña, números y encuestas, en la combi que los traslada de un lado a otro de la capital cordobesa junto al equipo de campaña. Massa no escatima: "El hombre para este momento de la Argentina es Alberto".   

 

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A 1.100 kilómetros de distancia, en simultáneo, Cristina presenta su libro "Sinceramente". Les pide a los argentinos que se "abstraigan" y recuerden, a la hora de votar, "cuándo vivían mejor". En lo que va del día, habrá hablado varias veces con su compañero de fórmula, con quien está en comunicación permanente, de manera personal cuando están en Buenos Aires y por teléfono cuando recorren distintos puntos del país.  

-¿Está conforme con el rol de Cristina en la campaña?

-Sí, me parece muy bueno.

-¿No es un poco lateral para alguien como ella?

-Es una candidata a vicepresidenta. Yo nunca vi una campaña en la que el candidato a vicepresidente esté a la par del (postulante a) presidente. Cristina es una candidata muy importante, con un caudal de votos importante. Dicen que se oculta en la campaña, pero la verdad es que, cada vez que aparece, hace actos ante 10 o 15 mil personas. Son actos que nadie hace. A mí no me gusta correr detrás de esas definiciones, porque son falsas. 

 

 

En el tambo y fábrica de lácteos La Ángela, en Villa María, Fernández escucha junto al intendente Martín Gill que el consumo de leche está en 170 litros por habitante al año, por debajo del mismo número de 2001. El panorama que trazan tamberos y voceros del campo es alarmante. "¿Escuchaste? Esto pasa en todos lados", se dirige el candidato a presidente a esta cronista.  

-¿Cree que, en caso de ser electo, va a encontrar un país similar al de 2002/2003?

-Peor. Porque la Argentina está en default como entonces, tiene una situación de pobreza creciente, absolutamente irresuelta.

-Técnicamente no está en default.

-Es un default simulado o tapado por los aportes del Fondo. Si el Fondo no le diera a Macri la plata que le da, que solo ha servido para fugar divisas, hoy la Argentina estaría en default. El escenario es un poco peor, porque en ese momento no teníamos un elemento que ahora tenemos, que es una inflación galopante. Inclusive el déficit fiscal de la Argentina es peor: supera los seis puntos.

 

-¿Ya tiene resuelto quién sería su ministro de Economía?

-Todos los días leo en los diarios quién sería mi ministro de Economía.

-Por eso le pregunto, ¿tiene un nombre definido?

-No. Tengo mucha gente trabajando en economía, no sé quién de todos ellos podría ser.

-¿Qué sería lo primero que habría que hacer con la economía?

-Ponerle plata en el bolsillo a la gente.

 

-Tanto el déficit como la pobreza y la inflación son tres problemas que se agravaron, pero que el Gobierno heredó del kirchnerismo.

-Cuando asumió Macri, yo decía que Cristina había dejado tres problemas en la economía: el déficit fiscal, el cepo y la inflación. Eso decía siempre. El déficit fiscal que le cuestionaba a Cristina era de 1,8, ahora estamos en seis puntos.

-Habla del déficit primario.

-También considero los intereses de Cristina. El 1,8 no era el déficit primario de Cristina, era el total. Ahora son 6,5 puntos. La inflación era de alrededor del 26% y hoy es 52 o 53%. El cepo, cuando Macri quiso arreglarlo, lo hizo del peor modo. Lo liberó de la noche a la mañana y ese año desató una inflación de 40 puntos. ¿Y cómo resolvió el faltante de dólares? Tomando créditos. Y así construyó una deuda que hoy representa el 95% del PBI. Es definitivamente desastrosa la gestión económica de Macri.

-Si la situación es peor que la de 2001, ¿por qué no hay un estallido social?

