17|10|2021

Caza de brujas de Larreta para limpiar su gobierno de funcionarios de Lousteau

27 de octubre de 2017

27 de octubre de 2017

Empoderado por las urnas, volteará designaciones que había acordado con el ex embajador. Quiénes son. El casting de reemplazantes.

La relación entre Horacio Rodríguez Larreta y Martín Lousteau atraviesa su peor momento. Sin posibilidad de una tregua y tras el éxito electoral de Cambiemos en la Ciudad, el jefe de Gobierno porteño pisa el acelerador: buscará expulsar de su administración a funcionarios que responden al economista y líder del espacio opositor Evolución.

 

Larreta tiene en mente tres cargos que él mismo avaló pero ahora quiere desechar. Se trata de funcionarios que asumieron por designación del mandamás porteños, en acuerdo con la fuerza política que representa los intereses de Lousteau y lo acompaña desde la experiencia de UNEN en 2013. El principal objetivo de la lista, que se encuentra bajo llave en la Jefatura de Gobierno de Parque Patricios, es el titular del Consejo Económico y Social (CESBA), Federico Saravia.

 

Con reconocido pasado en el peronismo porteño, Saravia integra las filas del armado de “Guga” desde hace años, aunque cuenta con un buen vínculo con el oficialismo local. Su gestión no es cuestionada por el Gobierno, pero Larreta está decidido a destituir por decreto a todo aquel funcionario que jure lealtad a Lousteau. Incluso, en Uspallata 3160 hay quienes destacan su trabajo en comparación con su antecesor.

 

El CESBA es un espacio de roce político con empresarios y sindicalistas que contiene un presupuesto para nada desdeñable, razón por la cual varios legisladores que a fin de año culminan su mandato empezaron a mirar con cariño al edificio ubicado sobre Carlos Pellegrini, con lujosa vista al Teatro Colón. El alcalde rugió de furia cuando se enteró de que las modernas oficinas del organismo autónomo porteño eran utilizadas como búnker de reunión de Lousteau, cuando aún era embajador argentino en Estados Unidos designado por Macri y amenazaba con volver a la Ciudad, así sea exigiendo una interna o enfrentándolo por afuera, como ya había hecho en 2015.

 

 

Además, en el Gobierno porteño pusieron el ojo por su rol de funcionario público y partícipe de la campaña de Lousteau. Saravia estuvo cerca de ser candidato a legislador porteño, pero al no ser confirmado continuó con su gestión. Larreta tiene entre ceja y ceja a dos funcionarios que el Ejecutivo nombró: la directora de la Agencia de Bienes, Ana María Ferrero, y el síndico de Autopista Urbanas Sociedad Anónima, Gonzalo Gorbea, hermano de la jefa del bloque de diputados de Guga, María Inés.

 

 

 

Al igual que el titular del CESBA, estos dos funcionarios pueden ser relevados por decreto de la Jefatura de Gobierno. Distinta es la situación de los funcionarios nombrados en organismos autónomos como la Auditoría, que requieren de aval legislativo para asumir. Ingresar en ese terreno abriría un escenario que rozaría el escándalo político, además de posibles procesos de enjuiciamiento que el procurador de la ciudad, Gabriel Astarloa, preferiría obviar.

 

En la Legislatura porteña ya comenzó la danza de nombres de posibles reemplazantes. Para el CESBA, el oficialismo tiene en carpeta a tres ediles que el 10 de diciembre dejan el Parlamento: el massista Javier Gentilini y los peronistas Gabriel Fuks y Claudio Palmeyro. Sin embargo, ese espacio lo reclamó el sector de Radicales en Cambiemos, capitaneado por los boina blanca Facundo Suárez Lastra y Jesús Rodríguez, que hace más de un mes que piden por el Consejo, propiciando la salida de Saravia, como informó Letra P.

 

A fines de 2015, Larreta y Lousteau, bajo la venia del recién asumido presidente Mauricio Macri, encararon una silenciosa negociación para sentar las bases de una posible convivencia pacífica en la Ciudad. Los dos economistas venían de enfrentarse ferozmente en la carrera por la Jefatura de Gobierno, que derivó en un parejo ballotage que pudo haber puesto en peligro las aspiraciones nacionales del líder del PRO.

 

Acordaron intentar un diálogo, Lousteau prometió comportarse como “oposición constructiva” y, también producto de su crecimiento en la Legislatura, el oficialismo abrió espacios de poder que se certificaron a principios de 2016. De allí salieron cargos en la Auditoría General de la Ciudad  de Buenos Aires (AGCBA), Banco Ciudad, AUSA, Agencia de Bienes, Corporación Buenos Aires Sur, CESBA para dirigentes vinculados al economista y al presidente de la Unión Cívica Radical porteña, Emiliano Yacobitti. Además, “Guga” fue ungido como embajador en Washington tras una foto en la sede de Gobierno porteño de Parque Patricios junto a Macri y la entonces canciller Susana Malcorra.

