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Descrispador crispado: por qué Alberto Fernández pisó el palito

Las riñas con periodistas desvirtuaron el perfil de moderado que vendió el peronismo cuando lo bendijo CFK. En su búnker hablan de sobrecarga de funciones. Primer éxito del plan de Marcos Peña.

Descrispador crispado: por qué Alberto Fernández pisó el palito

11/07/2019 19:41

 

La sonrisa le duró diez minutos. Tanto como le duró la paciencia. El tono intimista, casi en susurros, de los spots que había lanzado apenas 72 horas antes ("Cristina piensa que soy my conciliador", dice en una de las piezas) contrastó fuerte con el color chillón de palabras cargadas de fastidio. El hijo pródigo del kirchnerismo, que había vuelto para descrisparlo en busca de los votos que habían huido del bolsón del 54% que había cosechado en 2011 la entonces presidenta Cristina Kirchner, se crispó demasiado rápido. Un cruce con la movilera Mercedes Ninci en Comodoro Py, otro con Jonathan Viale en radio La Red y una respuesta alterada a periodistas en Córdoba encendieron alarmas en el campamento del Frente de Todos, donde hablan de una "sobrecarga de tareas" para intentar explicar la secuencia que supuso el primer error no forzado de Alberto Fernández, el elegido de CFK para conducir el barco en aguas (que debían ser) tranquilas. 

 

 

Desde el mismo momento en que fue nominado candidato presidencial por su compañera de fórmula, Fernández decidió seguir manejando de manera casi personal la relación con periodistas y algunos medios, además de proclamar para sí la figura del jefe de campaña, que suele estar delegada en otras personas.

Esa concentración de responsabilidades, creen en el Frente de Todos, le hace cometer a Fernández “errores no forzados que deberá corregir" de manera inmediata si quiere mostrar una cara diferente y moderada del kirchnerismo mientras Cristina se refugia en el segundo plano y mantiene a raya -en silencio- a los más exaltados de sus tiempos en el poder, que ahora se preguntan si vale la pena guardar a la candidata que tiene los votos si el que no los tiene no garantiza la virtud buscada de la civilidad y termina dándoles pastos a las fieras del Gobierno y sus aliados en los medios.

 


 

En el comando de la calle México intentan desdramatizar el miércoles de furia y recalcan que Fernández “es un ser humano, se enojó y pidió disculpas” -tener que pedir perdón en medio de una campaña suele ser evauado como una catástrofe por los expertos en procesos electorales y seguramente el Alberto jefe de campaña reprendería severamente por eso al Alberto candidato si no fueran la misma persona-, pero también entienden que las reacciones intempestivas son un tema a analizar porque estos errores son “aprovechados por algunos medios” y generan agenda negativa sobre el candidato, que no goza del trato privilegiado del que disfrutan los funcionarios del Gobierno. "Que se enfoque en el discurso de campaña en lugar de seguir al ritmo que le conviene al oficialismo", esperan en el entorno del ex jefe de Gabinete.

VARAS Y VARAS. El miércoles, durante la cobertura de la cumbre del oficialismo en Parque Norte, Letra P destacó un fragmento muy llamativo del discurso que, en modo polarización hardcore, ofreció la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que se animó a decir que, al momento de asumir el poder en la provincia, los punteros de peronismo se habían "reconvertido en narcos".

El exabrupto no causó revuelo en los grandes medios. Tampoco, la virulencia que saturó las palabras del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que llamó "patético" a Axel Kicillof y patotero a Juan Grabois, acusó al kirchnerismo de mantener "escondida" a CFK y habló de "fracciones" K que "se cagaron a tiros".

 

 

Este portal preguntó en el comando oficialista si esas expresiones extraordinariamente inflamadas habían respondido a brotes de furia de los candidatos o a un plan. Opción B, fue la respuesta.

Fuentes del laboratorio que comanda el jefe de Gabinete y Campaña, Marcos Peña, explicaron que la estrategia de endurecimiento discursivo responde a la decisión de ir a fondo a un mano a mano con el peronismo de los Fernández, sin terceros sobre el ring, y buscar el golpe por golpe con provocaciones pirotécnicas como las que ensayaron Vidal y Larreta en Parque Norte.

Resumen: el Gobierno buscará sistemáticamente irritar las fibras más sensibles de los candidatos del Frente de Todos para que salten al vacío de la pelea callejera, sea a través de los propios referentes o del periodismo ávido de altisonancias y carajeos taquilleros. Buscará, en definitiva, hacerlos pisar el palito. Esta semana, el plan cosechó su primer éxito.

