21|11|2021

05 de abril de 2018

05 de abril de 2018

Refugiada en el perfil bajo, reconstruye relaciones (Moyano, A.Fernandez, ¿Massa?) y manda a trabajar por la unidad. Consciente de que pierde con Macri, dice que no será candidata, pero… El Plan B.A.

Llama por teléfono para recomponer viejas relaciones. Está informada, pide opiniones que antes ignoraba, ordena apoyar los movimientos que la trascienden y preserva el perfil bajo. Cristina Fernández de Kirchner sigue rodeada por un núcleo duro de incondicionales que la escuchan y atienden sus deseos. Pero la primera derrota electoral de su vida y la posibilidad de que Mauricio Macri extienda su contrato de alquiler en la Casa Rosada la llevaron a cambiar. Según algunos, hasta niveles sorprendentes.

 

A más de cinco meses de las elecciones generales que la dejaron por detrás de Esteban Bullrich en la provincia de Buenos Aires, la ex presidenta repite el mismo mensaje ante todos sus interlocutores: pide apostar a la unidad más amplia y reitera que no piensa ser candidata en 2019. Lo mismo decía en 2017 y terminó siendo. Pero su explicación -creíble o no- es la misma: se lo pidieron y, por eso, hizo un esfuerzo que incluyó el sacrificio de morder el polvo. 

 

Después de obtener tres millones y medio de votos en la tierra de María Eugenia Vidal, Cristina regresó al Senado con perfil bajo y más ausencias que actuaciones destacadas. Incómoda en un ámbito que domina Miguel Angel Pichetto en alianza con Cambiemos, no puede reeditar la fortaleza en el recinto que llegó a exhibir cuando Néstor Kirchner gobernaba Santa Cruz y se proyectaba a nivel nacional. 

 

21F. Máximo Kirchner se mostró (todo lo que pudo) en la marcha de Moyano. 

 

 

Según pudo reconstruir Letra P, a partir de la consulta con personas de su íntima confianza, la ex presidenta recibe informes periódicos sobre la marcha de la economía y sobre los movimientos en la Justicia. Axel Kicillof y Eugenio Zaffaroni la orientan de manera permanente. Con incursiones repetidas en La Matanza y los últimos territorios blindados de la provincia, Máximo Kirchner sigue siendo su principal embajador. Leopoldo Moreau es un abonado a las tertulias en el Instituto Patria y Oscar Parrilli conserva el rol distinguido que tiene desde hace tiempo a su lado. Pero, por primera vez en mucho tiempo, los contactos ya no se limitan a ellos. El último que recibió un llamado y la volvió a ver fue Esteban Righi, el ex procurador general de la Nación que se fue eyectado de su cargo en tiempos del todopoderoso Amado Boudou.

 

CFK regresó de su fin de semana largo en El Calafate a la misma hora en que Luis Caputo rendía examen en el Congreso sobre sus empresas offshore y el vertiginoso crecimiento de la deuda externa argentina. Separados al nacer, “Toto” quizás no conozca a Cristina, pero no haría mal en agradecerle la ofrenda del país desendeudado que recibió del gobierno de los “pagadores seriales”.

 

 

Con el líder de Podemos, Pablo Iglesias.

 

 

Tras recibir a Pablo Iglesias en el Sur, la ex presidenta fue entrevistada por su amigo Rafael Correa en el Patria. Es la esfera en la que prefiere mostrarse, lejos de la puja de la política cotidiana, de las declaraciones y de la guerra de posiciones hacia 2019.

 

Eso no quiere decir que no esté activa, afirman a su lado. En los últimos dos meses, recompuso la relación con dos viejos aliados con los que se había enemistado de manera encarnizada: Hugo Moyano y Alberto Fernández. Las paces con el jefe camionero quedaron escenificadas durante la marcha del 21F, en el encuentro del PJ bonaerense y en la convocatoria de Alberto Rodríguez Saá en San Luis. Al lado de la ex presidenta, afirman que existió un encuentro reservado con el presidente de Independiente, algo que -de ser cierto- no sucedía desde hacía más de siete años.

 

También con el ex jefe de Gabinete el diálogo se volvió frecuente. Se reencontraron a principios de febrero, como publicó el periodista Diego Schurman en Infobae, y, desde entonces, hablan una o dos veces por semana. Fernández es el principal animador del grupo de dirigentes que se reunieron en la UMET en febrero pasado, con un llamado a la unidad. 

 

 

 

La amplitud de la nueva Cristina incluye también el intento de repatriar al más devaluado Sergio Massa, el único rebelde que se fue del kirchnerismo para doblegarlo en las urnas, hace ya casi cinco años. Pese a que el ex intendente de Tigre ya no asuste a nadie y la ex presidenta ahora se muestre comprensiva, Massa camina hacia las filas de Miguel Ángel Pichetto guiado por Graciela Camaño. Sin embargo, el “traidor” de 2013 hoy tiene las puertas abiertas.

 

EL LÍMITE DE TODOS. El encuentro de Gualeguaychú organizado por Pichetto no tendrá a los gobernadores como columna vertebral. Aunque el jefe de senadores del PJ reitera que no estaban invitados, sólo los mandatarios provinciales podrían darle entidad al espacio del peronismo antikirchnerista.

