TRIBUNA LETRA P

Reforma laboral: pandemia digital y derechos laborales en el país de los Therians

El autor amplía el foco para analizar el cambio de paradigma en la Argentina post Covid de Javier Milei, donde algunos se creen perros y otros, presidentes.

La pregunta central es por qué un gobierno débil como el libertario pudo hacer lo que no pudieron la Dictadura Militar, el alfonsinismo, el menemismo ni el macrismo en sus respectivas épocas de apogeo. La respuesta es obvia: esto excede a Milei.

Demos entonces, en la búsqueda de una respuesta, un salto de escala. Vayámonos muy lejos, al siglo VI d.C., cuando en el extenso imperio romano bizantino se produce la que se conoce como la Plaga de Justiniano, la peste bubónica que azotó a media Europa durante 100 años aproximadamente, dando fin al mundo antiguo e inicios al feudalismo.

Historiadores como William McNeill, autor de Plagas y pueblos, y Jonathan Kennedy, autor de Patogénesis. Una historia del mundo en 8 plagas, refieren la crisis de las grandes ciudades comerciales, centros de propagación de los virus, como los enclaves transmisores de la pandemia. Durante este periodo falleció cerca del 40% de la población europea y la gente se replegó hacia las periferias, a los pequeños poblados aislados, donde surgieron los feudos.

Si saltamos unos cuantos años más, la Peste Negra, que azoló Europa entre 1347 y 1352, aceleró el fin del feudalismo, con la muerte de aproximadamente el 60% de la población europea. Unos cientos de años después, en 1520, otra peste ayudó a Hernán Cortez a lograr con menos de 600 hombres el dominio de un imperio de cerca de 40 millones de amerindios luego de la caída de Tenochtitlan. Bartolomé de las Casas relata en su correspondencia el reguero de muertes de los nativos que no tenían defensas contra la viruela.

Es decir, tanto el feudalismo surgido luego de la crisis del imperio romano como el capitalismo fueron producto más de transformaciones demográficas (McNeill cuenta que durante los primeros 50 años de la invasión española la población de América se redujo casi un 90%), que los arcabuces de los conquistadores o la corrupción, como la relató Edward Gibbon en su clásico Caída y decadencia del imperio romano. Es lógico que estas catástrofes ambientales implicaran procesos de sujetivación diferentes, como en el caso de la crisis feudal hacia una secularización inevitable ante un Dios que se manifestaba impiadoso o la necesidad de invenciones técnicas que suplieran la caída de la mano de obra a finales de la Edad Media.

Argentina y las dos pandemias

La hipótesis que sostenemos hace tiempo es que asistimos a un cambio epistémico producto de la articulación de dos pandemias: la del Covid-19 y la del mundo digital, en las que vuelan por los aires los viejos consensos e instituciones de la modernidad clásica.

Si la pandemia del Covid-19 aceleró procesos de subjetivación que impulsaban una individuación exagerada ante el colapso del Estado, la digitalidad profundizó este proceso al dar razón estructural y tecnológica a un imaginario pos-apocalíptico: no es un dato menor que desde ese periodo y con cierta anticipación proliferaran, en las narrativas audiovisuales, las distopías como The lust of us, El cuento de la criada o El Juego del Calamar.

Embed - The Last of Us | Tráiler oficial | Español subtitulado | HBO Max

Aquello que habían estado preparando en el imaginario los formatos de reality como Gran Hermano comenzaba a ser parte de la experiencia social global, en el que poderes omnímodos y desconocidos se imponían sobre nuestras conductas individuales activando una cultura de supervivencia darwiniana.

Cualquier simple observador del paro de la CGT de la semana pasada descubría que, a pesar de la contundencia de la medida, el país siguió funcionando como si nada. Miles de cuentapropistas salieron a las calles con sus vehículos, las motos recorrían las periferias como cualquier día de semana y el home office reemplazó las labores de oficina sin alterar la rutina cotidiana, en esta nueva normalidad que nos dejó el Covid-19. Solo bastan dos datos para cuantificar esta realidad.

Marcha de la CGT contra la reforma laboral
Marcha de la CGT contra la reforma laboral. El paro fue contundente, pero el país funcionó igual.

Marcha de la CGT contra la reforma laboral. El paro fue contundente, pero el país funcionó igual.

Más de 160.000 jóvenes se emplean hoy en las plataformas de reparto y más de la mitad de la administración pública solo trabaja tres días a la semana. Además, más de 50% de la población en condiciones de trabajar lo hace en empleos precarios no formalizados sin cobertura social o representación sindical y una porción importante se identifica como emprendedores libres, algo parecido a los Therians que se creen perros o zorros.

Cambio y resistencia

La pregunta entonces es otra. Ya el problema no es cómo paramos esto, sino cómo cambiamos para impedir que la transformación epistémica nos lleve puestos. Es evidente que la pregunta de Gabriela Pepe es pertinente: ¿Para qué sirve el paro en la era de Milei? Con más del 50 % de la gente sin trabajo formal, con cambios en los formatos laborales producto de la plataformización de las actividades productivas y la individuación de la subjetivación, el desafío es más que acuciante. ¿O no sabemos, ya hace tiempo, que las formas colectivas de resistencia y disputa económica social se inscriben en las mismas lógicas del sistema que produce la sujeción?

Recordemos que desde la primera gran revuelta social en el mundo griego, con Espartaco, la revolución esclavista más importante de la historia antigua, hasta las luchas por las ocho horas de trabajo en pleno siglo XX, las condiciones de lucha siempre las impuso el modelo de producción.

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Las plataformas, paraísos infernales en la Argentina precarizada de la reforma laboral.

Las plataformas, paraísos infernales en la Argentina precarizada de la reforma laboral.

¿Cuáles son, entonces, las estrategias pertinentes para defender derechos sociales y mejorar la distribución de la riqueza en el siglo XXI?

¿Dónde están los nudos gordianos del nuevo sistema de explotación y apropiación de la riqueza?

¿Qué dimensiones de esa subjetivación tecnológica puede funcionar a favor de los desprotegidos y los expropiados?

Encontrar respuestas a estas preguntas es el desafío de la hora, sin perdernos en debates estériles con gente que se cree perros o presidentes.

Javier Milei en el Congreso.
La reforma laboral cambia las reglas de juego en el trabajo. 

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