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Hay un tercero en discordia entre Macri y el Círculo Rojo

El peronismo blando aparece, por primera vez, bien considerado por el establishment económico. Sus popes observan que, sin CFK, Macri perdería en una pulseada de performances políticas.
Por 07/12/2018 13:34

Pasó el G20, un éxito fugaz para el Gobierno, y volvieron a ordenarse los tantos en la escena local. En este contexto, hay un hecho incipiente e inédito que hubiese sido insospechado meses atrás: una recuperación del peronismo en la consideración primaria de los círculos de poder. En las filas pejotistas aseguran que sirvió la militancia gastronómica. Desde comienzos de este año, diferentes casas de empresarios vienen albergando cenas y almuerzos con referentes del peronismo no k, un universo que incluye a todo lo que no sea la figura de Cristina Fernández. Y es literal y personal, dado que en reuniones con CEOs ha habido referentes del kirchnerismo, mezclados con otras vertientes.

 

 

La crisis económica y política que atraviesan el país y Cambiemos, al menos así lo observan en el Círculo Rojo, terminó reduciendo la diferencia con los K a una cuestión netamente gestual pero en la que, pase lo que pase, ya no hay retorno. El establishment volvió a mirar al peronismo como una unidad sin cabezas claras. “Están viendo cómo jugar las cartas y van a tener candidato”, contó a Letra P uno de los industriales de la UIA que acompañó la candidatura de Mauricio Macri y hoy se ubica en la fila de los defraudados.

Con los ánimos modificados, se tejen, además, algunas conjeturas que permiten ver por qué el PJ tiene una imagen distinta -aunque, por ahora, no ganadora- en los núcleos más conservadores del establishment. Las charlas de política entre CEOs son, en la mayoría de los casos, de un vuelo bajo o más bien lineales, pero indican cosas. Cuenta un jefe de una alimenticia líder: “Charlábamos el otro día con colegas que si CFK no está, no se presenta, Macri pierde a su némesis, a la que todavía hoy le garantiza un triunfo”. Y agrega, en la segunda parte de la lectura de escenario, que, “si eso ocurriese, Cambiemos debería medirse en una elección sin polarización y más centrada en la performance de gobierno”.

Todos los consultados por este medio entienden que en esa contienda el oficialismo tiene serias chances de quedarse en el camino en 2019. Y recuerdan que en 2015 Macri ganó “por uno o dos puntos” cuando todavía el kirchnerismo contaba con el aparato, el caballo del comisario y los votos. “¿Por qué debería, hoy, ganar por tan poco margen?”, se preguntan. Vale decir que en las empresas la figura de CFK alcanza niveles de aversión aún muy elevados, que son parámetros de un odio visceral que no descansa. 

 

CFK sigue espantando al Círculo Rojo, pero la consideración es más personal que hacia el espacio. 

 

Lo paradójico es que el paladar negro quedó relegado y se empieza a hablar del peronismo como una unidad sin jefe. El nombre del tigrense Sergio Massa es el único que resuena como presidenciable, por el volumen de votos que tendría, a priori, como tercera opción. Pero, con imagen aún negativa entre empresarios, lo equilibran otras figuras laterales pero relevantes, como el senador Miguel Ángel Pichetto y gobernadores del interior que ganaron con la boleta del Frente Para la Victoria, como el sanjuanino Sergio Uñac y el tucumano Juan Manzur.

Los nombres no son casuales: los antes mencionados son los comensales de las tertulias con empresarios en las que también suele sentarse el salteño Juan Manuel Urtubey, cada vez con menos predicamento por su andar sinuoso y confuso. A los que pagan sueldos, viven en mansiones y disfrutan una realidad distinta les gustan las definiciones, por las buenas o por las malas. En esos círculos, pagan los dubitativos y los que juegan a especular.

 

Por primera vez, miran a Macri con menos confianza.

 

En general y a excepción del sector financiero bancario y el de la energía que vuela en Vaca Muerta, las corporaciones le temen al escenario 2019 y, sobre todo, a 2020. No son pocos los que especulan con que al Gobierno o al que llegue se le hará imposible pagar la deuda externa. Y los que no creen eso entienden que la actividad no reaccionará lo suficiente en marzo como para ponerle un respirador a Cambiemos y hacerlo llegar renovado a los comicios. Hoy, el escenario sigue mostrando a un Macri reelecto el año próximo, pero ya no está solo en la pelea.

