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Para Marcos no hay paraíso: se cayó la reunión con la Curia que remó durante un mes

Tenía cita este martes con los apóstoles de Bergoglio. Peña milita sin éxito el deshielo con el papa. Pero no hay perdón para él. El soldado de Francisco que juega con Vidal y sazona la interna PRO.
Por 11/07/2018 11:30

La reunión estaba agendada desde la semana pasada. Marcos Peña iba a tener finalmente su encuentro con la cúpula del Episcopado el martes 10 de julio, a las 17.30, en la sede de Suipacha 1034. En busca de lograr un acercamiento que resulta más arduo de lo que quisiera, el jefe de Gabinete iba a visitar a la nueva conducción de la Iglesia que el papa Francisco talló a su imagen y semejanza, a fines de noviembre pasado.

El encuentro, que se manejaba en reserva, iba a concretarse después de varias semanas de aprontes y negociaciones. Con el debate sobre el aborto legal y la situación social como ejes de una distancia profunda, la Casa Rosada quería dar un paso para distender un clima frío y cortante que emana de las alturas vaticanas.


 

 

De la cita con el presidente del Episcopado, Oscar Ojea, y el titular de la Pastoral Social, Jorge Lugones, iban a participar Peña, Santiago De Estrada -en uno de sus últimos actos de gestión- y su inminente sucesor Alfredo Abriani, un abogado católico del PRO que responde a Peña.

La información fue imprecisa y contradictoria, pero entre los invitados estaban puntales del diálogo con la Iglesia, como el amigo del papa Jorge Triaca, la ministra Carolina Stanley y el misionero Mario Quintana. En los círculos eclesiásticos, se mencionaba, incluso, que estaría presente Nicolás Dujovne después de su viaje relámpago a Manhattan para calmar inversores. Joven manos de tijera, el ministro de Hacienda tenía la responsabilidad de relatar el detalle del compromiso del Fondo Monetario para no tocar partidas sociales. 

Pero el fin de semana algo se rompió y la reunión se suspendió sin fecha a último momento. Desde el Gobierno, dos fuentes confirmaron a Letra P que el encuentro iba a realizarse, pero finalmente se truncó. En la Casa Rosada, reconocen que el fin de semana fue más complicado de lo que se esperaba, con cruces renovados y dardos que la Iglesia envió desde Luján, La Plata y Tucumán.


 

 

PAPA NO SERMONEES. ¿Quién suspendió la audiencia? ¿Por qué? No está claro, pero sobran motivos para la frialdad de la curia con el gobierno de los CEOs.

El primero es el de un Presidente monitoreado por el Fondo que acelera con el ajuste pese a la recesión que arranca con caída del poder adquisitivo, baja en el consumo y pérdida de puestos de trabajo.

El segundo es el debate por el aborto legal, que saca de quicio a la Curia y a Francisco. El fin de semana se sumaron nuevos elementos que incrementaron el recelo de los Obispos. Los disgustos comenzaron con la decisión de Macri de ausentarse del Tedeum en la Catedral de San Miguel de Tucumán para ahorrarse el sermón del arzobispo Carlos Sánchez, en un gesto que -pese a las diferencias abismales- recuerda a la costumbre de Néstor Kirchner en sus cuatro años de mandato.

 

Militante PRO vida. La gobernadora, en el tedéum de monseñor Tucho, con cotillón anti aborto.

 

El tercero fue el mensaje del arzobispo de La Plata, Víctor “Tucho “Fernández, un religioso que responde de manera directa a Jorge Bergoglio desde que fue erigido como rector de la UCA y habló sin eufemismos frente a María Eugenia Vidal. La gobernadora -que recibirá al cura mayor de La Plata este miércoles- actuó naturalidad cuando posó con el pañuelo celeste pero está claro que está en la lista de las figuras del oficialismo que aún tienen las puertas abiertas. No obstante eso, su visita junto a Stanley y Federico Salvai, el mes pasado en el Vaticano, no se distinguió por los guiños de cordialidad y el encuentro de la Pastoral Social terminó con un reto de Lugones, que le reclamó al oficialismo por su falta de sensibilidad.


 

 

SOLDADO DE FRANCISCO. De 55 años, nacido en Córdoba y con un paso como presidente de la Sociedad Argentina de Teología, Fernández es, para muchos, el más leal de los obispos argentinos que responde al papa.

Dueño de un pectoral con la imagen del Buen Pastor que le regaló el propio Bergoglio, fue nombrado obispo sin sede por el Cardenal Primado de la Argentina y después designado nada menos que como rector de la UCA.

