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El cruzado PRO de Comodoro Py

En esta nota de 2017, retrato del fiscal anti corrupción de los cuadernos K que quedó atrapado en un escándalo de coimas y extorsión. Genealogía dictatorial, sciolismo trunco y macrismo bostero.
Por 13/07/2017 15:02

El martes de la semana pasada, Carlos Stornelli llegó alrededor del mediodía al quinto piso de Comodoro Py, donde ocupa la fiscalía federal número 4. El motor que ese día había repuesto a Julio De Vido en la tapa de los diarios caminaba a paso cansino y en soledad con la satisfacción de haber cumplido con su deber: reinstalar el tema de la corrupción kirchnerista en los medios de comunicación antes, incluso, que notificar a los denunciados.

De nexos aceitados con el periodismo que se nutre de Comodoro Py y fanático de la relojería, Stornelli actuó justo a tiempo: cuando la campaña electoral que pone a prueba la suerte de su amigo Mauricio Macri entraba en la recta final y antes de la feria judicial. Con eje en los desaguisados del kirchnerato en la mina de Río Turbio, el ex ministro de Seguridad de Daniel Scioli se movió tan rápido que tuvo que afrontar después una denuncia de uno de los imputados, Fernando Lisse, ex titular de Yacimientos Carboníferos Fiscales, por violación de secreto. Enterado de la respuesta de uno de los funcionarios que actuaba bajo las órdenes de De Vido, Stornelli la definió con apenas dos palabras que llevan su sello: “Una pedorrada”. “Eso no es violación de secretos. La causa no estaba en secreto y las partes retiraron copia del juzgado”, le dijo a Letra P el fiscal federal.

Sin embargo, el juez Luis Rodríguez –que rechazó el desafuero, la indagatoria y la detención del ex ministro por falta de elementos- consideró que al imputado “le asiste la razón” debido a que la denuncia llegó a Comodoro Py a las 7.45 de la mañana del martes 4 y saltó a los medios sin que las partes hubieran podido acceder al expediente.

En realidad, la causa había sido difundida con detalle en televisión la noche anterior. Sería un milagro que la denuncia del abogado Adrián Albor tenga eco en tribunales. Implicaría que Stornelli fuera penado con hasta dos años de prisión e inhabilitación para ejercer su cargo por un período de entre uno y cuatro años. El fiscal estaba apurado porque venía la feria judicial y quiso darle una mano a su amigo Macri porque veía que Cristina Kirchner está creciendo en las encuestas. Además, si usted quiere detener a una persona, ¿se lo hace saber a la prensa?”, pregunta Albor.

El modus operandi que rige en Comodoro Py es un tema menor si se lo compara con lo que Stornelli considera una “gigantesca defraudación”, un proyecto que resurgió a partir de la muerte de 14 mineros en 2004 y que funcionaba como un gigantesco ministerio en el que se invertían partidas que alcanzaban para pagar sueldos pero que se mantuvo a años luz de la meta oficial: producir más de un millón de toneladas de carbón.

Basado en un informe de la SIGEN, el fiscal puso la lupa sobre las desvíos de 265 millones de pesos que habría cometido el ex superministro con la ayuda de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Río Gallegos. Pero, a esta altura de la función -con la escena de José López y las monjas convertida en piso del escándalo-, para el kirchnerismo parecen balas de cebita. 

 

 

ANTI MENEM, PRO MACRI. Aunque pocos se detengan en ese dato, el impulso procesal que Stornelli le dio a la causa que fue iniciada en 2016 ilustra, tal vez más que nada, la transformación del ex jefe de Seguridad de Boca Juniors. Lejos parece haber quedado el tiempo en que el fiscal complicaba con sus investigaciones al gobierno de turno. Casi un cuarto de siglo después de haber arribado a los tribunales de Retiro, el hijo de un teniente coronel que fue interventor de Radio Belgrano durante la última dictadura militar ya no investiga al Presidente, como en los tiempos del menemismo, ni complica a miembros notorios de su gabinete, como durante el kirchnerismo.

Nacido en Flores hace 57 años, votante de la Ucedé universitaria en la Facultad de Derecho y del presidente Fernando De la Rúa después, el inicial “Storbelli” -como lo bautizaron con gracia en los despachos oficiales de los años noventa- ya dio la vuelta al mundo de la política.

En 1995, destapó la causa por la venta de armas a Ecuador y Croacia e investigó al actual senador riojano por sus cuentas en Suiza, pese a que en aquel peronismo lo trataban de ingrato y le facturaban haber llegado a tribunales de la mano del entonces secretario de Justicia, César Arias. Por esos días, su esposa Claudia -hija del ministro de Trabajo de Jorge Rafael Videla, Llamil Reston- trabajaba para el ministro del Interior, Carlos Corach. La abogada Restón también cumplió funciones durante el kirchnerismo dentro de la Secretaría Legal y Técnica de Presidencia –hasta 2009- y en la actualidad se desempeña a las órdenes del ministro de Justicia, Germán Garavano, como directora de Asesoramiento Especializado dentro de la Dirección de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Justicia. Reston padre, el suegro de Stornelli, fue procesado en 2010 por delitos de lesa humanidad.