-Hay dos cuestiones que explican la paciencia de la gente. La primera es que, en su memoria colectiva, los argentinos tienen la sensación de que aquella experiencia fue muy nociva y efectivamente lo fue. Además, hay una contención muy grande de intendentes y gobernadores, que son centrales en todo esto. Si los intendentes y gobernadores no se hubieran puesto las pilas para contener las demandas sociales, todo sería mucho más grave. Y la segunda es que el Gobierno ha puesto mucho dinero para que la gente sobrelleve la situación. Eso no es una crítica, es una descripción, porque bienvenido sea que la situación social se contenga. Pero está contenida, no está resuelta, ni cerca.

-Se refiere a planes sociales y aumento de la Asignación Universal por Hijo.

-Exactamente.

-Que suelen ser una crítica del discurso del votante macrista hacia el peronismo.

-Es que hoy en día Macri tiene el doble de los planes sociales de los que dejó Cristina. Eso se explica por el aumento de la pobreza. Lo inexplicable es que digan que está todo bien.

"Mi programa no va a ser el del Fondo y el Fondo ya lo sabe. Si quiere cobrar, así no va a cobrar nunca y ya lo sabe. Vamos a hacer un plan que reactive la economía." 

-¿Ya tiene resuelto quién sería su ministro de Economía?

-Todos los días leo en los diarios quién sería mi ministro de Economía.

-Por eso le pregunto. ¿Tiene un nombre definido?

-No. Tengo mucha gente trabajando en economía, no sé quién podría ser.

-¿Qué sería lo primero que habría que hacer con la economía?

-Ponerle plata en el bolsillo a la gente.

-¿De qué manera se hace eso si por el momento está sujeto a un plan económico como el del Fondo Monetario Internacional?

-Pero mi programa no va a ser el programa del Fondo y el Fondo ya lo sabe. Si el Fondo quiere cobrar, así no va a cobrar nunca y ya lo sabe. Sabe perfectamente las dificultades que va a tener. Lo que vamos a hacer es un plan que reactive la economía. Hay que salir del desastre que ha hecho Macri con el consumo. Para mejorar el consumo, hay que mejorar el ingreso de la gente. Eso se hace volviendo a poner en marcha las paritarias y mejorando el ingreso de los jubilados.

-Va a tener que poner plata el Estado y eso va a agudizar el problema del déficit.

-Seguramente, el Estado tendrá un rol más activo que el que tiene hoy. Pero con 6,5 puntos de déficit, el problema ya es lo suficientemente grave. Al déficit hay que reducirlo generando más ingresos, no restringiendo gastos. El otro día hablando con (Juan) Schiaretti me contó que recibe 11 meses de coparticipación en lugar de 12. ¿Por qué? Porque la inflación y la falta de consumo hacen que su ingreso se caiga drásticamente. 

 

 

-Ya que menciona la coparticipación, los gobernadores dicen que durante la administración de Macri ganaron autonomía. ¿Le plantearon ese tema?

-Ganaron autonomía, pero no por Macri, sino por un fallo de la Corte. Y está bien, estoy de acuerdo con eso. Estoy convencido de que esta Argentina concentrada en Buenos Aires hace mucho daño. No tenemos que seguir viviendo así.

-¿El kirchnerismo no contribuyó a eso?

-Sí, fue un error. Por eso, cuando me preguntan qué aprendí como jefe de Gabinete fue eso, que decimos ser un país federal pero en verdad no lo somos. Somos un país que se concentra absolutamente en el Puerto y ha postergado año tras año el desarrollo de las provincias y llegamos a un momento en que no podemos seguir igual. Necesitamos que las provincias se desarrollen y pueden contener a sus habitantes. Para eso, hay que revisar toda la estructura económica de la Argentina. Hay que ver el modo en que las provincias cordilleranas tengan acceso rápido al Pacífico, hacer la inversión de obra pública que les permita generar mejores condiciones de vida para el norte del país. No es negocio para nadie que la gente del norte, del sur o de cualquier lugar piense que tiene un futuro en Buenos Aires que no tiene. Ya nos desayunamos una mañana sabiendo que hay siete mil personas que deambulan por las calles y se mueren de frío.