Descrispador crispado: por qué Alberto Fernández pisó el palito

Las riñas con periodistas desvirtuaron el perfil de moderado que vendió el peronismo cuando lo bendijo CFK. En su búnker hablan de sobrecarga de funciones. Primer éxito del plan de Marcos Peña.

 

La sonrisa le duró diez minutos. Tanto como le duró la paciencia. El tono intimista, casi en susurros, de los spots que había lanzado apenas 72 horas antes ("Cristina piensa que soy my conciliador", dice en una de las piezas) contrastó fuerte con el color chillón de palabras cargadas de fastidio. El hijo pródigo del kirchnerismo, que había vuelto para descrisparlo en busca de los votos que habían huido del bolsón del 54% que había cosechado en 2011 la entonces presidenta Cristina Kirchner, se crispó demasiado rápido. Un cruce con la movilera Mercedes Ninci en Comodoro Py, otro con Jonathan Viale en radio La Red y una respuesta alterada a periodistas en Córdoba encendieron alarmas en el campamento del Frente de Todos, donde hablan de una "sobrecarga de tareas" para intentar explicar la secuencia que supuso el primer error no forzado de Alberto Fernández, el elegido de CFK para conducir el barco en aguas (que debían ser) tranquilas. 

 

 

Desde el mismo momento en que fue nominado candidato presidencial por su compañera de fórmula, Fernández decidió seguir manejando de manera casi personal la relación con periodistas y algunos medios, además de proclamar para sí la figura del jefe de campaña, que suele estar delegada en otras personas.

Esa concentración de responsabilidades, creen en el Frente de Todos, le hace cometer a Fernández “errores no forzados que deberá corregir" de manera inmediata si quiere mostrar una cara diferente y moderada del kirchnerismo mientras Cristina se refugia en el segundo plano y mantiene a raya -en silencio- a los más exaltados de sus tiempos en el poder, que ahora se preguntan si vale la pena guardar a la candidata que tiene los votos si el que no los tiene no garantiza la virtud buscada de la civilidad y termina dándoles pastos a las fieras del Gobierno y sus aliados en los medios.

 


 

En el comando de la calle México intentan desdramatizar el miércoles de furia y recalcan que Fernández “es un ser humano, se enojó y pidió disculpas” -tener que pedir perdón en medio de una campaña suele ser evauado como una catástrofe por los expertos en procesos electorales y seguramente el Alberto jefe de campaña reprendería severamente por eso al Alberto candidato si no fueran la misma persona-, pero también entienden que las reacciones intempestivas son un tema a analizar porque estos errores son “aprovechados por algunos medios” y generan agenda negativa sobre el candidato, que no goza del trato privilegiado del que disfrutan los funcionarios del Gobierno. "Que se enfoque en el discurso de campaña en lugar de seguir al ritmo que le conviene al oficialismo", esperan en el entorno del ex jefe de Gabinete.

VARAS Y VARAS. El miércoles, durante la cobertura de la cumbre del oficialismo en Parque Norte, Letra P destacó un fragmento muy llamativo del discurso que, en modo polarización hardcore, ofreció la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que se animó a decir que, al momento de asumir el poder en la provincia, los punteros de peronismo se habían "reconvertido en narcos".

El exabrupto no causó revuelo en los grandes medios. Tampoco, la virulencia que saturó las palabras del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que llamó "patético" a Axel Kicillof y patotero a Juan Grabois, acusó al kirchnerismo de mantener "escondida" a CFK y habló de "fracciones" K que "se cagaron a tiros".

 

 

Este portal preguntó en el comando oficialista si esas expresiones extraordinariamente inflamadas habían respondido a brotes de furia de los candidatos o a un plan. Opción B, fue la respuesta.

Fuentes del laboratorio que comanda el jefe de Gabinete y Campaña, Marcos Peña, explicaron que la estrategia de endurecimiento discursivo responde a la decisión de ir a fondo a un mano a mano con el peronismo de los Fernández, sin terceros sobre el ring, y buscar el golpe por golpe con provocaciones pirotécnicas como las que ensayaron Vidal y Larreta en Parque Norte.

Resumen: el Gobierno buscará sistemáticamente irritar las fibras más sensibles de los candidatos del Frente de Todos para que salten al vacío de la pelea callejera, sea a través de los propios referentes o del periodismo ávido de altisonancias y carajeos taquilleros. Buscará, en definitiva, hacerlos pisar el palito. Esta semana, el plan cosechó su primer éxito.