LETRA PEPE

Temperatura en ascenso

El peronismo es un rompecabezas con pronóstico inestable. Las mesas de Fernández. Gobernadores, una cooperativa limitada. Antídotos contra el fuego amigo.

El clima amigable del encuentro invitó a poner las cartas sobre la mesa. Cerca del mar, en la residencia presidencial de Chapadmalal, Alberto Fernández, el gobernador Axel Kicillof, integrantes del gabinete nacional y una veintena de intendentes bonaerenses, trazaron un diagnóstico sobre la situación política y económica y empezaron a barajar posibles escenarios para las elecciones. Sin hablar sobre posibles candidaturas, el Presidente envió un mensaje claro. “El fuego amigo ya nos hizo bastante daño”, dijo.

 

Fernández no estuvo solo en su afirmación.  El jefe de Gabinete, Juan Manzur, también pidió lavar los trapitos sucios en casa. Lo siguió en la misma línea el intendente de Berazategui, Juan José Mussi, un histórico del peronismo de buena relación con Cristina Fernández de Kirchner, que llamó a calmas las aguas del Frente de Todos. Pero el más duro fue Daniel Scioli, que culpó al fuego amigo de la derrota electoral de 2015 y fue aún más allá con su balance de aquel proceso traumático: “No perdí yo, perdió la gente, perdió el país”.

 

La catarsis sirvió para empezar a poner las reglas de juego, al menos entre los presentes. No escapa al análisis que ni Cristina ni La Cámpora fueron temas en el almuerzo que se extendió durante más de cuatro horas, entre asado, postre, café y masas. La mesa tuvo a Kicillof y los intendentes de Ensenada, Mario Secco, y de Morón, Lucas Ghi, como los representantes más fieles a la vicepresidenta, que tomaron nota ante cada mención al fuego amigo. Una aproximación por etapas a la famosa mesa política que reclama el Instituto Patria, pero a la manera del Presidente.

 

Como contó hace dos semanas Letra P, el Presidente proyectaba un comienzo de año con reuniones con dirigentes de peso en el territorio para empezar a trazar la estrategia electoral. La idea de Fernández era comenzar con los gobernadores, pero la primera convocatoria del año tuvo finalmente como eje el juicio político contra la Corte Suprema. Entre deserciones y enojos, dejó más grietas internas que antes, entre la Casas Rosada y las provincias, y también entre los asistentes y ausentes.

 

Aquella mesa que imaginaba el primer mandatario no incluía sillas para la vicepresidenta ni para la agrupación que conduce Máximo Kirchner. En el ámbito de discusión interna, Fernández considera a Kicillof como interlocutor válido del sector, con votos y territorio. Al bonaerense le añade a otros cristinistas de paladar negro, como el chaqueño Jorge Capitanich. El resto no entra todavía en el radar.

 

La elección del bonaerense tiene su propio juego interno. Fernández y su entorno saben que La Cámpora y un sector del cristinismo promueven la candidatura presidencial de Kicillof en una búsqueda por liberarle el territorio al jefe de Gabinete, Martín Insaurralde, para la gobernación. La Casa Rosada juega en esa interna a favor del gobernador.  

 

Kicillof tiene el respaldo de Cristina, intenta contener la presión interna y ya se ocupó de lanzar su operativo reelección. En la reunión de Chapadmalal, libre de camporistas e intendentes cercanos a Insaurralde, encontró el clamor. Secco, Mussi y Ghi fueron los que plantearon, entre otros, que impulsan un nuevo mandato para el gobernador en territorio bonaerense. “Axel salió fortalecido”, analizó uno de los dirigentes invitados al encuentro.  

 

Fernández se dedicó a escuchar y se cuidó de no hablar de su propia candidatura, pero volvió a marcar la necesidad de que el peronismo dirima sus diferencias internas en las primarias. Lo apoyaron Manzur y Scioli. El tucumano marcó la cancha sobre eventuales actos de rebeldía en un escenario de múltiples candidaturas. “Pero que después de las PASO nadie saque los pies del plato. El que gana conduce y el que pierde acompaña”, dijo. Manzur y Scioli se anotan para ser candidatos si Fernández no va por la reelección.

 

En línea con lo que plantea también la Liga de las provincias, los intendentes remarcaron el crecimiento de la actividad económica, la caída del desempleo y la inversión en obra pública. Los representantes del conurbano señalaron como problema principal la necesidad de recuperar el salario, aunque hay señales de confianza en la desaceleración de la inflación, el paraíso que promete Sergio Massa. Fernández casi los intimó a que salgan a militar el modelo y a mostrar los índices de recuperación, que contrastan con el clima pesimista que muestran todas las encuestas, que ya dan por perdida la elección para el FdT.

 

La reelección de Fernández no fue tema de debate. Ni los intendentes ni gobernadores se anotan ya en la promoción del Presidente, aunque hay matices internos. “Al Gobierno le tiene que ir bien para que le vaya bien al FdT. Alberto tiene que fortalecerse, ganar autonomía para definir si quiere ser candidato o no. Y, en todo caso, ser ordenador del proceso”, le dijo a Letra P uno de los dirigentes que participó del almuerzo.

