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¿TODO MARCHA ACORDE AL PLAN?

Manos de tijera: la trampa de Toto Caputo

Ajuste, desplome de la industria, destrucción de los salarios, caída de recaudación y nuevo ajuste. El problema más anunciado de la historia. Maldito Keynes.

Ya en enero de 2024, en el inicio mismo del gobierno de Javier Milei y cuando sus operadores políticos establecían el superávit fiscal como la línea roja de lo que no podía ser negociado en la ley Bases, te anticipé desde este newsletter el principal problema que tendría la política económica que se comenzaba a aplicar: la llamada "trampa de austeridad".

En otras palabras, el ajuste que deprime la economía y demanda nuevos ajustes, en lo que constituye un círculo vicioso sin fin. Bueno, a eso llegamos: a la trampa de Toto Caputo.

La economía crece en sus números grandes, pero limitada a sectores extractivos –hidrocarburos y minería–, agro e intermediación financiera. El resto, principalmente la industria, la construcción y el comercio –con sus contracaras del empleo y del consumo popular– van crónicamente para atrás, lo que explica que la sensación térmica diste largamente del paraíso que describe el ministro de Economía.

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El dato es que Caputo ordenó que todos los ministerios recorten el 2% de sus gastos corrientes y el 20% de sus gastos de capital, esto es lo que tiene que ver con inversiones, obras, y renovación y mantenimiento de equipos.

La noticia había sido anticipada por Luis Majul, aunque con un error –hablaba de un recorte del 20% en todo concepto– que luego corrigió.

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La felicitación del Presidente, probablemente reforzada por el hecho de que la aclaración incluyó al desdibujado jefe de Gabinete Manuel Adorni como autor de la instrucción, debió reconfortarlo.

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La nueva medida hace que la austeridad se muerda la cola: el ajuste enfría la economía, deprime los ingresos tributarios, el superávit fiscal se deteriora y –en la lógica oficial– requiere para su mantenimiento nuevos recortes. Así, el ajuste se vuelve perpetuo.

A lo ya hecho en materia de paralización de la obra pública, presupuesto universitario, destrucción del complejo de ciencia y técnica, transferencias a provincias y devastación salarial en el Estado, la consultora Analytica, citada por Clarín, añadió en el primer trimestre del año una retracción adicional de los sueldos del sector público del 6,1%, una del 3,7% de las asignaciones familiares, una del 29,8% de los programas sociales y una –impresionante– del 50,9% de las transferencias a provincias.

Ahora, sobre llovido, mojado.

Comprendiendo al ministro Caputo

Seamos justos I: cuando las cosas van mal –como van en la actualidad–, es natural que el responsable de la política económica declare en el sentido de mejorar las expectativas con la esperanza de que eso ayude a poner en marcha la rueda.

Seamos justos II: un país como la Argentina, largamente inflacionario y con un pésimo récord en materia de pago de deudas no tiene muchas opciones a la hora de presupuestar sus gastos. Si el mercado internacional todavía no le presta, como es el caso, el déficit fiscal no es una alternativa, a menos que se quiera correr el riesgo de activar nuevamente uno de los motores importantes de la inflación. El IPC que difundirá hoy el INDEC –nunca olvidemos que fue intervenido por Milei y Caputo, quienes impidieron que actualice su medición para seguir subestimándola mes a mes– será un recordatorio de lo difícil que resulta derrotar a ese monstruo. Debido a su piso de por sí elevado de hace varios meses y a la escalada del precio de las naftas generada por la guerra en el golfo Pérsico, el índice superará el 3% y le asestará al Gobierno un golpe en su credibilidad.

Sin embargo, sobre lo primero hay que señalar que no hay discurso que solucione problemas de diseño de un modelo o, más grave, de concepción ideológica.

Sobre lo segundo, que es evidente que matar el mercado interno y el consumo popular, desmontar la industria, hachar las jubilaciones y los salarios, y precarizar cada vez más el trabajo no sólo no son "soluciones" socialmente virtuosas, sino que –se ve– ni siquiera resultan eficaces.

El palo en la rueda de la economía

Así, lo que el ajuste perpetuo generó fueron ocho meses consecutivos de recaudación impositiva en retroceso.

De acuerdo con datos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), la misma se redujo en marzo 4,5% interanual en términos reales –suponiendo una inflación del 3%–, lo que completó en el primer trimestre un desplome de nada menos que el 8,7%.

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"Los únicos tributos que habrían tenido un incremento de recaudación serían el impuesto a los combustibles, con una suba del 35,3%, y el impuesto al cheque con una del 4,7%", señaló el think tank dirigido por el economista Nadin Argañaraz. Los dos gravámenes resultan disfuncionales para la actividad económica y el poder adquisitivo, siendo el primero especialmente controvertido en este tiempo de guerra y el segundo directamente distorsivo.

En tanto, "el principal impuesto, el IVA neto de devoluciones y reintegros, habría tenido una baja de recaudación del 2,6% en términos reales respecto a marzo de 2025", agregó. Eso es puro consumo popular.

"El segundo tributo de mayor importancia relativa, Aportes y Contribuciones de la Seguridad Social, habría descendido un 2,8% real interanual. Entre los factores explicativos se destacan el comportamiento del salario real y de la cantidad de empleo formal", completó.