Además, fue la mano derecha del jesuita en la comisión que redactó el fundamental documento de Aparecida, en 2006. Allí, estaba el germen tercermundista del Francisco que sorprendió a los argentinos y al mundo. Ya desembarcado en el Vaticano, el arzobispo de La Plata fue designado arzobispo de Tiburnia y colaboró con el papa en la redacción de la encíclica Evangelii Gaudium.

 

 

En un discurso que no tendría nada que envidiarle al de su ultramontano antecesor Héctor Aguer -adversario histórico del cardenal-, Fernández habló de los niños por nacer a los que en 1998 Carlos Menem les dedicó un día feriado en el calendario, el 25 de marzo. “Los derechos humanos se defienden en cualquier circunstancia; ese ser humano tiene un valor que no es negociable. Si no se negocia el valor de un ser humano, entonces sí podemos defender a fondo los derechos humanos siempre y más allá de cualquier circunstancia. Pero, si hoy le niego un derecho porque es discapacitado, mañana se lo niego porque es negro, después se lo niego porque tiene menos de 14 semanas. Entonces... ¿qué fundamentos quedan para los derechos humanos? Siempre habrá alguna excusa para hacer desaparecer al que molesta”.

 

Con elogios a Tabaré Vázquez, monseñor Fernández insinuó, además, que Macri debería vetar la despenalización del aborto, si finalmente se aprueba el 8 de agosto en el Senado. Y fue Peña el encargado de rechazar esa pretensión en una improvisada conferencia de prensa en Casa Rosada.


 

 

Pero no fue lo único que dijo. Fernández se quejó de la devaluación que está licuando ahorros y salarios y, casi como contracara de la tesis de Jaime Durán Barba, se dedicó a reivindicar a la política, hizo mención explícita al radicalismo y al peronismo y planteó la necesidad de los acuerdos. “Miremos concretamente los dos partidos políticos ya clásicos en Argentina. El radicalismo, acentuando los valores cívicos y republicanos y la educación pública. El justicialismo, destacando los derechos sociales y comprendiendo la cultura popular. ¿Cómo no podrían enriquecerse mutuamente sin negar el núcleo más valioso del otro?”, dijo. Un modelo exactamente inverso al que propone el macrismo en el poder, con ínfulas de refundación.

LA HEREJÍA DE MARCOS. La reunión que se suspendió entre el Gobierno y la Iglesia tendrá que esperar que se aplaquen los ánimos, algo que nadie puede prometer. Desde la Casa Rosada, deslizaron a Letra P que el encuentro postergado ya tiene una nueva fecha, pero no ofrecieron precisiones y fuentes ligadas a la Iglesia aseguraron que todavía no hay nada confirmado. 


 

 

Nadie lo oculta. El problema de Francisco y de la jefatura de la Iglesia que le responde no es con Stanley ni con Quintana ni con Triaca. Las diferencias son con Peña, al que el memorioso Francisco no perdona sus intervenciones más o menos sigilosas.

Los que se amparan en las sotanas del papa señalan al funcionario principal de Macri como uno de los instigadores de todas las operaciones de prensa en contra del pontífice. Los primeros años del macrismo en el poder combinaron el rostro pétreo de Su Santidad después de la primera visita del nuevo presidente con los cruces públicos por los fondos de la Iglesia que subsidia el Estado argentino y las acusaciones de Margarita Barrientos sobre destrato en el Vaticano. Todo está guardado en la memoria del jesuita.

 

 

Como contó Letra P en diciembre pasado, Peña hizo un intento personal para acercar posiciones con el Sumo Pontífice. El disco rígido presidencial buscó tender un puente directo con Francisco vía mail con el objetivo de iniciar el deshielo entre el Vaticano y el macrismo. La misión era entonces ambiciosa: lograr que el papa se dignara a visitar su país este año, después de haber sobrevolado la región en el 2017 electoral sin hacer pie en Argentina. No pudo ser. Peña persiste ahora con un propósito más modesto: impedir que la Iglesia funcione como eje aglutinador de una oposición amplia y diversa en la que confluyen el sindicalismo, los movimientos sociales y el peronismo.

Más allá de que el jefe de Gabinete se pronunció ahora en contra de la despenalización del aborto en línea con el Presidente y se enrola en el ala conservadora del Gobierno, a Peña no le anotan ni eso a su favor. Destacan, en cambio, la posición de su esposa, Luciana Mantero, que pronunció en línea con el reclamo del movimiento feminista. Eso también, aunque no lo digan públicamente, juzgan mal en las alturas vaticanas.