 

 

 

 

Larreta trabajó desde el segundo semestre del año pasado hasta la actualidad para mellar las aspiraciones de Lousteau, que viajó a Estados Unidos con la promesa de volver a competir en 2019 en una “amistosa” interna en la Ciudad de Buenos Aires. Desconfiado, el alcalde diseñó toda una estrategia para neutralizarlo si regresaba antes de lo previsto, como finalmente sucedió.

 

Todo comenzó cuando acercó posiciones con Elisa Carrió, producto de un pedido de Macri, que con anterioridad había hablado con la chaqueña para apaciguar ánimos y olvidar viejas rencillas. Más tarde, forjó una alianza con toda la Coalición Cívica y Graciela Ocaña, aliadas en 2015 de Lousteau, que terminaron como candidatas del oficialismo porteño (Vamos Juntos) y bonaerense (Cambiemos), respectivamente.

 

En paralelo, distintos allegados a ambas partes intentaron entablar nuevamente el diálogo. En el medio de la guerra fría, el macrista Diego Santilli y Guillermo Laje, primo y mano derecha de Lousteau, protagonizaron una larga negociación que comenzó por temas legislativos y derivó en la posibilidad o no de una interna abierta, reclamada por el entonces embajador hasta los días previos a la presentación de frentes electorales para las PASO del 13 de agosto. La convivencia legislativa osciló entre principios de acuerdo y discusiones in aeternum.

 

 

 

Según pudo saber Letra P, hubo fríos diálogos entre Larreta y Lousteau, que terminaron el tres de abril de 2017 cuando el ex ministro de Economía ingresó al despacho de Macri en Casa Rosada. Comunicó que dejaba su cargo diplomático para competir por la Ciudad, aún con la intención de forzar una primaria con Larreta. Esa misma tarde larretistas y dirigentes de Evolución habían acordado verse, en el marco de un mar de especulaciones sobre el futuro político de “Guga”. La información sobre la presencia de Lousteau en Balcarce 50 viajó hacia la velocidad de la luz al celular de Rodríguez Larreta, que pidió cancelar cualquier tipo de negociación. Desde ese día, los economistas no se dirigen la palabra y la relación se terminó.

 

Tiempo atrás, Macri hubiese mediado. Esta vez no lo hizo y su ex jefe de Gabinete avanzó por todos los frentes para bloquear a Lousteau: le quitó los aliados, lo expuso en la Legislatura al no acompañar leyes claves para su gestión, diseñó una campaña nacionalizada y subida a la polarización para complicar su estrategia enfocada a la discusión porteña. En paralelo, distintos operadores macristas se encargaron de allanar el terreno para que opciones opositoras puedan competir en la Ciudad y restarle votos a Guga, como él mismo denunció en el cierre de la campaña de cara a las PASO de agosto.

 

La apuesta dio sus frutos porque Carrió superó el 50% de los votos, Lousteau alcanzó los 12 puntos y el peronismo volvió al segundo lugar, desplazando a Evolución para la alegría del PRO capitalino, que conduce el propio Larreta. A pesar de que desde abril dejaron de hablarse, Larreta ofreció, por medio de intermediarios, una tregua a Lousteau. Tres semanas antes de las elecciones de octubre le pidió que el bloque SUMA + acompañe el proyecto de mudanza y venta de un terreno del Tiro Federal. El cinco de octubre la bancada del ex embajador bajó al recinto y rechazó la iniciativa. Nuevamente, el alcalde enfureció porque entendió que esa "prueba de fe" que le requirió a Lousteau no fue aceptada. Una semanas más tarde, el bloque que agrupa radicales y dirigentes del riñón del economista acompañó el proyecto oficial, pero Rodríguez Larreta ya había dado la orden a sus funcionarios de revisar las estructuras del Gobierno capitalino para correr a quienes juran lealtad al ex ministro.

 

Ahora, empoderado por ese resultado y por una sed de venganza política personal, el jefe de Gobierno quitará de su administración a los funcionarios que responden a Lousteau. Al mismo tiempo, como adelantó oportunamente Letra P, acordó con el sector de Radicales en Cambiemos para que compitan en la interna radical frente a Yacobitti y Enrique “Coti” Nosiglia, principales patrocinadores de Lousteau en la Ciudad.