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El Cordobazo volvió a detonar el todos contra todos en Cambiemos

La desactivación del Plan V había puesto en pausa una interna de larga data, pero los pases de factura recrudecen. Peña en la mira del tándem Larreta-Vidal. ¿Hay retorno entre Macri y Carrió?
Por 15/05/2019 14:58

Las tensiones en Cambiemos no son nuevas y es natural que arrecien en un momento de malestar económico y encuestas negativas. Más, cuando enfrente se levanta la figura de Cristina Kirchner y el oficialismo viene de encadenar ocho derrotas seguidas en elecciones provinciales. Sin embargo, por la importancia del distrito, su carga simbólica como fragua del proyecto macrista y la paliza en votos recibida, la de Córdoba dolió especialmente y desató otra vez el todos contra todos.

Contenidas y desactivadas (al menos si las encuestas no indican lo contrario en las próximas semanas) las presiones del Círculo Rojo en pos de un paso al costado de Mauricio Macri y una asunción de la candidatura presidencial de Cambiemos por parte de María Eugenia Vidal, el Presidente está en plena campaña para reflotar su imagen subido, justamente, a la figura de la gobernadora bonaerense. Creía que los contactos de principios de mes con ella y con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, le aseguraban otra vez la posibilidad de mostrar un equipo unido, el viejo mantra de los estrategas del PRO. Pero el Cordobazo del último fin de semana puso todo otra vez en cuestión.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, asegura que el resultado en Córdoba no es para alarmarse, que no debe interpretarse en clave nacional y que dentro del voto del reelecto gobernador Juan Schiaretti hay también sufragios moderados que en los comicios presidenciales volverán a Macri.

 

 

Sin embargo, el tándem Rodríguez Larreta-Vidal reedita el clásico que tantas veces lo ha enfrentado con aquel. Le enrostran no haber sabido alinear las apetencias personales dentro del proyecto grande y de haberse resignado a que el intendente de Córdoba capital, Ramón Mestre, llevara al límite la puja con el jefe del interbloque de Cambiemos en la Cámara de Diputados, Mario Negri.

 

 

“Nos retiramos de esa provincia. No solo no posicionamos un candidato único, sino que después no hicimos campaña”, es el reproche.

Los pesares económicos se suman entonces a los problemas de estrategia, lo que hace que Cambiemos haya pasado en el último año de creer tener asegurada la triple corona (las reelecciones de Macri, Vidal y Rodríguez Larreta) a enfrentar un panorama mucho más incierto, sobre todo a nivel nacional y bonaerense. En la Ciudad se considera que las chances están intactas, pero que lo estarían mucho más si se terminara de clarificar el rol que pretende jugar Martín Lousteau.

 

“Nos retiramos de Córdoba. No solo no posicionamos un candidato único sino que después no hicimos campaña”, le reprochan internamente a Marcos Peña.

 

Como ocurre siempre que la basura se barre debajo de la alfombra, el mal tiempo trae de vuelta las viejas reyertas. Así, regresan también los reproches de Larreta y Vidal a la intromisión de Peña en la economía, a la que adjudican parte de la crisis actual; a las interferencias en la gestión de los ex vicejefes de Gabinete Gustavo Lopetegui y Mario Quintana y al mal manejo de la hoguera de vanidades en la que se consumió la primera mitad de la actual administración.

Los reproches a Peña son, en definitiva, reproches a Macri, el sostén último del poder de aquel y quien aceptó ensimismarse en un círculo pequeño y en un proceso de toma de decisiones excesivamente centralizado. Igual, aunque hay desencanto, el sentimiento no se hará explícito, no se insistirá con el Plan V y el trío seguirá mostrándose unido. Todos saben que ya no hay vuelta atrás.

Pero las broncas internas no se limitan a eso. La diputada Elisa Carrió es el foco de otras furias, esta vez de parte del propio Peña y del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, exponente de la menguada ala política del Gobierno.

La chaqueña se ganó con esfuerzo esas enemistades y el último capítulo de su empeño se dio, justamente, tras la derrota en Córdoba. Lo que ella entiende como un abandono de la Casa Rosada a Negri genera “asco”, según dijo, y Frigerio siempre prefirió hacer “su sociedad con los gobernadores peronistas”. Ambos le respondieron públicamente, pero sin perder las formas. Puertas adentro, con todo, la sensación es que no hay retorno y que la relación está “muy desgastada”.

 

 

Aunque nadie desea romper de manera explícita en plena campaña y se estima que Carrió tampoco dará ese paso, el malestar llega al propio despacho del Presidente. Macri entiende que la diputada siempre lo cuestionó en los momentos de mayor necesidad política.

El ejemplo es el caso cordobés, en el que Macri considera que hasta Schiaretti lo ayudó más que Carrió cuando, en su discurso de triunfo, pidió no nacionalizar la lectura del resultado. Al revés, con sus críticas, fue la enemiga íntima la que generó esa percepción, al desnudar sus críticas a Peña, Frigerio y Patricia Bullrich y al plantear, incluso, el escenario de que Cambiemos lo pierda todo. “¿Qué van a hacer si nos derrotan, se van a borrar?”, dijo.

Macri, mientras tanto, ordenó acelerar a fondo, exponiendo el acortamiento de la brecha que lo separa de Cristina en las encuestas y la fe en que, ahora sí, la inflación empezará a declinar.

¿Será por ahí?

