De Argentina '78 a Javier Milei y Estados Unidos 2026: todo Mundial es político
La Copa de la FIFA, el Presidente, sus predecesores y los aprovechamientos. El tiro por la culata de la dictadura. Los pueblos, entre el carnaval y la realidad.
La última dictadura y el Mundal '78, ejemplos de la utilización política del fútbol y de los riesgos no calculados de esas operaciones.
De Javier Milei –y sus predecesores– hasta el muy improbablemente futboleroDonald Trump, los gobiernos se suben a la ola del entusiasmo popular. Sin embargo, el éxito en un Mundial de fútbol no asegura beneficios políticos duraderos y basta recordar el doloroso Argentina '78 para pensar que, como le pasó a la dictadura, el tiro puede salir por la culata.
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Esa saga de siempre se ha comprobado una vez más a lo largo de la actual Copa del Mundo de la FIFA, de hecho confeccionada a medida de los intereses políticos y comerciales de Estados Unidos, uno de los tres países anfitriones, pero que concentró la mayor cantidad y calidad de partidos.
El Presidente dijo haber sufrido "como la reputa madre" y Jorge Macri cruzó con fuerza a su homólogoZohran Mamdani, quien hizo demagogia al anunciar una reforma en el transporte de Nueva York para decir que eso ahorraría tiempo en los traslados y les permitiría a los neoyorquinos "desayunar en familia" y "estar de acuerdo con los amigos en que a Egipto lo robaron".
"Significa coincidir con tus amigos en que ayer Egipto fue robado"
En un anuncio sobre la mejora de la frecuencia de los colectivos en Nueva York, Zohran Mamdani bromeó sobre el partido de Argentina por los octavos de final del #Mundial2026. pic.twitter.com/RVEVtCgw2U
El "expediente argentino" se ventiló en clave xenófoba en algunos medios de México, España, Chile y hasta Uruguay, y en Egipto, donde se habló de racismo y casi adoptó connotaciones de problema de Estado en relación con un gol bien anulado, un penal bien concedido y otro bien ignorado al final.
Me voy a permitir en esta columna el uso de la primera persona; es imposible no remontarse a la experiencia personal cuando se trata del Mundial '78, realizado durante el momento más trágico del terrorismo de Estado y utilizado como elemento de propaganda para ablandar ante el mundo la verdadera naturaleza de esa dictadura sangrienta.
Tenía entonces diez años. Mis recuerdos son futbolísticos, pero no políticos. Eso no sorprende cuando se trata de un chico que recoge ecos y esos ecos estaban totalmente asordinados por una tiranía que censuraba y reprimía la palabra disidente.
Recuerdo de ese tiempo el clamor de los medios sobre los atentados de Montoneros, ERP y otras guerrillas, así como los de la Triple A. El silencio que cubrió todo eso de modo súbito exactamente el 24 de marzo de 1976. El miedo familiar de los libros que se iban empaquetando en papel madera e hilo sisal para ser abandonados, vez a vez, con disimulo al costado de un árbol. Conversaciones de sobremesa sobre política en voz extrañamente baja para una familia judía sefaradí…
El tiempo fue iluminando aquel contexto y permitiendo reconstruir toda la trama política, nacional e internacional, que rodeó ese evento deportivo, comprensión que lo convirtió en un hecho culposo.
Mundial, un grito de entusiasmo universal
Es por todo lo mencionado que me costó ver, recién dos años después de su estreno, la miniserie Argentina '78, de Lucas Bucci y Tomás Sposato, disponible en Disney +. De muy buena factura, entrelaza fútbol, política, derechos humanos y periodismo de un modo tan impecable como duro.
Escuchar en el comienzo de cada uno de los cuatro episodios las estrofas de la canción oficial de aquel mundial, una marcha militar en toda la regla, eriza la piel y genera incomodidad. ¿Qué locura fue aquella?
La pieza repasa lo que ocurría en las canchas y los horrores que se perpetraban a menos de un kilómetro del estadio de River Plate, en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). También, la fiesta popular, la candidez de un pueblo entregado a un carnaval en el momento menos adecuado, el misterio del partido con Perú, la corrupción en la organización, el aprovechamiento político, las violaciones de los derechos humanos, el rol de periodismo, atentados resonantes que resultaron ocultados…
Cuenta con testimonios valiosos, como los de César Luis Menotti, Mario Kempes, Daniel Passarella y Roberto Marcos Saporiti; Mario Firmenich y Miguel Bonasso, y los periodistas Miriam Lewin –ex detenida desaparecida–, Matías Bauso y Ezequiel Fernández Moores. Los jerarcas del Proceso se negaron a participar.
Otros replican, también con lógica, que la pasión cultural por el fútbol no obtura nada de esa conciencia y que la alegría es un insumo para vivir, especialmente en tiempos difíciles.
El Mundial sería algo así como un carnaval, una fiesta popular limitada en el tiempo, a la que la gente acude para vivir un mes y algo de desahogo, pero que una vez pasada restablece el lugar de lo importante.
Ese debate es uno de los ejes de la serie de marras y se refleja incluso en los sentimientos encontrados de sobrevivientes de la ex-ESMA.
Mundial '78: la memoria de Hebe de Bonafini
Consultado por Letra P para esta nota, Ezequiel Fernández Moores, quien está en Estados Unidos cubriendo la Copa de la FIFA, recordó: "Hace unos 20 años hice un documental sobre el Mundial '78. Fui a entrevistar a Hebe de Bonafini, que me dijo que cómo no iba a entender ella misma las contradicciones que generaba esa fiesta si las vivía en su propia casa con su esposo, que había sido futbolista en Gimnasia y Esgrima La Plata y celebraba los goles mientras buscaban a sus hijos. Ella aseguraba entender mejor que nadie esa contradicción de la fiesta popular en medio del dolor".