Quizás fue el espanto ante el kirchnerismo, quizás su paso amargo por el experimento sciolista en la provincia o quizás la muerte del fiscal Alberto Nisman –ante la cual advirtió que era “el primero” de una lista-, lo cierto es que Stornelli sintoniza bien con las pretensiones del nuevo oficialismo. La relación con Macri lleva por lo menos 15 años. Tanto, que ya en 2003 el entonces presidente de Boca lo había tentado con formar parte del eventual gabinete de un gobierno que tardaría cuatro años más en convertirse en realidad. Ya entonces frecuentaba el búnker de campaña de Mauricio y fantaseaba, al mismo tiempo, con sucederlo en el club de la ribera. El futuro alcalde lo imaginaba, en cambio, como procurador de la Ciudad.

Su fanatismo por Boca le permitió acceder, en 2007, a la Comisión Directiva del club. Stornelli llegó como parte de una comitiva que integraban otros destacados miembros de la familia judicial, como el juez Ariel Lijo, los fiscales Raúl Plée y Gerardo Pollicita y el actual candidato a diputado bonaerense de Cambiemos Guillermo Montenegro. Todos, comandados por un xeneize apasionado como Darío Richarte, vicepresidente tercero del club y número 2 de la SIDE en tiempos de De la Rúa. Bajo la presidencia de Daniel Angelici, Stornelli siguió siendo parte del tronco macrista en el club, fue vocal titular de la Comisión Directiva y afianzó un vínculo con el presidente de Boca que –según dicen- incluyó viajes al exterior.

 

 

LA SEGURIDAD CON SCIOLI. Pese a su afinidad con el macrismo, Stornelli debutó en política como parte del primer gabinete de Scioli. El ex motonauta lo designó ministro de Seguridad en un tiempo en el que los secuestros extorsivos ganaban la tapa de los diarios. El fiscal complicaba en aquellos años al kirchnerismo con causas como el caso Skanska y accedería al curioso privilegio de que un diálogo suyo con Aníbal Fernández quedara inmortalizado en un decreto publicado en el Boletín Oficial. “A Ulloa y a Madaro me los llevo puestos”, le habría anticipado Stornelli al entonces ministro del Interior. Ya entonces, la figura de De Vido sobrevolaba el caso que ocupaba al fiscal.

De su gestión en la cartera de Seguridad no es mucho lo que se recuerda. En el sciolismo afirman que incorporó tecnología y equipamiento a la Bonaerense pero le facturan que no atendía a los intendentes del conurbano y se manejaba al estilo de Comodoro Py, sin rendir cuentas. Para sus funciones, designó como asesora a Soledad Spinetto, la esposa del líder de la barra brava de Boca, Rafael Di Zeo, por entonces preso en Ezeiza.

Su renuncia fue interpretada por la oposición como parte del fracaso en la lucha contra la inseguridad y la inacción ante las protestas de vecinos en localidades como Wilde. Sin embargo, su gestión de tres años quedó asociada a dos casos: el de la familia Pomar, que apareció muerta después de 24 días desaparecida a un costado de la ruta en la que la buscaban, y el de Luciano Arruga, asesinado en 2009 por efectivos de la Bonaerense que ocultaron el cuerpo. Stornelli, que había pasado a disponibilidad a ocho policías que estaban involucrados en la muerte del chico de 16 años, los reincorporó tres meses después en otras dependencias.

LA SEGURIDAD CON DI ZEO. Siempre atento a la vida interna de Boca, abril de 2012 fue el momento en que el fiscal federal asumió su compromiso mayor con el club de sus amores. Por pedido de su amigo Angelici, se hizo cargo del Departamento de Estadio y Seguridad Deportiva. Ya Di Zeo estaba en libertad: se habían conocido bastante tiempo antes. Tanto, que el fiscal había asistido a la fiesta de casamiento con Soledad Spinetto. Aunque cuando la nombró en la provincia de Buenos Aires había argumentado que no le importaba con quién estaba casada, Stornelli admitiría después que el jefe de La Doce era su amigo y no tenía por qué ocultarlo.

Allí, Stornelli eligió como su segundo al también fiscal Raúl Pleé, denunciado por demorar la investigación del atentado a la AMIA.

Los vínculos del fiscal con la barra brava quedaron expuestos durante la filmación de un documental para la televisión española, cuando  Di Zeo se jacta en cámara de haber recibido un llamado de Stornelli. “A él, que tiene prohibido entrar al campo, le llama el jefe de Seguridad del campo”, afirma el periodista que dialoga con Di Zeo. En otro tramo del documental el que habla es Pleé y dice: “Ellos tiene una marca (La 12) y supongo que, como cualquier dueño de marca, la comercializan. (Con esa marca) ellos financian sus viajes para seguir al club, o lo que fuere”.

Un tiempo después, Stornelli alardeó de que el jefe de la Doce no había aparecido nunca por el club mientras él estaba a cargo de la seguridad. Claro, no hacía falta.

Consultado para esta nota, el fiscal federal que investiga a De Vido le aseguró a Letra P que ya no tiene relación con Boca. El tiempo dirá si esta vez lo que dice es cierto.