PRETEMPORADA 2023

Con Fernández a la cabeza, el Gobierno lanza el plan ReivindicAr

La administración albertista está alineada detrás de una autodefensa. Más que reelección, operativo de preservación. De la gestión al "no hay 2023 para nadie".

Al filo del cierre de 2022, uno de los años más complicados para el Frente de Todos ya no por cuestiones externas sino de lógica doméstica, Alberto Fernández pretendió destacar los primeros 36 meses de su presidencia, atravesada por el Covid-19, un préstamo con el FMI por negociar y una complicación de origen de la propia coalición. En Parque Colón, detrás de la Casa Rosada, el Gobierno organizó un evento con la esperanza de poblar el auditorio con figuras de peso territorial. Solo asistió un gobernador (el tucumano Osvaldo Jaldo) y cuatro intendentes. Resonaron más los faltazos del gabinete: Sergio Massa, que en rigor llegó tarde; y Eduardo de Pedro. "Le vaciaron el acto", se lamentó un importante peronista, en defensa del mandatario, con reproche al kirchnerismo. A pesar de aquel sinsabor, el plan ReinvindicAr está en marcha. 

 

"Vino la pandemia; cuando empezamos a superarla, nos llegó la mala noticia de que en Rusia y Ucrania se había decidido lanzar una guerra, lastimando más vidas de las muchas vidas lastimadas que la pandemia había dejado. Me parece que es bueno que reflexionemos, porque tal vez en estos tres años pasaron muchas más cosas, hicimos muchas más cosas de lo que somos capaces de ver. Y no las hizo un Presidente, las hicimos todos, las hicimos todos, cada uno de nosotros", celebró aquel día Fernández arriba del escenario. Debajo, se movió la idea de que era el "candidato natural" del espacio, como modo de reinstalación del clamor por su reelección. Fue poco después de que Cristina Fernández de Kirchner rechazara su propio clamor al prometer que en 2023 no será "candidata a nada". 

 

Después de la insinuación en Balcarce 50, el propio Presidente también salió a ponerle un asterisco a su clamor: si hay otro postulante en el oficialismo con mayores chances, dará un paso al costado, prometió en varias ocasiones, palabras más, palabras menos. 

 

También por aquellas fechas, Fernández sostenía que se pondría al comando del Frente de Todos modelo 2023. El puntapié veraniego lo dio este jueves en Mar del Plata, epicentro político de cada enero preelectoral. Se rodeó de dos de figuras bonaerenses, una que estuvo en una boleta en 2019 y podría repetir este año, junto a otro que resuena para una próxima lista legislativa: la ministra Victoria Tolosa Paz (Desarrollo Social), de indisimulables aspiraciones en la capital provincial, y Gabriel Katopodis (Obras Públicas). Hubo un tercero que no es discordia: casi un local, Daniel Scioli se sacó selfis. El embajador está anotado para ser ese "otro postulante" del que habla Fernández. 

 

En sintonía con la oposición, el mandatario hará base estos días en la Costa bonaerense, más precisamente en la residencia presidencial de Chapadmalal, para el lunes ir a Miramar, y la próxima semana a Villa Gesell. En todos los casos, con actos de gestión. Mientras tanto, Massa apuesta a ordenar la economía, con la inflación como espada de Damocles. 

 

No hay mejor campaña que mostrar infraestructura, todo oficialismo lo sabe. "Se finalizaron 2.802 obras hasta hoy y hay otras 2.800 actualmente en ejecución", resumen en la cartera del exalcalde de San Martín. El objetivo a partir de ahora, completan, ya es hablar de los trabajos terminados. No es la excepción, más bien la regla en la administración albertista. 

 

"Casi todos en el gabinete están con eso, algunos le ponen la cara y otros lo hacen por Twitter", chicanearon en un despacho oficial. No son ningún secreto las tensiones que conviven en el mismo gabinete, pero la bajada de línea no responde 100% a un clamor reeleccionista por Fernández. De fondo, hay una estrategia de autopreservación. "Si a este gobierno le va mal, no hay 2023 para nadie", es una de las frases más repetidas por la dirigencia del frentetodismo. "¿Cómo hacés campaña, siendo oficialismo, desprendiéndote de esta gestión?", es una pregunta retórica habitual. La respuesta es reivindicar la administración, algo que el cristinismo, a priori, no estaría dispuesto a hacer.

 

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