 

En la búsqueda de salvar sus distritos, en fechas que el calendario marca antes de la elección nacional, la Liga de las provincias mira otra película. Si el Presidente esperaba el apoyo de los gobernadores para pelear por la reelección o al menos para oficiar como ordenador del proceso electoral, los últimos enredos en torno a la relación con la Corte Suprema lo terminaron de complicar.

 

El primer episodio fue el jueves 22 de diciembre, cuando Fernández recibió a un grupo de gobernadores en la Casa Rosada para analizar el fallo de la Corte sobre la coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires. Tras el encuentro, emitieron un comunicado que calificaba la sentencia como “de imposible cumplimiento” y anunciaba la recusación de los jueces y la presentación de un recurso de reposición. El texto llevaba la firma de 14 mandatarios. Como reveló Letra P, durante ese encuentro se habló sobre la posibilidad de impulsar el juicio político contra los jueces. Los más enfáticos en su consideración sobre el Máximo Tribunal fueron los gobernadores más cercanos a Cristina, el chaqueño Capitanich, el santiagueño Gerardo Zamora y Kicillof.

 

El paso siguiente de Fernández generó enojo en todas las provincias. El lunes 26, tras un fin de semana de consultas con el Ministerio de Economía, el Presidente anunció que continuaría la pelea judicial pero abrió la puerta a la posibilidad de cumplir con el fallo con bonos del Tesoro. Los firmantes del comunicado enfurecieron por la marcha atrás. Cristina lo llamó “agrupación amague y recule”.

 

El 1 de enero, las provincias se desayunaron con otra novedad. A tono con el pedido de mayor dureza, el Presidente anunciaba que convocaría a los gobernadores para impulsar el juicio político contra los jueces de la Corte. Los mandatarios menos cercanos al kirchnerismo señalaron al trío más cercano a Cristina como quienes “empujaron” a Fernández a la decisión, que ni siquiera cosechó el apoyo de la vicepresidenta ni de La Cámpora. Todos se enteraron, al igual que el resto de la ciudadanía, por un tuit presidencial.

 

La reunión se celebró el martes, con la asistencia presencial de ocho gobernadores, tres participantes virtuales y un ausente, Mariano Arcioni, que dijo haber enviado su apoyo desde el exterior. Fastidiosos, los mandatarios pidieron evitar las fotos. Fernández consiguió el apoyo de once provincias y entró en una disputa con el entrerriano Gustavo Bordet, que retiró su firma del comunicado. Sobre la mesa quedó el cartelito que reservaba el lugar del sanjuanino Sergio Uñac, que pegó el faltazo a último momento. Zamora, Capitanich y Kicillof oficiaron como voceros. 

 

Aunque firmaron, varios criticaron el texto con el pedido de juicio político y se quejaron por la forma en la que quedaron atados a la decisión de la Casa Rosada sin previa consulta. Desde el Norte Grande, también volaron reproches para los desertores, Uñac y Bordet. Los más envalentonados en la cruzada contra la Corte los tildaron de cobardes. “Es todo inoportuno. ¿Vamos a hacer campaña con el juicio a la Corte?”, se quejó un funcionario de alto rango del Gobierno que habló con varios mandatarios. “Es comprensible que los gobernadores no quieran participar. ¿De qué le puede servir a Bordet quedar pegado al juicio político? Está preocupado porque va a perder su provincia. La foto con Alberto le resta”, apuntó un operador del FdT, que dijo que los mandatarios “no quieren saber nada más” con las convocatorias presidenciales.

 

Fernández se concentrará en las próximas semanas en territorio bonaerense. Tendrá unos días de descanso en Chapadmalal – donde también vacaciona Kicillof junto a su familia, en la residencia reservada para el gobernador –, el lunes 9 visitará Miramar y el siguiente, Villa Gesell. En todas sus recorridas procurará armar mesas políticas para tomar la temperatura del territorio y empezar a pensar el esquema electoral.

 

Mientras, los gobernadores se refugian en sus distritos para hacer su propio juego. Se concentran en la recaudación de las vacaciones y en sus propias elecciones. La Liga que lanzaron formalmente a principios de junio está desactivada hasta nuevo aviso. El intento por armar un polo de poder que les permitiera discutir lugares en las listas que hicieron junto a la cúpula de la CGT en la reunión que tuvieron el 12 de diciembre en el Consejo Federal de Inversiones (CFI) quedó en amague, sepultado en las reuniones por la pelea contra la Corte.  

 

Los mandatarios están “agazapados”, a la espera de lo que suceda con la economía. En diálogos con el Palacio de Hacienda reportan una paulatina baja en el precio de los alimentos, su mayor preocupación. Si el ministro consigue llegar al número mágico de inflación que vaticina para marzo, menor al 4%, sabe que las provincias activarán su apoyo para su eventual candidatura presidencial. Procura tenerlos contentos y promete que no habrá recortes a los fondos que les transfiere la Nación.

 

Massa se mantiene al margen de las disputas que propone el Presidente, como la pelea con la Corte, a la que tampoco se opuso con fervor. Se concentra en anuncios económicos y espera. Sabe que todavía queda tiempo para las definiciones y que Argentina no ahorra en sorpresas. Falta pasar el verano del año en que el peronismo pone su futuro en juego. Como recordó uno de los asistentes al encuentro que organizó Fernández en Chapadmalal: “En diciembre de 2010, el próximo presidente iba a ser Julio Cobos”.

 

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