Para Marcos no hay paraíso: se cayó la reunión con la Curia que remó durante un mes

Tenía cita este martes con los apóstoles de Bergoglio. Peña milita sin éxito el deshielo con el papa. Pero no hay perdón para él. El soldado de Francisco que juega con Vidal y sazona la interna PRO.

La reunión estaba agendada desde la semana pasada. Marcos Peña iba a tener finalmente su encuentro con la cúpula del Episcopado el martes 10 de julio, a las 17.30, en la sede de Suipacha 1034. En busca de lograr un acercamiento que resulta más arduo de lo que quisiera, el jefe de Gabinete iba a visitar a la nueva conducción de la Iglesia que el papa Francisco talló a su imagen y semejanza, a fines de noviembre pasado.

El encuentro, que se manejaba en reserva, iba a concretarse después de varias semanas de aprontes y negociaciones. Con el debate sobre el aborto legal y la situación social como ejes de una distancia profunda, la Casa Rosada quería dar un paso para distender un clima frío y cortante que emana de las alturas vaticanas.


 

 

De la cita con el presidente del Episcopado, Oscar Ojea, y el titular de la Pastoral Social, Jorge Lugones, iban a participar Peña, Santiago De Estrada -en uno de sus últimos actos de gestión- y su inminente sucesor Alfredo Abriani, un abogado católico del PRO que responde a Peña.

La información fue imprecisa y contradictoria, pero entre los invitados estaban puntales del diálogo con la Iglesia, como el amigo del papa Jorge Triaca, la ministra Carolina Stanley y el misionero Mario Quintana. En los círculos eclesiásticos, se mencionaba, incluso, que estaría presente Nicolás Dujovne después de su viaje relámpago a Manhattan para calmar inversores. Joven manos de tijera, el ministro de Hacienda tenía la responsabilidad de relatar el detalle del compromiso del Fondo Monetario para no tocar partidas sociales. 

Pero el fin de semana algo se rompió y la reunión se suspendió sin fecha a último momento. Desde el Gobierno, dos fuentes confirmaron a Letra P que el encuentro iba a realizarse, pero finalmente se truncó. En la Casa Rosada, reconocen que el fin de semana fue más complicado de lo que se esperaba, con cruces renovados y dardos que la Iglesia envió desde Luján, La Plata y Tucumán.


 

 

PAPA NO SERMONEES. ¿Quién suspendió la audiencia? ¿Por qué? No está claro, pero sobran motivos para la frialdad de la curia con el gobierno de los CEOs.

El primero es el de un Presidente monitoreado por el Fondo que acelera con el ajuste pese a la recesión que arranca con caída del poder adquisitivo, baja en el consumo y pérdida de puestos de trabajo.

El segundo es el debate por el aborto legal, que saca de quicio a la Curia y a Francisco. El fin de semana se sumaron nuevos elementos que incrementaron el recelo de los Obispos. Los disgustos comenzaron con la decisión de Macri de ausentarse del Tedeum en la Catedral de San Miguel de Tucumán para ahorrarse el sermón del arzobispo Carlos Sánchez, en un gesto que -pese a las diferencias abismales- recuerda a la costumbre de Néstor Kirchner en sus cuatro años de mandato.

 

Militante PRO vida. La gobernadora, en el tedéum de monseñor Tucho, con cotillón anti aborto.

 

El tercero fue el mensaje del arzobispo de La Plata, Víctor “Tucho “Fernández, un religioso que responde de manera directa a Jorge Bergoglio desde que fue erigido como rector de la UCA y habló sin eufemismos frente a María Eugenia Vidal. La gobernadora -que recibirá al cura mayor de La Plata este miércoles- actuó naturalidad cuando posó con el pañuelo celeste pero está claro que está en la lista de las figuras del oficialismo que aún tienen las puertas abiertas. No obstante eso, su visita junto a Stanley y Federico Salvai, el mes pasado en el Vaticano, no se distinguió por los guiños de cordialidad y el encuentro de la Pastoral Social terminó con un reto de Lugones, que le reclamó al oficialismo por su falta de sensibilidad.


 

 

SOLDADO DE FRANCISCO. De 55 años, nacido en Córdoba y con un paso como presidente de la Sociedad Argentina de Teología, Fernández es, para muchos, el más leal de los obispos argentinos que responde al papa.

Dueño de un pectoral con la imagen del Buen Pastor que le regaló el propio Bergoglio, fue nombrado obispo sin sede por el Cardenal Primado de la Argentina y después designado nada menos que como rector de la UCA.