Hay un tercero en discordia entre Macri y el Círculo Rojo

El peronismo blando aparece, por primera vez, bien considerado por el establishment económico. Sus popes observan que, sin CFK, Macri perdería en una pulseada de performances políticas.

Pasó el G20, un éxito fugaz para el Gobierno, y volvieron a ordenarse los tantos en la escena local. En este contexto, hay un hecho incipiente e inédito que hubiese sido insospechado meses atrás: una recuperación del peronismo en la consideración primaria de los círculos de poder. En las filas pejotistas aseguran que sirvió la militancia gastronómica. Desde comienzos de este año, diferentes casas de empresarios vienen albergando cenas y almuerzos con referentes del peronismo no k, un universo que incluye a todo lo que no sea la figura de Cristina Fernández. Y es literal y personal, dado que en reuniones con CEOs ha habido referentes del kirchnerismo, mezclados con otras vertientes.

 

 

La crisis económica y política que atraviesan el país y Cambiemos, al menos así lo observan en el Círculo Rojo, terminó reduciendo la diferencia con los K a una cuestión netamente gestual pero en la que, pase lo que pase, ya no hay retorno. El establishment volvió a mirar al peronismo como una unidad sin cabezas claras. “Están viendo cómo jugar las cartas y van a tener candidato”, contó a Letra P uno de los industriales de la UIA que acompañó la candidatura de Mauricio Macri y hoy se ubica en la fila de los defraudados.

Con los ánimos modificados, se tejen, además, algunas conjeturas que permiten ver por qué el PJ tiene una imagen distinta -aunque, por ahora, no ganadora- en los núcleos más conservadores del establishment. Las charlas de política entre CEOs son, en la mayoría de los casos, de un vuelo bajo o más bien lineales, pero indican cosas. Cuenta un jefe de una alimenticia líder: “Charlábamos el otro día con colegas que si CFK no está, no se presenta, Macri pierde a su némesis, a la que todavía hoy le garantiza un triunfo”. Y agrega, en la segunda parte de la lectura de escenario, que, “si eso ocurriese, Cambiemos debería medirse en una elección sin polarización y más centrada en la performance de gobierno”.

Todos los consultados por este medio entienden que en esa contienda el oficialismo tiene serias chances de quedarse en el camino en 2019. Y recuerdan que en 2015 Macri ganó “por uno o dos puntos” cuando todavía el kirchnerismo contaba con el aparato, el caballo del comisario y los votos. “¿Por qué debería, hoy, ganar por tan poco margen?”, se preguntan. Vale decir que en las empresas la figura de CFK alcanza niveles de aversión aún muy elevados, que son parámetros de un odio visceral que no descansa. 

 

CFK sigue espantando al Círculo Rojo, pero la consideración es más personal que hacia el espacio. 

 

Lo paradójico es que el paladar negro quedó relegado y se empieza a hablar del peronismo como una unidad sin jefe. El nombre del tigrense Sergio Massa es el único que resuena como presidenciable, por el volumen de votos que tendría, a priori, como tercera opción. Pero, con imagen aún negativa entre empresarios, lo equilibran otras figuras laterales pero relevantes, como el senador Miguel Ángel Pichetto y gobernadores del interior que ganaron con la boleta del Frente Para la Victoria, como el sanjuanino Sergio Uñac y el tucumano Juan Manzur.

Los nombres no son casuales: los antes mencionados son los comensales de las tertulias con empresarios en las que también suele sentarse el salteño Juan Manuel Urtubey, cada vez con menos predicamento por su andar sinuoso y confuso. A los que pagan sueldos, viven en mansiones y disfrutan una realidad distinta les gustan las definiciones, por las buenas o por las malas. En esos círculos, pagan los dubitativos y los que juegan a especular.

 

Por primera vez, miran a Macri con menos confianza.

 

En general y a excepción del sector financiero bancario y el de la energía que vuela en Vaca Muerta, las corporaciones le temen al escenario 2019 y, sobre todo, a 2020. No son pocos los que especulan con que al Gobierno o al que llegue se le hará imposible pagar la deuda externa. Y los que no creen eso entienden que la actividad no reaccionará lo suficiente en marzo como para ponerle un respirador a Cambiemos y hacerlo llegar renovado a los comicios. Hoy, el escenario sigue mostrando a un Macri reelecto el año próximo, pero ya no está solo en la pelea.