Con ajuste perpetuo no hay paraíso, ¿pero qué proporción de este problema se vincula también con el ADN de una administración que no piensa en las consecuencias de desgravar sistemáticamente el lujo y las grandes rentas, y que alienta la evasión como un acto de patriotismo?

En todo el ajuste estás vos

Según contó Esteban Rafele en Letra P, "con la caída de la recaudación del primer trimestre, el ancla fiscal requirió mayores recortes de gastos y el Ministerio de Economía pisó pagos que se sintieron en la calle, con menos servicios de colectivos y peor atención a los jubilados del PAMI". A propósito: la crisis del PAMI está a nada de convertirse en un drama social y político de gran magnitud, al punto que obligó a Martín Llaryora a gritar como si fuera un opositor. Ver para creer.

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De más está preguntarse cuánto influye esa austeridad recargada en la caída de Milei en las encuestas, en el recrudecimiento del conflicto Nación-provincias que ha acompañado a la Argentina desde su nacimiento, y en la renacida sensibilidad social por el problema de la corrupción, aluvional y consustancial al gobierno de extrema derecha, imposible de disimular ni de disipar con la difusión de fotos de ocasión, de cuidada producción para evitar malos tragos en espacios públicos.

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Karina Milei y Manuel Adorni. (Foto: Pablo Varela)

En su interesante nota, Rafele repasa las erogaciones pisadas por el jefe del Palacio de Hacienda, un modo de barrer la basura debajo de la alfombra y acumular deudas. Esa práctica abarcó ítems sensibles como el pago de subsidios al transporte; reducción real de las jubilaciones, asignaciones por hijo y otros programas sociales; prestaciones del PAMI; paritarias en el Estado; desfinanciamiento de las universidades y del complejo de ciencia y técnica; transferencias a provincias y lo que quedaba de la obra pública.

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En sus intentos de compensar con relato lo que la realidad no entrega, Caputo lamenta el ruido político que rodea este tramo de la gestión, en especial el empecinamiento de Karina Milei en mantener en pie al muñeco de Adorni, quien ha mutado en un jefe de Gabinete radiactivo para sus subordinados y en un vocero incapaz de hablar en público incluso después de censurar la presencia en la Casa Rosada de los periodistas que le hacen preguntas.

Maldito Keynes

Como se dijo más arriba –y se anticipó desde el inicio de la actual gestión–, el problema de Milei y Toto Caputo es de programa y, peor aun, de concepción.

Al jefe de Estado le sirvió expresar la ira popular desde sus tiempos no tan lejanos de panelista televisivo, en los que solía insultar con esa furia que despide gotitas de fludge por la boca. Entre sus diatribas incluía el nombre de John Maynard Keynes, alguien seguramente desconocido para el grueso de su audiencia intratable de entonces. Era tan divertido...

Milei-enojado

Sin embargo, ese odio al keynesianismo le impide entender el problema de la trampa de austeridad. El pensamiento económico de Javier Milei atrasa unos 90 años.

Tras la crisis de 1929, los gobiernos de la época aplicaron la receta económica habitual: ante la caída de la actividad y la recaudación, ajustaron gastos para reequilibrar las cuentas públicas. Así, convirtieron esa crisis de oferta en la Gran Depresión.

El libro más celebrado de Keynes –un hombre que no fundó ningún socialismo, sino que elaboró una teoría para sacar al capitalismo de su mayor encrucijada– es la Teoría general del empleo, el interés y el dinero. El detalle es que dicha obra fue publicada en 1936.

Bastante antes de eso, un poco por el influjo de ideas empujadas de modo todavía poco articulado por Keynes y muchos otros economistas y otro poco por intuición, el entonces presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt puso en marcha en marzo de 1933 el New Deal, una suerte de keynesianismo avant la lettre.

Los ejecutores de políticas como el aumento del gasto en obra pública, el fomento del empleo estatal, la asunción deliberada de déficits fiscales para mover la actividad y intervenciones varias fueron los secretarios del Tesoro William H. Woodin y, tras su veloz salida por motivos de salud, Henry Morgenthau Jr.

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Franklin Delano Roosevelt y Henry Morgenthau Jr.

El problema de la Argentina es que el keynesianismo sufrió severos abusos y que sobre todo en el cristinismo tardío las políticas de estímulo de la demanda se siguieron aplicando no ya con el debido criterio anticíclico –para compensar la retracción de la demanda privada– sino procíclico. Y eso no sólo es inflacionario, sino al final inocuo desde el punto de vista del estímulo de la actividad económica.

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La actividad económica del segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner se caracterizó por un serrucho de subas y bajas que describió el agotamiento de un modelo. (Fuente: Banco Mundial).

En algún momento el ajuste dejará de morderse la cola y alguien reparará en que la industria viene funcionando muy por debajo de su capacidad instalada. O lo que quede de ella, al menos.

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Para entonces –¿será desde el 10 de diciembre de 2027 o desde igual fecha de 2031?– seguramente Milei ya no gobernará la Argentina.

Que tengas un muy buen día. Hasta mañana.

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