La llegada del papa León XIV a la Argentina es una oportunidad para reencontrarnos con un mensaje que Francisco quiso acercarnos y que sigue profundamente vigente: la dignidad humana debe estar en el centro de cualquier proyecto de sociedad.
El autor reflexiona sobre la visita del pontífice al país, el legado de Francisco y la necesidad de construir una sociedad que no excluya a los más vulnerables.
La llegada del papa León XIV a la Argentina es una oportunidad para reencontrarnos con un mensaje que Francisco quiso acercarnos y que sigue profundamente vigente: la dignidad humana debe estar en el centro de cualquier proyecto de sociedad.
Durante su papado, Francisco no llegó a venir a la Argentina. Pero lo que sentimos los argentinos es que Francisco nunca se fue. Su palabra permanece en el amor de nuestra gente y estoy convencido de que León XIV será también portador de ese legado. Su visita nos permitirá reconocer esa continuidad, no solamente en sus palabras, sino especialmente en sus gestos y en los lugares que eligió visitar.
Hay dos paradas que expresan el corazón de su mensaje: el Cottolengo de Don Orione y la cárcel de Devoto. Estar junto a las personas con discapacidad, a quienes sufren y a quienes están privados de su libertad es una manera concreta de afirmar que nadie sobra. Es la respuesta a una cultura del descarte que deja atrás a los adultos mayores, a los jóvenes que buscan su primer trabajo y a los sectores más vulnerables.
León XIV eligió su nombre en homenaje a León XIII, creador de la doctrina social de la Iglesia en tiempos de la revolución industrial. Hoy, frente al avance de la inteligencia artificial y la tecnología, vuelve a plantearse una pregunta esencial: ¿qué lugar ocupa el ser humano? La respuesta debe ser clara: ninguna innovación puede estar por encima de la vida, la dignidad del trabajo y un salario que permita vivir dignamente a todas y cada una de las personas, indistintamente de su origen, credo o raza.
En una Argentina atravesada por la insensibilidad social, necesitamos recuperar esa mirada. Que la visita de León XIV nos convoque a construir una sociedad en la que nadie quede afuera. Todos juntos. Porque acá no sobra nadie.