Fernández siembra en México comercio, inversiones y un lugar en el mundo
¿Por qué eligió ese país para su primer viaje como presidente electo? Mensaje al “desmadrado” Bolsonaro. El dilema de Venezuela. La conexión Slim. ¿Hacia un TLC? El problema de los autos y la carne.
Con esa idea en mente, Fernández se encuentra este lunes a las 14 de la Argentina con el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador; mantendrá (a las 21 de nuestro país) una reunión con Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo y jugador prominente del mercado de las telecomunicaciones, presente en la Argentina a través de la compañía Claro; y a la noche compartirá una cena con empresarios de primera línea, entre ellos el propio Slim y los responsables de gigantes como FEMSA, Bimbo, Cemex, TV Azteca, Arca y Alfa, entre otros.
Alberto Fernández el viernes, al ser recibido por autoridades mexicanas en el aerpuerto.
Quien despunta como futuro canciller, Felipe Solá, y los economistas más cercanos al líder del Frente de Todos, Matías Kulfas y Cecilia Todesca, también mantendrán reuniones allí para avanzar, en lo posible, en la agenda económica.
LA REGIÓN, EN LA MIRA. La aparente buena voluntad de Donald Trump, en especial en lo que hace a la renegociación del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), se funda en el objetivo de limitar la creciente influencia de China, pero no oculta que hay temas ásperos en la agenda bilateral. El principal de ellos es qué hacer con la Venezuela de Nicolás Maduro.
La intención inicial de Fernández es sacar a la Argentina del radicalizado Grupo de Lima, que ha apostado al derribo del chavismo a través del apoyo al legislador Juan Guaidó y a intentonas golpistas de un sector de la Fuerza Armada Nacional. El fracaso de esa línea dura frustró a Trump y no fue justamente ajena a la eyección de su último asesor de Seguridad Nacional, el ultraconservador John Bolton. La pregunta, para la que se busca una respuesta, es si ese desencanto lo abre a otras alternativas.
Pese a su apuesta por el Grupo de Contacto, México no ha salido formalmente del Grupo de Lima, con cuya posición desacuerda. ¿Será esa también “la avenida del medio” para la Argentina entre Venezuela y Trump?
A SEMBRAR INVERSIONES. “Hay dos economías grandes en la región: Brasil y México. Con la primera la relación está desmadrada, así que la apuesta con México surge como una posibilidad natural”, le dijo a Letra P una fuente cercana a Fernández.
En efecto, si el PBI de Brasil asciende (según datos del año pasado) a 1,8 billones de dólares, el de México trepa a 1,22 billones. Este último mercado, de 126 millones de habitantes y puerta de entrada al de los Estados Unidos, resulta tentador a la hora de pensar en nuevos socios.
Esa frialdad de la economía podría ser la oportunidad para que la Argentina se ofreciera como mercado y destino de inversiones, si no fuera porque los pronósticos en nuestro país son todavía peores, especialmente en materia de inflación, una variable que desquicia los cálculos empresarios y limita las apuestas a futuro. Se trata entonces de sembrar, aunque el alto perfil que le ha dado la delegación argentina a las reuniones con Slim en particular y con los empresarios en general hace pensar que se espera alguna cosa más que sonrisas y apretones de manos.
UNA APUESTA AL COMERCIO. La porfía brasileña en abrir radicalmente al Mercosur mantiene al bloque coqueteando con la ruptura. Alberto Fernández pretende aprovechar el proceso de revisión del tratado de libre comercio con la Unión Europea (UE) para, justamente, revisar algunas de las cláusulas negociadas por el gobierno de Mauricio Macri que podrían resultar lesivas para la ya castigada industria nacional. Pero eso es tomado por Bolsonaro como una negativa al principio de la apertura.
La Argentina de Alberto Fernández no será necesariamente adversa a la idea de un libre comercio cuidadosamente negociado. En ese sentido, a este le parecen aliados naturales los países de la Alianza del Pacífico: Chile, Perú, Colombia y, claro, México.
Lo que sí rechaza el futuro gobierno es la reducción radical del Arancel Externo Común (AEC) del bloque, algo que sí dejaría a la industria a la intemperie. La brasileña también se ha quejado pero Bolsonaro prefiere depositar las culpas en la Argentina que viene, apostando al parecer a establecer las causas de un divorcio que allane su pretensión de acordar el libre comercio con Estados Unidos.
Sin embargo, otra vez, la Argentina de Fernández no será necesariamente adversa a la idea de un libre comercio cuidadosamente negociado. En ese sentido, a este le parecen aliados naturales los países de la Alianza del Pacífico: Chile, Perú, Colombia y, claro, México.
En tanto miembros de la ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración), un acuerdo previo al Mercosur, sería posible avanzar mucho más con estos países, con los que de hecho ya existen Acuerdos de Complementación Económica (ACE) que podrían ser ampliados.
Con México rige el ACE 6, que tanto López Obrador como Fernández quieren hacer más ambicioso. Las oportunidades en ese mercado para productos nacionales como el maíz, la carne de pollo, el arroz y otros son muy grandes. Sin embargo, hay dos escollos sobre los que sería necesario trabajara. Para los mexicanos, su mercado de la carne vacuna, dada la resistencia de criadores y frigoríficos de ese país a lidiar con un competidor mucho más productivo; para la Argentina, en tanto, el sector automotor representa un problema dado su peso en el total de la industria.
El ACE 53 rige las relaciones con materia de autos. Mientras Brasil ya acordó una liberalización total del comercio de autos con México, la Argentina de Macri acaba de renovar por tres años un mercado de cuotas (con intercambios previstos de hasta 701 millones de dólares este año, 737 en 2020 y 774 en 2021), que sería liberalizado desde 2022. Los menores costos de la industria mexicana, sobre todo en materia de autopartes, suponen un desafío importante para la producción local.
Más allá de esos hechos puntuales, hay voluntad política en López Obrador y en Fernández de ampliar el número de ítems con arancel cero en un horizonte de hasta diez años, que sería menor en los menos sensibles.