El Cordobazo volvió a detonar el todos contra todos en Cambiemos

La desactivación del Plan V había puesto en pausa una interna de larga data, pero los pases de factura recrudecen. Peña en la mira del tándem Larreta-Vidal. ¿Hay retorno entre Macri y Carrió?

Las tensiones en Cambiemos no son nuevas y es natural que arrecien en un momento de malestar económico y encuestas negativas. Más, cuando enfrente se levanta la figura de Cristina Kirchner y el oficialismo viene de encadenar ocho derrotas seguidas en elecciones provinciales. Sin embargo, por la importancia del distrito, su carga simbólica como fragua del proyecto macrista y la paliza en votos recibida, la de Córdoba dolió especialmente y desató otra vez el todos contra todos.

Contenidas y desactivadas (al menos si las encuestas no indican lo contrario en las próximas semanas) las presiones del Círculo Rojo en pos de un paso al costado de Mauricio Macri y una asunción de la candidatura presidencial de Cambiemos por parte de María Eugenia Vidal, el Presidente está en plena campaña para reflotar su imagen subido, justamente, a la figura de la gobernadora bonaerense. Creía que los contactos de principios de mes con ella y con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, le aseguraban otra vez la posibilidad de mostrar un equipo unido, el viejo mantra de los estrategas del PRO. Pero el Cordobazo del último fin de semana puso todo otra vez en cuestión.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, asegura que el resultado en Córdoba no es para alarmarse, que no debe interpretarse en clave nacional y que dentro del voto del reelecto gobernador Juan Schiaretti hay también sufragios moderados que en los comicios presidenciales volverán a Macri.

 

 

Sin embargo, el tándem Rodríguez Larreta-Vidal reedita el clásico que tantas veces lo ha enfrentado con aquel. Le enrostran no haber sabido alinear las apetencias personales dentro del proyecto grande y de haberse resignado a que el intendente de Córdoba capital, Ramón Mestre, llevara al límite la puja con el jefe del interbloque de Cambiemos en la Cámara de Diputados, Mario Negri.

 

 

“Nos retiramos de esa provincia. No solo no posicionamos un candidato único, sino que después no hicimos campaña”, es el reproche.

Los pesares económicos se suman entonces a los problemas de estrategia, lo que hace que Cambiemos haya pasado en el último año de creer tener asegurada la triple corona (las reelecciones de Macri, Vidal y Rodríguez Larreta) a enfrentar un panorama mucho más incierto, sobre todo a nivel nacional y bonaerense. En la Ciudad se considera que las chances están intactas, pero que lo estarían mucho más si se terminara de clarificar el rol que pretende jugar Martín Lousteau.

 

“Nos retiramos de Córdoba. No solo no posicionamos un candidato único sino que después no hicimos campaña”, le reprochan internamente a Marcos Peña.

 

Como ocurre siempre que la basura se barre debajo de la alfombra, el mal tiempo trae de vuelta las viejas reyertas. Así, regresan también los reproches de Larreta y Vidal a la intromisión de Peña en la economía, a la que adjudican parte de la crisis actual; a las interferencias en la gestión de los ex vicejefes de Gabinete Gustavo Lopetegui y Mario Quintana y al mal manejo de la hoguera de vanidades en la que se consumió la primera mitad de la actual administración.

Los reproches a Peña son, en definitiva, reproches a Macri, el sostén último del poder de aquel y quien aceptó ensimismarse en un círculo pequeño y en un proceso de toma de decisiones excesivamente centralizado. Igual, aunque hay desencanto, el sentimiento no se hará explícito, no se insistirá con el Plan V y el trío seguirá mostrándose unido. Todos saben que ya no hay vuelta atrás.

Pero las broncas internas no se limitan a eso. La diputada Elisa Carrió es el foco de otras furias, esta vez de parte del propio Peña y del ministro del Interior, Rogelio Frigerio, exponente de la menguada ala política del Gobierno.

La chaqueña se ganó con esfuerzo esas enemistades y el último capítulo de su empeño se dio, justamente, tras la derrota en Córdoba. Lo que ella entiende como un abandono de la Casa Rosada a Negri genera “asco”, según dijo, y Frigerio siempre prefirió hacer “su sociedad con los gobernadores peronistas”. Ambos le respondieron públicamente, pero sin perder las formas. Puertas adentro, con todo, la sensación es que no hay retorno y que la relación está “muy desgastada”.

 

 

Aunque nadie desea romper de manera explícita en plena campaña y se estima que Carrió tampoco dará ese paso, el malestar llega al propio despacho del Presidente. Macri entiende que la diputada siempre lo cuestionó en los momentos de mayor necesidad política.

El ejemplo es el caso cordobés, en el que Macri considera que hasta Schiaretti lo ayudó más que Carrió cuando, en su discurso de triunfo, pidió no nacionalizar la lectura del resultado. Al revés, con sus críticas, fue la enemiga íntima la que generó esa percepción, al desnudar sus críticas a Peña, Frigerio y Patricia Bullrich y al plantear, incluso, el escenario de que Cambiemos lo pierda todo. “¿Qué van a hacer si nos derrotan, se van a borrar?”, dijo.

Macri, mientras tanto, ordenó acelerar a fondo, exponiendo el acortamiento de la brecha que lo separa de Cristina en las encuestas y la fe en que, ahora sí, la inflación empezará a declinar.

¿Será por ahí?