-¿Cree que el sistema previsional es sustentable tal como está?

-El sistema jubilatorio merece dos análisis. El primero es ver por qué llegamos a este punto en el que se ha vuelto poco sustentable. Eso pasa porque el Gobierno lo desfinanció, usando el sistema del Fondo de Garantía de Sustentabilidad irresponsablemente y porque, como consecuencia del desempleo, mucha gente dejó de aportar. El Gobierno cree que tiene que ir ajustando el sueldo de los jubilados para hacerlo viable, como le gusta decir. Pero a los jubilados no se les puede exigir más nada, están en una situación caótica.

"El coaching finalmente es el control de la personalidad. Sirve para que uno pueda, en momentos límites, fingir lo que no es. Y yo no quiero fingir nada. Para eso lo tenemos a Macri y así nos fue."

-Hay un discusión sobre el mundo del trabajo, debido al avance de la tecnología. ¿Eso merita una reforma laboral?

-Gran parte de esas cosas que tienen que ver con los avances tecnológicos se han ido resolviendo en convenciones colectivas. Gran parte de los convenios colectivos fue adaptándose a esa nueva realidad.  

-¿Quiere decir que no es necesario modificar la Ley de Contrato de Trabajo?

-Para nada. El Gobierno quiere hacer la reforma laboral porque dice que tiene un costo muy alto que le quita competitividad a la Argentina. La realidad es que el trabajo es costoso porque la economía no produce. Entre 2003 y 2008, cuando nosotros gobernamos con Néstor (Kirchner), teníamos estas leyes laborales, y aún más duras, por ejemplo la doble indemnización. Sin embargo, creamos cuatro millones y medio de empleos. ¿Por qué si era tan costoso? Porque la economía creía al 8%. El secreto es que la economía crezca.

-El jueves Macri estuvo en la Bolsa de Comercio, recibió un respaldo muy importante.

-Porque trabaja para ellos y no para la gente. Hay un candidato del FMI, de los que especulan en la Bolsa y hay un candidato de la gente. Es absolutamente razonable, son los intereses que defiende Macri.

-Se especula mucho sobre cuál podría ser la reacción de los mercados si el Frente de Todos ganase las PASO. ¿Qué cree?

-¿Hoy cuánto valen los bonos argentinos en el mundo? Nada. Porque todos saben que Macri no puede pagarlos. El problema no somos nosotros o que podamos ganar, el problema es Macri.  

-Aún así, ¿por qué cree que sigue teniendo tanto apoyo en la sociedad?

-Porque el antiperonismo existe, simplemente. Y quienes acompañan a Macri tienen un enojo muy grande con el peronismo. Le atribuyen al peronismo algunas cosas que el peronismo no ha hecho pero que ellos sienten, y otras que tal vez el peronismo hizo y que debería revisar y corregir. Pero centralmente es el odio al peronismo.

 

 

Antes de partir rumbo a Villa María, Fernández pasa por Cadena 3. Es la radio más escuchada de Córdoba y también en varias provincias vecinas. Lo esperan el periodista Mario Clariá y el conductor Mario Pereyra, ferviente admirador de Macri.

Pereyra lo interroga. Fernández le pide que al menos explicite ante la audiencia que le pregunta como opositor a él y no como periodista. Clariá deja de intervenir. El aire de vuelve tenso. El conductor lo trata de "mentiroso". El candidato a presidente pierde rápido la paciencia. "Veo por sus gestos que usted no simpatiza conmigo. Pero por lo menos disimúlelo. Igual le voy a contestar todo", dice. Como en otras ocasiones, el temperamento lo traiciona.

 

 

Entre golpes cruzados, alcanza a sacarle una a favor. "A mí nunca nadie me endilgó una causa por corrupción, nunca un juez me citó a declarar en una causa por corrupción, nunca nadie me acusó".  "Eso es cierto", concede el conductor.  

