Radicalismo bonaerense

UCR: Salvador cedió ante el possismo para evitar una tormenta que lo exponía

El vice de Vidal se enfila a renovar en el Comité Provincia. Para eso, tuvo que rediseñar su esquema de conducción ante los planteos de San Isidro que amagaban con disputarle el poder partidario.

“La interna era una locura”, coincidieron desde las diversas esquinas del radicalismo bonaerense una vez sellado el consenso por el cual el vicegobernador Daniel Salvador se enfila a renovar el 28 de octubre próximo al frente del Comité Provincia de la UCR mediante una lista de unidad. Sin embargo, en la semana previa al cierre de listas –que será este viernes- los nubarrones de disputas intestinas habían asomado sobre las boinas blancas de la provincia de Buenos Aires. Y, para evitar una tormenta que lo exponía como conductor, el segundo de Vidal tuvo que ceder a los planteos del sector referenciado por el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, que había dado señales de malestar al verse excluido del esquema inicial de conducción que se planteaba para el período 2018-2020.

 

Medir fuerzas con el espacio del jefe comunal del distrito radical con mayor volumen electoral era una repentina posibilidad que generó inquietud en el salvadorismo, más aún en la antesala del año electoral donde la UCR buscará revalidar su casillero en la fórmula de Cambiemos a la Gobernación. Ante eso, Salvador se vio forzado a rediseñar la relación de fuerzas en el organigrama de la futura conducción, otorgando un tercio de los cargos al possismo y uno de los cuatro asientos de delegados bonaerenses al Comité Nacional.
 

 

Con este acuerdo, el vicegobernador revalidará como titular del partido en el orden provincial y el hoy diputado nacional Carlos Fernández volvería a ser su segundo. Asimismo, en principio, los cupos de representantes al Comité Nacional serían ocupados por Walter Carusso (en representación del sector del sanisidrense), Alejandra Lorden y Maximiliano Abad (alineados al salvadorismo) y el asiento restante para un miembro del “neo-alfonsinismo”, posiblemente Miguel Bazze.


De esta forma, el esquema de tercios se conserva pero actualizado a las mutaciones internas que se fueron registrando a lo largo de los últimos dos años. En la elección de 2016, Abad había alcanzado el cargo de secretario General del partido contando en su estructura con el músculo político del sector de Posse. En efecto, por aquel entonces, el intendente de San Isidro se había hecho presente en Mar del Plata para el lanzamiento de la candidatura de Abad a presidir el comité, a la cual desistió al arribarse a la lista de unidad.

 

Pero el tiempo corrió y la sintonía entre el possismo y el marplatense se interrumpió, razón por la cual el hoy jefe de la bancada Cambiemos en la Cámara baja bonaerense no es tomado como un emisario del espacio alineado al sanisidrense que, por ende, planteó su malestar al no verse representado en el futuro organigrama de la UCR bonaerense. "Optó por ser funcional al statu-quo partidario y no plantear posiciones que le iban a generar algún debate con Salvador”, señalan sobre Abad quienes hoy lo posicionan bajo el ala del vice de Vidal.
 

 


Las reconfiguraciones se dieron en otra de las ramas internas. Con Ricardo Alfonsín cuestionando deliberadamente el rol del partido centenario dentro de Cambiemos, quienes accedieron al esquema de conducción en 2016 bajo el paraguas de este sector fueron alejándose, ya como dirigentes partidarios, del creciente tono crítico del hijo del ex Presidente. Es así que a ese grupo, que tiene entre sus caras visibles al tándem Fernández-Bazze, se lo cataloga entre los correligionarios como “neo-alfonsinismo” o “alfonsinismo residual”.

 

Pero en este caso no afloraron cortocircuitos, ya que Alfonsín había declarado con anterioridad su intención de no ser parte del proceso interno de la UCR bonaerense y apostar a la construcción de un “comité paralelo” con el Espacio de Pensamiento Alfonsinista (EPA) como herramienta, contando con un nada despreciable respaldo dirigencial en el interior provincial y los distritos sin tierra del conurbano, lo cual puede ser un latente foco de conflicto interno con vistas a los armados en 2019.
 

 


CRÓNICA DE UNA INTERNA QUE NO FUE. Pero, ¿cuáles fueron los desencadenantes de esta tensión interna que amagó con una confrontación el 28 de octubre?

