En los primeros 12 días de mayo, Javier Milei pasó al menos 1948 minutos en Twitter, según la web que calcula cuánto tiempo le dedica el Presidente a esa red social. De los 2144 posteos que replicó, en 654 estaba él mismo mencionado, reportó la consultora AdHoc. Es el 30% de todo lo que compartió.
El Presidente está encerrado en su propio algoritmo y escribe su propio diario de Yrigoyen, versión 2.0. La tendencia no es del todo nueva, coinciden los expertos consultados por Letra P, pero el Presidente exacerbó este perfil en el último tiempo, al fragor de la crisis política desatada por la caída en desgracia de Manuel Adorni. Hace dos meses que el patrimonio del Jefe de Gabinete está bajo la lupa judicial y la administración libertaria no logra salir del laberinto discursivo para colar otro tema en la agenda.
Puertas afuera de la Quinta de Olivos, Milei vive más como @jmilei. Con escasas actividades oficiales (su último discurso fue en la 29° Conferencia Anual del Instituto Milken en Los Ángeles, el 6 de mayo), el mandatario agenda contadas audiencias oficiales. Según el registro oficial, en los primeros 12 días de mayo no tuvo ninguna. La última cita en el despacho presidencial fue el 28 de abril con el economista Juan Carlos De Pablo, a quien llama "El Profe", y el diputado Adrián Ravier, el otro yo presidencial que salió a jugar de vocero blue del Gobierno en la cancha embarrada del Adornigate.
A contramano, su actividad digital se mantiene, a pesar de que en abril se reportó el tercer mes consecutivo de marcar que la conversación alrededor del Presidente transita el terreno negativo, mientras que la positiva tocó un piso récord del 34%, como refleja el último informe de AdHoc, la consultara que cada mes analiza el desempeño del Gobierno en las redes. Al parecer, Milei ya no es profeta 2.0 en su tierra.
Los (pocos) soldados de Javier Milei
Además, está cada vez menos acompañado. En abril se consolidó el escándalo de Adorni, al igual que la guerra libertaria desatada contra el periodismo que cubre los pormenores judiciales del ministro coordinador. Con el vocero en modo mute, el propio Milei se puso al frente de la pelea y encabezó el ránking de usuarios que descalificaron a la prensa, bajo las siglas libertarias de NOLSALP ("No odiamos lo suficiente a los periodistas").
Debajo, en un podio, aparecen las dos cuentas preferidas del Presidente. En los primeros 12 días de mayo, informó AdHoc a Letra P, Milei compartió 955 posteos de @agarra_pala, que se define como una "agencia de noticias" y se dedica a subir fragmentos de entrevistas de otros medios, y 367 de La Derecha Diario, el portal fundado por Fernando Cerimedo y el actual funcionario Juan Pablo Carreira, responsable de la Oficina de la Respuesta Oficial, que fue adquirido por el empresario español Javier Negre.
En 653 ocasiones, Milei difundió posteos que lo arrobaron o lo mencionaron por su nombre o su apodo. Todos, mensajes positivos.
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Los compartidos de Javier Milei.
Javier Milei, atrapado en la red
"Twitter no es una red más para Milei, es prácticamente su hábitat natural. El Presidente pasa cerca de tres horas por día en la plataforma, cuando el argentino promedio apenas ronda los 37 minutos. Esa diferencia no es menor: define ritmo, volumen y, sobre todo, lógica de intervención", aporta Daniel Vico, estratega en comunicación política digital.
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Las horas que pasó Javier Milei en Twitter en mayo.
"Su tendencia a la automención y a validar las menciones de los demás hacia su persona son pruebas suficientes del nivel de autorreferencia y su tendencia al aislamiento", consideró Javier Correa, consultor político y director de AdHoc.
Lucas Romero, director de Synopsis, suma: "Sin entrar a psicologizar demasiado el análisis del personaje, uno observa problemas de autoestima, de cierta inseguridad, de cierto rasgo narcisista muy presente en Milei desde un comienzo que, todo el tiempo, los análisis lo asocian un poco a sus antecedentes, su historia de vida y las circunstancias particulares que lo atravesaron en su infancia".
El nivel de autorreferencia, añade el politólogo, va acompañado de la crisis por el Adornigate. "Estamos en un momento donde el Gobierno se podría pensar con la autoestima baja, inseguro, con cierta necesidad de validación o de aprobación en un contexto donde las cosas no le salen; con lo cual podría el Presidente estar intentando reforzar un mensaje interno hacia adentro de validación para tratar de revertir eso".
Los números sostienen la hipótesis. Mientras que Milei retuiteó en promedio 650 automenciones en los primeros 12 días de enero y febrero, en marzo, cuando Adorni comienza a ser investigado, el jefe de Estado compartió 995 posteos que lo mencionaban. Desde el avión presidencial, usó Twitter para lanzar el anuncio del súper-RIGI.
"Milei copia otros hiperpersonalismos que vemos a nivel mundial. El ejemplo obvio es Donald Trump, pero el caso argentino llevado a la comunicación digital tiene un elemento destacado. No sólo la comunicación gubernamental es la que se centraliza en la figura del Presidente, sino que es el propio Presidente quien habla de sí mismo en las redes", opina Correa.
Javier Milei y el algoritmo de Yrigoyen
¿El Presidente está editando su propio portal de noticias positivas? Dice Romero: "El Diario de Yrigoyen, en realidad, es una interpretación asociada a los microclimas que se construyen en el poder cuando las personas que rodean al protagonista, para evitar que entre en una fase de falta de confianza, de descrédito o de depresión, lo llena de buenas noticias para mantenerlo entusiasmado". Es distinto en el caso de Milei. "Es él quien está promoviendo esa visión positiva de lo que está ocurriendo. Un poco por querer tener razón; otro, por la necesidad de validación interna personal o colectiva de que se están haciendo bien las cosas y otro porque es la forma de relacionarse políticamente que tiene Milei, expresando en Twitter cosas positivas", agrega.
Por su parte, Vico aggiorna el concepto que explica el aislamiento del poder desde hace cien años. "Hay un ecosistema digital muy claro que rodea a Milei, compuesto por cuentas 'faro' de La Libertad Avanza y una red de replicadores que alimentan constantemente el timeline. No es solo que el Presidente tuitea: se mueve dentro de una burbuja de contenido que su propio espacio genera. Ahí es donde aparece lo que algunos llaman 'el algoritmo de Yrigoyen', una lógica en la que el líder termina consumiendo, validando y amplificando información producida por su propio círculo, como si fuera orgánica del conjunto de la sociedad".
"Milei actúa muchas veces más como un replicador que como un emisor original, tomando ese insumo digital como fuente y devolviéndolo amplificado desde su cuenta. Es un circuito cerrado que tiene potencia, pero también riesgos en términos de percepción de la realidad", afirma Vico.
De esta forma, mientras Milei habla "de igual a igual" con los demás internautas, también lo hace en una pecera en la que no todos pueden ingresar: Twitter no es la calle, donde no hay algoritmo que pudiera salvarlo de ver cosas que no quisiera ver.