Juan Pablo Poletti atraviesa uno de los tramos más delicados de su recorrido político: rearmar un gabinete que le permita encarar el segundo tiempo al frente del municipio de la ciudad de Santa Fe sin quebrar los compromisos que cimentaron su llegada a la intendencia y que le garantizaron una lista de unidad para ganar en el Concejo en junio pasado.
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Para todo eso, necesita absorber en el Ejecutivo a los concejales que terminan su mandato y cedieron posiciones electorales para sostener la unidad. El desafío es abrir el juego a todos los sectores de Unidos —algo comprometido desde el acuerdo de unidad de enero— y conservar el equilibrio entre el PRO y la UCR, que le permitió gobernar sin sobresaltos. El desafío no es menor. El turno electoral dejó a figuras de mucho peso local sin escaño y a la espera de la ampliación prometida.
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El intedente de Santa Fe, Juan Pablo Poletti, festejando junto a maría Luengo y Sergio Basile el triunfo en las PASO.
El radicalismo también mueve sus piezas. Carlos Pereira y Carlos Suárez —este último ligado al MAR de Julián Galdeano y con terminal directa en Carolina Losada, a quien Poletti acompañó en la interna— buscan roles que compensen la pérdida de visibilidad que implica dejar el recinto.
A ellos se suma Pablo Mainer, que tras apenas cuatro meses ocupando la banca de Leandro Gonzálezintenta asegurar su continuidad dentro del esquema de Unidos, apoyado en la sintonía política que trazó Santa Fe con el intendente rosarino Pablo Javkin. En paralelo, González ya emigró a la gestión provincial, sumando otra ficha al reacomodamiento general.
Un rompecabezas de recambios y enroques
La mesa donde se definen las incorporaciones funciona como un laboratorio político. Allí conviven el pragmatismo de Sebastián Mastropaolo, hombre del PRO y referencia del área de control y servicios; la mirada estratégica de Alejandro Boscarol, más volcado a planeamiento urbano y movimientos quirúrgicos; y la presencia más silenciosa pero decisiva de José Serruya, amigo personal de Poletti y técnico con prestigio transversal que permeó gestiones diversas hasta consolidarse como una especie de “puente” confiable para todos.
Este aniversario es distinto, y muy especial. Por primera vez, Santa Fe tiene su propia bandera: un símbolo que nos une, que representa nuestra historia, nuestras tradiciones y los valores que compartimos como santafesinos y santafesinas.
Lo que sigue para esta segunda mitad de la gestión municipal es un pacto de convivencia interna, pero los nuevos actores ahora buscan lugares de incidencia dentro de la gestión. “Somos muchos sectores y es complejo, pero la mitad del mandato es un buen momento para reordenar”, admiten cerca del intendente, que intenta transformar las urgencias en una oportunidad para reforzar la musculatura política del frente.
Su salida deja una silla con gravitación política que ahora quiere ocupar Sergio “Checho” Basile, un radical pullarista que llega desde la Secretaría de Desarrollo Territorial de la provincia, donde manejaba una estructura tan sensible como la asistencia alimentaria en tiempos de crisis. Su desembarco en el cuerpo legislativo le da a Unidos una figura con volumen propio para conducir un recinto que promete más tensión que en los últimos dos años.
La nueva composición obligará al oficialismo a negociar más seguido con La Libertad Avanza y con un PJ que se prepara para jugar con mayor filo político. En ese marco, la asunción del profesor Pedro Medei —denunciado por Unidos— suma incertidumbre a un escenario que todo el mundo anticipa más áspero. “Va a estar picante”, admiten del otro lado del mostrador.
El laboratorio Juan Pablo Poletti
En la Casa Municipal se repite una línea: ampliar sin fracturar. Para Poletti, el riesgo es doble. Si cede demasiado, su identidad política se diluye dentro de la coalición. Si se cierra, puede dinamitar los equilibrios que lo sostuvieron hasta acá. Poletti busca que el reordenamiento no sea leído como un reparto de puestos de trabajo, sino como la oportunidad de llegar al tramo final de su gestión con más volumen, más voces y más capacidad de manejar un Concejo que ya no será tan dócil. Las fichas siguen moviéndose. El 10 de diciembre marcará el inicio del nuevo tablero político de la ciudad.