 

La escasa “generosidad” hacia el variopinto abanico de espacios que hacen a la vida interna de la UCR, su “abandono” a la construcción de poder en el conurbano, como así también su “acrítico” perfil ante la situación política y social, fueron cuestionamientos hacia la figura de Salvador en el que coincidieron diversas voces boina blanca consultadas por Letra P que, a pesar de remarcar permanentemente que la intención era la lista de unidad, desde la semana pasada habían entablado contactos ante un posible escenario en el que tengan que aunar fuerzas para confrontar con el actual presidente del partido. Y en ese cuadro, el sector que contaba con un trazo grueso en esta posible cruzada era el referenciado por el intendente de San Isidro, Gustavo Posse, que se veía excluido del armado de unidad salvadorista.

 

En esas conversaciones, los sondeos habían abordado a dirigentes del “ricardismo” y a “históricos” como Juan Manuel Casella y Federico Storani, que vienen desplegando cuestionamientos hacia el perfil que mantiene la UCR en el engranaje gubernamental, algo que no deja de despertar resquemores en quienes reportan lealmente al segundo de Vidal: “La dirigencia de la década del 80 se quedó en el tiempo. (Raúl) Alfonsín sería maravilloso pero hoy no podría hacer política, o se tendría que haber actualizado. Ellos tienen una mirada del pasado, se quedaron en la añoranza de los 80”, disparó a este medio un intendente del ala dura del salvadorismo.
 

 


Como reacción-reflejo a estos movimientos, Salvador impulsó un documento en el que se apela a "continuar el camino de la unidad y del fortalecimiento partidario". Más allá del mensaje en sí –tendiente a obturar cualquier intento de disputa interna-, el escrito apuntó a ser una directa demostración de poder, al contar con las firmas de la mayoría de los intendentes bonaerenses de la UCR (con excepción de Posse y de Franco Flexas -Viamonte) y de buena parte de los legisladores provinciales del radicalismo (salvo Walter Carusso, Fernando Pérez y Liliana Denot).

 

“La idea es buscar la unidad, todavía hay tiempo”, deslizaba Salvador por esas horas a Letra P.

 

Por fuera de las adhesiones y las ausencias, desde el ala que amagaba con dar la batalla en octubre afirmaban que una hipotética lista que confrontase con Salvador, hubiera contado con el respaldo de varios mandatarios municipales que firmaron ese documento, al recordarse que en 2016 eran nutridas las voces de intendentes que observaban que la figura de presidente del Comité no podía ser encarnada por un dirigente con semejante rol dentro del Gobierno, ya que los planteos partidarios ante los socios en Cambiemos podrían tropezar con la armónica relación que se debe mantener intra-gobierno y que, en la práctica, observaron que esto es efectivamente lo que sucedió con Salvador en su doble rol de presidente de la UCR bonaerense y vicegobernador provincial.
 

 


“Lo que vemos es una figura institucional que es solidaria institucionalmente con el Gobierno, que todos coincidimos que tiene que ser así, pero hay veces que hay silencios absurdos en cuestiones que tenemos la obligación de plantear miradas distintas, que son para engordar al Gobierno. No hablamos de críticas, hablamos de matices. Hay silencios que no se explican. Es necesario, ante esta situación política y social, que el radicalismo adquiera un volumen político mucho más importante que el que tiene para ayudar al Gobierno”, advierten voces críticas a la impronta de conducción salvadorista que detectan a intendentes del interior que “no ven un acompañamiento por parte del partido en la defensa de los intereses colectivos”.

 

OBJETIVO DISTRITOS. Con esas posturas, el interrogante que se abre es cómo articularan las distintas visiones en la convivencia de la nueva conducción. Pero más allá de esos aspectos a mediano plazo, con la lista de unidad abrochada para el Comité Provincia en lo inmediato los esfuerzos en las próximas horas se pondrán en evitar las compulsas internas en los distritos.

 

Según advirtieron a Letra P voces partidarias, el radicalismo mantiene frentes de tormenta interna en 30 municipios. La intención es operar entre los diversos sectores para obturar las confrontaciones y que se llegue a listas de unidad, algo que asoma como una empresa más que dificultosa, teniendo en cuenta que en varios comités distritales los cortocircuitos son de un tenor lo suficientemente significativo como para disolverse en las próximas 48 horas, previas a la presentación de listas.

 

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