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La canciller renunciante estará en Washington, para una reunión de la OEA por Venezuela, y en París, para la cumbre da la OCDE. Las “vendettas” irresueltas por Maduro y Sala. Euforia “ruckaufista”.
Redacción 30/05/2017 21:05

A Susana Malcorra le restan 13 días al frente del cargo de Canciller de la República Argentina. Antes de dejarlo en manos de su sucesor Jorge Faurie (en un traspaso previsto para el 12 de junio) la titular del Palacio San Martin tendrá dos viajes al exterior. El primero se concretará este miércoles 31, cuando llegue a Washington para participar de la 29ª reunión de consulta de ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA) sobre la situación en Venezuela.  La cita girará en torno a la situación en la república Bolivariana, pero será la última vez que Malcorra intervenga en los debates que se realizan dentro del Salón de las Américas sobre el futuro del gobierno de Nicolás Maduro, que ya decidió abandonar ese organismo, aunque su partida formal se concretará en 2019.

Antes de preparar las valijas para su última visita oficial a Washington, Malcorra almorzó este martes con Faurie para organizar la transición que se avecina, con algunas definiciones clave por delante, como la designación del próximo embajador argentino en Washington, que tendrá en sus manos la administración de la relación del presidente Mauricio Macri con su par Donald Trump. La llegada de un diplomático de carrera a la jefatura del Palacio San Martín preanuncia el nombramiento de otro profesional del Servicio Exterior al frente de la residencia que ocupó el renunciante Martín Lousteau hasta hace un mes.

“Luego del fracaso en las gestiones de (el jefe de Gabinete Marcos) Peña para designarlo a Alfonso (Prat Gay) en ese cargo, han sido virtualmente descartadas las opciones para un embajador político. Todo es posible, pero ya hay una terna de tres postulantes de carrera”, explicó a Letra P una fuente del Palacio San Martin poco después de la foto que Malcorra se sacó con su designado sucesor y que difundió desde su cuenta de twitter. “Recibí a Jorge Faurie para empezar una transición ordenada. Él será canciller a partir del 12 de junio”, informó la ministra renunciante. Otras fuentes del mismo ministerio consideraron la apuesta de un próximo diplomático de carrera en Estados Unidos como "una expresión de deseos de lo que quiere Malcorra" y reanimó las especulaciones sobre un representante político designado por Macri, que debería afrontar un año escarpado en la comisión de acuerdos del Senado para contar con la nominación correspondientre. 

“Fue una reunión del equipo para que Faurie se vaya poniendo al tanto de todos los temas”, indicó otra fuente que pronosticó “una agenda de muy bajo perfil” para Malcorra hasta que deje el cargo. La segunda travesía será con destino a París, para participar el 6 y 7 de junio de la próxima cumbre de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde la administración de Macri aspira formar parte antes de la realización de la próxima cumbre del G-20.  

Los dos últimos viajes que realizará la ministra saliente, sucederán en medio de despedidas que comenzaron este lunes, apenas Macri y Peña oficializaron la partida “por razones personales” de la Canciller. Sin embargo, al calor de los saludos, también laten los interrogantes sobre las razones políticas de la inesperada eyección.

INTERNAS SILENCIOSAS. La inflexión más determinante que vivió Malcorra durante su gestión como ministra ocurrió antes de fin de año, cuando quedó afuera de la carrera para suceder al entonces secretario General de la ONU Ban-Ki Moon. Desde aquellos días comenzaron a circular versiones sobre su partida del cargo, aunque la propia ministra se encargó de relanzar su gestión en medio de rumores sobre la finalización de su tarea en Buenos Aires.

Quienes celebran la partida de Malcorra dentro del Palacio San Martin, son embajadores de carrera, muchos de ellos pertenecientes a “la era dorada” del menemismo, durante los diez años en que Guido Di Tella fue Canciller. De esas filas proviene el actual secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Fulvio Pompeo, un ex diplomático que tuvo cargos durante el menemismo y también durante el interinato de Eduardo Duhalde. En 2002 el ex gobernador bonaerense Carlos Ruckauf detentó el cargo de Canciller y designó a Faurie como vice, hasta que fue acusado por la Oficina Anticorrupción de omitir en forma maliciosa su participación en una sociedad con Ramón Hernández, el ex secretario privado del mandatario riojano . No fue todo: el olvido de la participación en una S.R.L. fue la previa para otorgarle un pasaporte diplomático, que Hernández habría aprovechado cuatro años por encima del final de su función pública. El salvoconducto le habría servido a “Ramoncito” para preservarse de las acusaciones en su contra de contar con varias cuentas cifradas en Suiza.

Tanto Pompeo como Faurie compartieron las mieles de las relaciones carnales con Estados Unidos durante el menemismo, y también los momentos traumáticos en 2002, hasta que el flamante Canciller fue nombrado como embajador en Portugal para alejarlo del escándaño. Estuvo en Lisboa por casi 12 años.

Otro diplomático que celebra la partida de Malcorra es el embajador en China y Mongolia Diego Guelar, que hace diez días recibió al Presidente en una visita oficial cuyos resultados negativos le endilgan a la ministra. En su entorno sostienen todo lo contrario, y le cargan las culpas al embajador, que también cumplió un rol preponderante en el menemismo como jefe de la representación en Washington.

En medio de esos cruces, quedaron otros dos temas calientes bajo la alfombra de “las razones personales”. Uno de ellos tiene que ver con Venezuela, porque el entorno del Presidente le cuestiona a Malcorra “tibieza” y “demasiada formalidad” en la relación con Maduro desde que la funcionaria se negó a aplicar la Carta Democrática de la OEA para sancionar al país caribeño. El otro, es la posición del Palacio San Martín respecto a la detención política de la líder de la Tupac Amaru Milagro Sala, que este miércoles cumplió 500 días de prisión en Jujuy, duramente cuestionada por organismos internacionales de Derechos Humanos y de la ONU. Las críticas que resonaron en la cartera de Relaciones Exteriores incluyeron la partida del representante especial para Derechos Humanos Leandro Despouy y duros reproches del polémico gobernador jujeño Gerardo Morales contra la ministra que, en reserva, sigue criticando la detención política.