Hebe de Bonafini, la Plaza de Mayo y su lucha incansable por la memoria, la verdad y la justicia.
Un hecho clave que destaca la miniserie fue la entrevista que el periodista neerlandés Jan van der Putten les hizo a las "madres locas" durante una de sus rondas en la Plaza de Mayo. El comunicador decidió no acudir a la ceremonia inaugural del Mundial y, en cambio, ir a ponerles un micrófono a esas mujeres que gritaban lo que nadie se atrevía escuchar.
La pieza, que deparó seguimientos y amenazas de los militares a ese equipo periodístico, viajó a Europa clandestinamente gracias a los buenos oficios de un piloto de la aerolínea Lufthansa y terminó siendo difundida por la cadena pública VARA de los Países Bajos. Fue entonces que la dictadura debió pasar de la denuncia estéril de la "campaña antiargentina" a dar explicaciones sobre los desaparecidos.
"Hebe me contó que aquella célebre filmación de la televisión neerlandesa, la primera que se difundió en Europa sobre el tema, se terminó convirtiendo en un bumerán para la dictadura. A partir de ella se sensibilizaron sectores sociales y agrupaciones humanitarias de los Países Bajos, que decidieron crear un fondo para sostener económicamente el reclamo. Sentían que esas madres necesitaban una apoyatura, una organización, respaldo económico", añadió Fernández Moores.
"'Los primeros fondos que recibimos para ayudar a la causa de las Madres vinieron de ahí, de Holanda', me dijo Hebe", siguió.
El sol, con un dedo
El colega señaló que "eso contrastaba con la actitud del gobierno neerlandés, que fue un importante socio comercial de la dictadura. Quien era entonces embajador de los Países Bajos [N. Del R.: Jonkheer D. van den Brandeler] solía decir que (Jorge Rafael) Videla era una alternativa interesante para ese momento de la Argentina. Inclusive en la final, en el 3-1, el embajador estuvo sentado a metros de Videla, con quien intercambió bromas", explicó.
Mario Kempes y su festejo en el Mundial 78 ante Holanda.
"Es más, el embajador se encargó de bajarle los decibeles al escándalo que provocó la difusión de una supuesta carta del capitán de la selección de Holanda, Ruud Krol, dirigida a su hija, en la que le contaba que Argentina era una tierra de paz y de amor y que los fusiles de los soldados que ella veía en las fotos de los diarios no disparaban balas, sino flores. Le decía, incluso, que cuando volviera le llevaría una muñeca de regalo a la que llamarían Argentina… Claro, la carta era falsa, una invención de un periodista de El Gráfico. Para controlar ese conflicto se movió Van den Brandeler".
Eduardo Emilio Massera, Jorge Rafael Videla y Orlando Ramón Agosti: abrazo de gol y de oso.
Gracias a la resistencia de las Madres y de otros grupos defensores de los derechos humanos, así como por la acción de miles de argentinos exiliados, poco más de un año después –entre el 6 y el 20 de septiembre de 1979– una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) visitó Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Tucumán, donde recogió casi seis mil denuncias y testimonios de familiares y de víctimas, se entrevistó con Videla y los otros miembros de la Junta Militar y visitó cárceles e instalaciones castrenses.
"Derechos y humanos"
Desesperado, el régimen inundaba el país con el eslogan "los argentinos somos derechos y humanos", que se hizo calcomanía en miles de autos. Mientras, comunicadores oficialistas volvían a jugar la carta del fútbol para que los hinchas fueran a festejar los triunfos de la Selección Juvenil que terminaría consagrando a Diego Maradona en Japón justo donde los dolientes llevaban su desesperación a la CIDH, de modo de diluir su presencia masiva.
La prensa controlada por la última dictadura resultó impotente para contener el vendaval que generó la misión de la OEA de 1979 para conocer la realidad de los derechos humanos en la Argentina.
El informe que surgió de esa visita, publicado en abril de 1980, fue el primer documento de un organismo internacional sobre el carácter sistemático de las desapariciones forzadas, las torturas y las detenciones clandestinas en el país. Desde ya, aquel valiente informe de Jan van der Putten y la presión de la primavera que supuso Jimmy Carter en la política estadounidense fueron también cruciales para que eso ocurriera.
¿La dictadura se benefició con el Mundial? ¿Sacó de allí el rédito político y propagandístico que esperaba?
"Todo el discurso de la patria y la 'campaña antiargentina' con el que pretendió legitimarse, y la pretensión de que quienes festejaban un gol de Kempes eran sus simpatizantes, resultó efímero. Apenas meses después de todo eso el Proceso tuvo que inventar el conflicto limítrofe con Chile por el Canal de Beagle… Primero fue la batalla del Mundial y después otra, contra Chile", indicó Fernandez Moores.
El recurso final de esa especie fue la Guerra de las Malvinas, una malversación militar, logística, política y diplomática de una reivindicación justa y sentida. Ese fue el desencadenante del final de la dictadura, pero acaso el Mundial '78 haya sido su precuela.
La Junta apostó a superar la prueba de fuego de que el mundo la mirara. No pudo hacerlo.
Los carnavales son valiosos para los pueblos, pero no hay carnaval que tape la barbarie. Acaso la política alguna vez tome nota de eso.