Además, fue la mano derecha del jesuita en la comisión que redactó el fundamental documento de Aparecida, en 2006. Allí, estaba el germen tercermundista del Francisco que sorprendió a los argentinos y al mundo. Ya desembarcado en el Vaticano, el arzobispo de La Plata fue designado arzobispo de Tiburnia y colaboró con el papa en la redacción de la encíclica Evangelii Gaudium.

 

 

En un discurso que no tendría nada que envidiarle al de su ultramontano antecesor Héctor Aguer -adversario histórico del cardenal-, Fernández habló de los niños por nacer a los que en 1998 Carlos Menem les dedicó un día feriado en el calendario, el 25 de marzo. “Los derechos humanos se defienden en cualquier circunstancia; ese ser humano tiene un valor que no es negociable. Si no se negocia el valor de un ser humano, entonces sí podemos defender a fondo los derechos humanos siempre y más allá de cualquier circunstancia. Pero, si hoy le niego un derecho porque es discapacitado, mañana se lo niego porque es negro, después se lo niego porque tiene menos de 14 semanas. Entonces... ¿qué fundamentos quedan para los derechos humanos? Siempre habrá alguna excusa para hacer desaparecer al que molesta”.

 

Con elogios a Tabaré Vázquez, monseñor Fernández insinuó, además, que Macri debería vetar la despenalización del aborto, si finalmente se aprueba el 8 de agosto en el Senado. Y fue Peña el encargado de rechazar esa pretensión en una improvisada conferencia de prensa en Casa Rosada.


 

 

Pero no fue lo único que dijo. Fernández se quejó de la devaluación que está licuando ahorros y salarios y, casi como contracara de la tesis de Jaime Durán Barba, se dedicó a reivindicar a la política, hizo mención explícita al radicalismo y al peronismo y planteó la necesidad de los acuerdos. “Miremos concretamente los dos partidos políticos ya clásicos en Argentina. El radicalismo, acentuando los valores cívicos y republicanos y la educación pública. El justicialismo, destacando los derechos sociales y comprendiendo la cultura popular. ¿Cómo no podrían enriquecerse mutuamente sin negar el núcleo más valioso del otro?”, dijo. Un modelo exactamente inverso al que propone el macrismo en el poder, con ínfulas de refundación.

LA HEREJÍA DE MARCOS. La reunión que se suspendió entre el Gobierno y la Iglesia tendrá que esperar que se aplaquen los ánimos, algo que nadie puede prometer. Desde la Casa Rosada, deslizaron a Letra P que el encuentro postergado ya tiene una nueva fecha, pero no ofrecieron precisiones y fuentes ligadas a la Iglesia aseguraron que todavía no hay nada confirmado. 


 

 

Nadie lo oculta. El problema de Francisco y de la jefatura de la Iglesia que le responde no es con Stanley ni con Quintana ni con Triaca. Las diferencias son con Peña, al que el memorioso Francisco no perdona sus intervenciones más o menos sigilosas.

Los que se amparan en las sotanas del papa señalan al funcionario principal de Macri como uno de los instigadores de todas las operaciones de prensa en contra del pontífice. Los primeros años del macrismo en el poder combinaron el rostro pétreo de Su Santidad después de la primera visita del nuevo presidente con los cruces públicos por los fondos de la Iglesia que subsidia el Estado argentino y las acusaciones de Margarita Barrientos sobre destrato en el Vaticano. Todo está guardado en la memoria del jesuita.

 

 

Como contó Letra P en diciembre pasado, Peña hizo un intento personal para acercar posiciones con el Sumo Pontífice. El disco rígido presidencial buscó tender un puente directo con Francisco vía mail con el objetivo de iniciar el deshielo entre el Vaticano y el macrismo. La misión era entonces ambiciosa: lograr que el papa se dignara a visitar su país este año, después de haber sobrevolado la región en el 2017 electoral sin hacer pie en Argentina. No pudo ser. Peña persiste ahora con un propósito más modesto: impedir que la Iglesia funcione como eje aglutinador de una oposición amplia y diversa en la que confluyen el sindicalismo, los movimientos sociales y el peronismo.

Más allá de que el jefe de Gabinete se pronunció ahora en contra de la despenalización del aborto en línea con el Presidente y se enrola en el ala conservadora del Gobierno, a Peña no le anotan ni eso a su favor. Destacan, en cambio, la posición de su esposa, Luciana Mantero, que pronunció en línea con el reclamo del movimiento feminista. Eso también, aunque no lo digan públicamente, juzgan mal en las alturas vaticanas.