NUEVA OPOSICIÓN

La ley ómnibus de Javier Milei lotea al Partido Cordobés de Martín Llaryora

El schiarettismo duro apoyará el paquete con debates puntuales. El gobernador anticipó puntos innegociables y envía a sus alfiles. De la Sota, perfil social.

El proyecto de ley ómnibus que Javier Milei envió al Congreso de la Nación obliga a Martín Llaryora a moverse con un equilibrio casi extremo. El peronismo díscolo de Córdoba dice abiertamente que quiere ayudar, pero no quiere atar su suerte a una gestión nacional en cuyo éxito no termina de confiar. Por eso empieza a jugar a dos bandas: mientras avanza con la rosca, participa de encuentros en el que los sectores conmovidos por las iniciativas libertarias expresan su preocupación. En ese costado del ring, cada cual juega su propio partido.

Entre los diputados, y la senadora Alejandra Vigo, que representan al otrora cordobesismo en el Congreso, parece imponerse la idea de acompañar el paquete de medidas del oficialismo. Ponen como condición debatir algunas iniciativas que podrían traer aparejados inconvenientes sociales y políticos en el territorio.

Como pasó con las modificaciones a la Ley de Pesca, este lunes un grupo de representantes de las provincias de Córdoba, Santa Fe, Tucumán, Entre Ríos y Jujuy, fueron recibidos por el ministro del Interior, Guillermo Francos, y el secretario de Bioeconomía, Fernando Vilella. El tema fue la preocupación por los biocombustibles, una de las banderas durante la última etapa de Juan Schiaretti como gobernador, que Llaryora comparte, defiende y por la que está dispuesto a pelear. Por esa razón, envió a ese encuentro a dos de sus ministros: el de Agricultura, Sergio Busso, y el de Industria, Pedro Dellarossa.

Las rondas

Las negociaciones en la superestructura legislativa se dan en paralelo a una estrategia en el que los referentes del Partido Cordobés fortalecen lazos con los actores sociales, a la par de quienes históricamente dieron forma al espacio que gobierna la provincia desde hace un cuarto de siglo.

Antes del encuentro en Casa Rosada, Llaryora recibió a productores de biocombustibles en la sala principal del Centro Cívico cordobés. Allí estaban Busso y Dellarossa, y de ese lugar salió la definición con la que los ministros se sentaron con Francos.

“Los cambios que perjudican al desarrollo de los biocombustibles son producto del lobby de las petroleras”, aseguran en el gobierno mediterráneo desde donde se comprometen a defender ese desarrollo.

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Con una situación tirante con los representantes del mundo sindical, el llaryorismo lleva adelante periódicos encuentros de consulta y contención con los sectores de la producción y la industria, una de las grandes patas entre las que han sostenido el proyecto que llevaron adelante Schiaretti y José Manuel de la Sota.

El gobernador también recibió este lunes a empresarios agroindustriales, ratificó su rechazo a las retenciones y se comprometió a “proteger las industrias que generan valor agregado a la producción primaria”. Todos puntos que declama públicamente mientras también busca la manera de “dar gobernabilidad”.

Mientras eso sucedía, Natalia De la Sota se reunió con trabajadoras de la cultura y referentes en el campo de la salud mental en Córdoba. La diputada quiere discutir “punto por punto” la mega ley libertaria y, para eso, pide sentarse con los “colectivos afectados”. Esa tarea, que también implica un debate hacia el centro de la estrategia empieza a buscar aliados dentro del Congreso y de su flamante espacio legislativo, Hacemos Coalición Federal, donde ya cuenta con un primer diagnóstico compartido con el socialismo.

Natalia de la Sota con trabajadoras de la cultura en Córdoba.jpeg
Natalia de la Sota con trabajadoras de la cultura en Córdoba.

Natalia de la Sota con trabajadoras de la cultura en Córdoba.

Mientras todo eso sucedía, en San Francisco, se ponía en funcionamiento la Mesa Operativa Conjunta entre las fuerzas de seguridad provinciales y federales, luego del convenio marco firmado por la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, y el de la Provincia, Juan Pablo Quinteros, para la actuación conjunta en materia de combate del narcotráfico y el crimen organizado.

Antón pirulero

En esa doble vía que garantiza apoyos parlamentarios y avanza en los acuerdos que garantizan políticas provinciales, pero contiene y ofrece apoyos a los sectores más afectados por los cambios que las leyes buscan efectuar, Llaryora quiere convertirse en pivote de un equipo en el que cada cual atiende su juego.

Loteado en espacios bien marcados, el Partido Cordobés se compone de una pata estratégica en el que el schiarettismo, con Vigo y Carlos Gutiérrez, y el llaryorismo, con Ignacio García Aresca, construyen sus relaciones en el Congreso. A eso se le suman los posicionamientos de los recién llegados Juan Brügge y Alejandra Torres, con conexiones mucho más directas con Juntos por el Cambio y La Libertad Avanza; y De la Sota, que sostiene una relación histórica con el territorio y es, quizás, es eslabón más complejo de contener por parte de la estrategia del apoyo general.

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Con todo, los referentes cordobeses logran tejer un entramado de relaciones que terminan dando forma a una versión alternativa al armado multisectorial que proponen algunos sectores opositores y que tiene sus principales ejemplos en la provincia de Buenos Aires. Una versión más amistosa a partir de la cual las intenciones parecen más destinada a contener actores, y oficiar de puente para direccionar los cambios antes que oponerse a ellos.

De la postura de las partes, se desprende que habrá un acompañamiento general para el proyecto de Milei, que se desagregará en la votación en particular, si es que nada cambia en la estrategia del oficialismo. En ese campo de la negociación también influirán las conversaciones que cada uno de los vectores cordobeses encabecen en el territorio.

Guillermo Francos, junto a funcionarios provinciales. 
Maximiliano Pullaro y Martín Llaryora, junto a sus antecesores Omar Perotti y Juan Schiaretti.

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