EL PÉNDULO DE LA ARGENTINA

Sábado rojo: ¿con Axel Kicillof y Myriam Bregman se viene el zurdaje?

El Soviético peronista y la estrella trotskista movieron fuerte en simultáneo. ¿Es por izquierda? El combustible del espanto y la utopía de una alianza inédita.

Con dos demostraciones corpulentas de vigor político, Axel Kicillof y Myriam Bregman llenaron el sábado de preguntas: ¿Es por izquierda la salida de la Argentina de extrema derecha que Javier Milei quiere estirar al menos hasta 2031? ¿Se viene el zurdaje, se estará preguntando Mirtha Legrand en su habitación del Sanatorio Mater Dei?

Sol de Avellaneda y estrella roja

El gobernador de Buenos Aires prácticamente formalizó su precandidatura a la presidencia en un acto que encabezó en la tarde peronista de Avellaneda. "Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa", dijo rodeado de una escenografía fríamente calculada: una militancia movilizada con esmero para conformar una concurrencia apta para fotos panorámicas e imágenes de drones imponentes y un pédigri bien federal, con aportes de peronismos de distintas provincias.

En simultáneo, casi en un paso de baile sincronizado, la diputada nacional fue la figura central de La Marcha de la Bronca, una movilización con epicentro en la Ciudad de Buenos Aires y réplicas en ciudades importantes de todo el territorio nacional que el Frente de Izquierda organizó para medir la potencia de la primavera roja que las encuestas le advierten que está ocurriendo en el invierno crudo del ajuste mileísta.

Para emerger definitivamente como el presidenciable excluyente de su sector, el gobernador tiene que lidiar todavía con la sombra de Cristina Fernández de Kirchner, que, incluso presa e inhabilitada, retiene un voto duro robusto y sostiene a su tropa en la trinchera militante de su candidatura, y los amagues de Sergio Massa, el maestro del relato, que envía señales multicolor desde el quirófano de operaciones más prolífico del subsuelo político nacional.

Al exministro de CFK le corren las generales de la ley de un peronismo que no termina de saber -acaso no haya tenido tiempo ni espacio para discutirlo en serio, en medio de la balacera interna- si es por derecha o por izquierda. O sea, si la receta más eficiente para enfrentar a Milei es el modelo Lula 2022 -en la campaña de ese año, el brasileño juntó todo lo que había desde su posición hacia el centro y le arruinó la reelección a Jair Bolsonaro- o el modelo Mamdani, el joven demócrata que tiró todo lo que pudo de la cuerda izquierdista para ganar la alcaldía de Nueva York y erigirse como la esperanza progresista en los Estados Unidos de Donald Trump.

"A poco más de un año de las elecciones nacionales, la diputada del Frente de Izquierda Myriam Bregman se convirtió en la dirigente mejor valorada por la opinión pública", escribió Susana Maidana en Letra P a partir de una encuesta nacional de la consultora Tendencias que le otorga a la abogada un 42% de imagen positiva, que casi se duplicó en menos de tres años y se traduce en un crecimiento relevante de su intención de voto, hasta el 12,6%.

"El Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FIT-U) sacó 5,04% en 2021, con 424.889 votos, y sostuvo sus dos bancas en 2025, con 4,36%", en tanto "a nivel país revalidó tres de las cuatro bancas de diputados nacionales que ponía en juego, con casi 4%. Los números marcan una consolidación en un piso de entre 4% y 5% desde 2021, sin grandes saltos pero, también, sin caídas fuertes", detalló José Maldonado en este portal.

No somos lo mismo, Javier Milei

Por su tendencia al reduccionismo y a la exageración, pero también como fruto, en palabras de Esteban Bullrich, del carácter "religioso" de su liderazgo, que entiende la discusión política como una batalla entre el bien y el mal, Milei mete a Kicillof y a Bregman en una misma bolsa, la del comunismo. Un dislate, por supuesto.

Kicillof estudió a fondo a Marx y saltó a la política de la mano de CFK y La Cámpora, la versión siglo 21 del peronismo de izquierda. Milei lo llama "enano soviético". Sin embargo, su izquierdismo tiene el límite del keynesianismo: fuerte presencia del Estado en la regulación del mercado y políticas expansionistas y distribucionistas, pero nada de reformas agrarias ni de nacionalizar los medios de producción. Kicillof no es, siquiera, la izquierda más dura del peronismo, encarnada, más bien, en Juan Grabois.

Hoy, Bregman es la figura más representativa y taquillera -con perdón- de un trotskismo que batalla al mismo tiempo con las expresiones de la derecha -las presuntamente moderadas, como el PRO, y con la extrema de Milei- y con el peronismo, al que históricamente ha tachado de capitalista apenas reformista y, en particular al kirchnerismo, le reprocha haber desperdiciado la oportunidad que el poder que acumuló entre 2003 y 2015 le dio para sacudir las estructuras que consagran la injusticia. De hecho, en 2015, entre Mauricio Macri y Daniel Scioli -OK, no era una opción peronista muy atractiva-, eligió el voto en blanco y en 2023, ante el dilema Milei o Massa, llamó a no votar al ultraderechista, pero no respaldó al entonces saliente ministro de Economía del gobierno de Alberto Fernández. Para Bregman, es socialismo o muerte.

Además, la izquierda apuesta ahora a consolidarse como tercera fuerza en la provincia de Buenos Aires. Para alcanzar esa meta, debe confrontar abiertamente con Kicillof, encarnación del oficialismo bonaerense.

Trotsky y Perón, ¿un solo corazón?

En este escenario, la fantasía de un giro romántico de la historia nacional recorre la Argentina: Kicillof presidente, Bregman vice.

¿Kicillof y Bregman -el peronismo y el trotskismo, para que no se enoje nadie por la personalización en desmedro de las construcciones colectivas- son capaces de sepultar sus prejuicios mutuos en favor de una construcción superadora?

¿Existe un punto de encuentro entre dos cosmovisiones tan diferentes pero que dicen compartir el sujeto social destinatario de sus desvelos militantes?

¿Podrá el espanto llenar el vacío del amor?

Si todo eso ocurriese, ¿sería viable el gobierno de semejante perro verde?

Alejandro Bodart
Axel Kicillof candidato: Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa

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