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El Gobierno evalúa que la ex presidenta no sufrirá fugas en su base electoral. Más cautela que euforia y negación de los vínculos del PRO con Stornelli y Bonadío.
Por 03/08/2018 7:40

“Somos espectadores de este caso, nos vamos enterando por los medios igual que ustedes”, juró ante Letra P un alto funcionario de la Casa Rosada. Con tono evasivo, buscó distanciarse de las detenciones que ordenó el juez federal Claudio Bonadío a partir de las fotocopias de una serie de cuadernos, presuntamente aportados por Oscar Centeno, el chofer del ex funcionario Roberto Baratta, actualmente detenido, dentro de un operativo espectacular ordenado a partir de las revelaciones del diario La Nación. Sin embargo, detrás del libreto, cerca del jefe de Gabinete, Marcos Peña, justificaron la cautela con una evaluación política, casi preelectoral. “No creemos que esto afecte a CFK, porque no impacta sobre su voto duro, que igualmente se consolida. La gente quiere cambiar o no cambiar y en ese escenario está sucediendo este caso, pero hay que ver cómo evoluciona todo, esto recién empieza”, redondeó la fuente.

 

 

A pesar de la cautela que buscan exhibir los voceros oficiales, en los pasillos de la Casa Rosada algunos se animan a mostrar cierta euforia sobre la evolución del caso. Quizás, una rémora de los momentos de excitación que mostraron en el entorno del Presidente cuando fue detenido el ex secretario de Obras Públicas, José López, luego de intentar esconder bolsos con plata en un convento. Los mismos funcionarios que hoy se escudan en la cautela y la distancia, hace dos años celebraban el impacto comunicacional del “dinero vivo”, en referencia a los 9 millones de dólares que el ex funcionario intentó esconder. Las imágenes del dinero secuestrado por la Justicia aportó una materialidad y una vinculación con la corrupción que en estos días las mismas fuentes no se animan a confirmar a partir de los cuadernos que ventiló el periodista Diego Cabot en La Nación.

 “Curioso, pero todo estalló en un momento complejo para nosotros”, bromeó otro escudero comunicacional del primer piso de Balcarce 50 que, hasta que estalló el escándalo, navegaba entre el impacto negativo del ajuste, la confirmación estadística de la recesión y el creciente escándalo por los aportes truchos en la provincia de Buenos Aires, que enloda directamente a la gobernadora María Eugenia Vidal. Esos factores, pero especialmente la corrida cambiaria y la búsqueda de auxilio del FMI, le impidió a la Casa Rosada aprovechar en los medios el segundo aniversario de la caída de López. No fue por falta de ganas, sino porque toda la artillería comunicacional del oficialismo estaba sumida en la crisis económica.

 

 

Ese viejo entusiasmo contrasta con el actual empeño oficial para tomar distancia del caso. En comparación con las celebraciones del “dinero vivo” de López, suena como una de las respuestas formateadas por el manual de comunicación del Gobierno cuando intenta sobreactuar la separación de poderes.

Según pudo saber Letra P, el mensaje también forma parte de una decisión política del presidente Mauricio Macri para preservarse de los coletazos de un caso que, en las apariencias iniciales, apuntaría al corazón del kirchnerismo, pero también podría salpicar al oficialismo, especialmente por el rol del primo presidencial Angelo Calcaterra, ex dueño de la constructora IECSA, una de las empresas constructoras más beneficiadas por contratos de obra pública concedidos durante el kirchnerismo.

Otra figura clave del entorno presidencial que podría afrontar un escenario de zozobra es el magnate, ex socio y amigo íntimo presidencial Nicolás Caputo, cuyas constructoras también fueron proveedoras de obra pública del Estado nacional y jugaron un papel determinante en la Ciudad de Buenos Aires desde la gestión de Aníbal Ibarra, con récords históricos de facturación mediante la empresa SES S.A.

 

 

INTIMIDADES OLVIDABLES. Calcaterra y Caputo comparten una coincidencia íntima con la Casa Rosada. Ambos fueron discretamente invitados a desprenderse de sus empresas vinculadas a la obra pública. Calcaterra cumplió el pedido (quizás porque no se trataba del verdadero dueño de IECSA) y le cedió el control de sus empresas al empresario energético Marcelo Mindlin, que la rebautizó como SADE en febrero de 2017, cuando se quedó con el control de la empresa que perteneció al clan familiar encabezado por Franco Macri. A principios de este año, Caputo hizo lo propio, poseedor del 20% de sus acciones en la empresa familiar Caputo S.A.I.C.F. Le vendió el 82,32% de su paquete accionario a la desarrolladora TGLT, de Federico Weil, en una operación que implicó la pérdida del control del 50% de SES S.A.

Ambos movimientos, ante la consultas de este medio, sólo cosechan silencio por parte de los voceros presidenciales. Pero los puntos de mayor cautela tienen que ver con los protagonistas judiciales del caso, como el juez Bonadío, que desde marzo mantiene ásperos contrapuntos públicos con el ministro de Justicia, Germán Garavano, por la reforma del Poder Judicial.

Los cuidados también giran en torno al fiscal federal Carlos Stornelli, un estrecho conocido de Macri en las entrañas del Club Boca Juniors, desde 2007, cuando integró una comisión de seguridad en la entidad deportiva junto al actual magistrado Ariel Lijo, los fiscales Raúl Plée y Gerardo Pollicita y el entonces juez Guillermo Montenegro, que dejó el fuero federal para transformarse en ministro de Justicia y Seguridad porteño desde diciembre de 2007, cuando asumió el cargo durante el primer mandato de Macri como jefe de Gobierno porteño.

“Eso es un disparate. Ni Stornelli se comunica con el Presidente para hablar del tema ni Bonadío mantiene comunicación alguna al respecto, así es que esas sospechas son infundadas”, juró un funcionario para remarcar la cautela que adoptó el Ejecutivo ante un caso que, políticamente, reanima la polarización preferida de Cambiemos con el kirchnerismo, pero que podría golpear la intimidad del poder a partir de las vinculaciones que la Casa Rosada se empecina en negar. Todo, con el mismo empeño que ponen sus voceros para decir que el caso “recién comienza”.