Sobre el cierre, Pereyra lo acusa de formar parte de "un partido que le ha robado al país permanentemente". "Yo le puedo contestar todo, no hay problema", apura Fernández. "Sí, es profesor", pega el conductor. "No, porque no miento", devuelve el candidato. "Lo despido. Espero poder entrevistarlo periodísticamente", cierra Clariá.

La entrevista es un mal trago, pero aparecía dentro de las posibilidades. La búsqueda permanente del voto no asegurado obliga a pisar territorio adverso. Fernández se somete otra vez a las entrevistas con periodistas que no simpatizan con el kirchnerismo y ni siquiera con el peronismo. A diferencia de los candidatos del oficialismo, sale de la zona de confort. El temperamento le juega a veces malas pasadas.

 

 

"Algunos confunden la franqueza con exaltación y lo que soy es alguien franco. Cuando algo me parece que no es correcto, lo digo. Después la vida sigue con el respeto de siempre. En todo caso, confronto posiciones. Pero eso está bien, no lo vivo traumáticamente, así son las reglas de juego, no es un problema. Traumáticamente lo viven otros que creen que la opinión periodística no puede ser contradicha. Yo creo que la opinión periodística es válida y absolutamente respetable y jamás en mi vida haría algo para que alguien dejara de opinar, pero yo también tengo derecho a opinar y a tener una mirada distinta", dice.

Rechaza consejos de cambios de imagen, pero cedió a regañadientes al pedido de que dejara la corbata, al menos en las recorridas. Definitivamente, se rehúsa a someterse a un coaching.

El Fernández candidato reniega de algunos trucos de campaña. No se siente cómodo en los spots, aunque en su equipo aseguran que tiene facilidad para hacerlos. Rechaza consejos de cambios de imagen, pero cedió a regañadientes al primer pedido de que dejara de usar corbata, al menos en las recorridas. Y, aunque se apoya en sus colaboradores y delega la coordinación política en Cafiero y la comunicación en Juan Courel, sigue de cerca todos los detalles, acapara tareas, mantiene contacto directo con dirigentes y periodistas, piensa sus propios discursos. Definitivamente se rehúsa a someterse a un coaching.

"El coaching finalmente es el control de la personalidad. Sirve para que uno pueda, en momentos límites, fingir lo que no es. Y yo no quiero fingir nada. Para eso lo tenemos a Macri y así nos fue. Yo hago política desde los 14 años, no fue un capricho mío. No soy hijo de un papá rico, un día se me ocurrió ser presidente de Boca y otro día se me ocurrió hacer política como se me podía haber ocurrido jugar al golf. Soy alguien que desde los 14 años dedicó su vida a esto. Que se ha formado, que conoce el Estado, que sabe de lo que habla. Me sentiría muy mal y me deprimiría mucho que alguien viniera a decirme qué tengo que decir y cómo decirlo. Porque implicaría ir en contra de lo que creo".

 

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El candidato presidencial espera el vuelo de Aerolíneas Argentinas en el hall del aeropuerto de Córdoba. Antes de subir al avión, repasa la agenda de la semana: un encuentro con estudiantes en el conurbano, un viaje a La Rioja, una recorrida por Santa Fe de la mano del recién electo gobernador Omar Perotti, otro reactivo a Cristina que aceptó quedarse cerca de Fernández. "Después dicen que no tengo el apoyo de los gobernadores, es insólito", se queja con insistencia de las publicaciones periodísticas.

De acceso simple, llano y siempre cordial en el trato con propios y extraños, atiende a los que se acercan a pedir fotos, dar abrazos y desear suerte. Se presta a las conversaciones y apretones de mano, graba videos y saludos, pregunta por trabajos y estados de ánimo. En tierra antikirchnerista, en los dos días de recorrida, habrá superado sin sobresaltos la prueba del contacto popular. "Yo voy a volver a unir a los argentinos. Vamos a ganar", promete.