 

Condicionados por la dependencia de la Casa Rosada, los gobernadores del Norte sufren, además, cuando miran encuestas. Según tres sondeos recientes de consultores que trabajan para el PJ, Cristina oscila entre los 40 y los 45 puntos de intención de voto en provincias como Chaco, Misiones, Formosa, Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan y San Luis. Es una cifra muy alta que contrasta con su poderío en las grandes ciudades y la zona núcleo donde nació la resistencia de base sojera contra el kirchnerismo: Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y el interior de Buenos Aires, donde la intención de voto está entre los 20 y los 25 puntos y el rechazo a la figura de CFK es el más alto.

 

La fortaleza mayor de lo que fue Unidad Ciudadana en 2017 está en el Gran Rosario y, sobre todo, el Gran Buenos Aires, donde mide entre 38 y 40% en intención de voto. Poco comparado con el apogeo del kirchnerismo y mucho en relación a cualquier otro candidato opositor, la ex presidenta sigue siendo la postulante ligada al peronismo que más votos cosecha en todo el país. Su límite es bien concreto: todas las encuestas coinciden en que pierde con Macri a la hora de un eventual ballotage.

 

 

El G7 del peronismo: los Corea del Centro que buscan unidad completa del PJ.

 

 

Como parte del grupo que anima la unidad de todo el peronismo, el grupo que incluye a Alberto Fernández, Agustín Rossi, Felipe Solá y Fernando “Chino” Navarro viajará el 9 de abril a Catamarca. Ese día, la gobernadora Lucía Corpacci abrirá las puertas a la delegación que intenta la confluencia de todas las tribus de lo que se llamó Frente para la Victoria. Será el primer acercamiento con un mandatario provincial, más allá de Alberto Rodríguez Saá, el creador de la marca “Hay 2019”. Después, vendrán Mendoza, Neuquén y Río Negro. “Cristina no tiene que sumar a nadie, Cristina tiene que convivir a todos. Es la que tiene más votos, pero también es una más, porque no está en condiciones de conducir”, le dijo Fernández a Letra P.

 

¿POSCRISTINISMO? Igual que en la campaña de 2017, la ex presidenta afirma en privado que el macrismo tiene un blindaje inigualable, con el respaldo del poder económico, el poder político y el poder mediático. Pero su tesis es que la onda verde se va a cortar antes de las presidenciales, resentida por los trastornos de la economía y los cortocircuitos internos dentro de la alianza gobernante.

 

A través de su hijo Máximo, intenta acercarse también a las organizaciones sociales como el Movimiento Evita y mantenerse en línea con los conflictos que sostiene el sindicalismo opositor. Dicen a su lado que el desafío es encolumnar esa vitalidad social detrás de un proyecto único. Por eso, promueven la firma de un documento de 10 o 15 puntos con miras a 2019. Una especie de plataforma de la Argentina posible que congregue a todos los que no quieren el país de Cambiemos. Intendentes, sindicalistas, empresarios nacionales, dirigentes políticos y gobernadores. Suena lindo. Pero se sabe: hoy no existe quien pueda sumar a ese arco variopinto.

 

“Ella es la lepra. Por eso no aparece. Ella repite que no quiere ser y tampoco quería. Pero se lo pidieron”, afirma un incondicional de máxima confianza que confía en que el espanto a la reelección de Macri termine uniendo a todos detrás de una boleta y un candidato que, mientras el tiempo pasa, no aparece.

 

 

 

En el cristinismo, no es sencillo imaginar un futuro electoral sin Cristina. Circulan como postulantes para ir a una gran PASO los nombres de Rodríguez Saá, Rossi y Jorge Milton Capitanich. Pero quienes frecuentan a la ex presidenta afirman que, si pudiera elegir, lo haría sin dudar por Kicillof. Más allá de las fronteras del cristinismo puro tampoco sobran candidatos. Están los que anotan a Felipe Solá, pero el ex gobernador -que salió tercero en 2015 con el massismo- dice que ya no quiere ser.

 

Falta muchísimo, más de un año, para que la campaña presidencial empiece a circular sobre un terreno más firme. El objetivo es dejar correr los intentos de unidad, apoyar la confluencia en la que el kirchnerismo se muestre como una corriente más y, cuando llegue la recta final, evaluar una vez más.

 

Si nadie aparece como emergente y el proceso de unidad no logra reglas mínimas, será el momento de revisar la negativa de hoy, ante un nuevo operativo clamor de los que se ilusionan con volver. En un escenario como el actual, una candidatura nacional no alcanzaría para ganar y la confirmaría como parte del pasado que no es capaz de reeditarse. Pero le serviría para retener a su espacio unido, como principal expresión opositora. Es una opción. La otra parece más lejana: dejarse tentar por los que sugieren un arriesgado plan B, que implica un sacrificio mayor. Mirar con lupa el panorama social en la provincia de Buenos Aires y evaluar si el deterioro que el kirchnerismo anuncia se confirma, para ir a librar, entonces, la batalla más difícil contra el poderío de María Eugenia Vidal, la mejor carta del macrismo.