CRISIS DE ALTA GAMA II

KicilloF, con K de Fernández

El gobernador estira el cordón que lo une a CFK y se acerca al Presidente. Tuit de apoyo y gira confirmada, dos gestos en medio de la tempestad. Objetivo 2023.

El cordón umbilical que lo une a Ella parece imposible de cortarse y más aún que sea él quien empuñe la tijera para hacerlo, pero las últimas señales del hijo político de Cristina Fernández de Kirchner radicado en Buenos Aires sugieren, al menos, un principio de independización.

 

 

El Presidente anunció hoy que el FMI refinanciará esos vencimientos, lo que evitará una verdadera catástrofe en lo inmediato”, tuiteó Kicillof tras el anuncio grabado de Alberto Fernández. En el gobierno nacional se quedan con esa frase de apoyo. Tras la dura carta de renuncia de Kirchner, ante la consulta de este medio, en el entorno del gobernador mandaron “a ver el tuit” del viernes. Este martes, su agenda incluía el viaje junto al Presidente, tras las dudas que plantó su aislamiento por coronavirus. Dos gestos en medio de la tempestad.

 

Axel Kicillof tiene decidido quedarse seis años más en la gobernación y sabe que, para renovar el alquiler, necesita de todas las piezas del ajado rompecabezas de la coalición gobernante. Equilibrio. “Por el costado no le pasa, pero tiene la responsabilidad de gobernar y no se puede gobernar la provincia enfrentado con Alberto o con Cristina”, dice un dirigente peronista con votos propios que conoce -y respeta aunque no comparte- los modos antirrosca de hacer política que pregona el mandatario.

 

¿Es Kicillof “un representante” de Cristina, como dijo a Letra P el titular de ARBA, Cristian Girard? Nadie lo pone en duda, pero hay quienes afirman que el mandatario “ya es bastante más que eso”. Algunos aducen que esa autonomía relativa que le permite acercarse al otro extremo del matrimonio Fernández es alimentada por la propia CFK, segura de que, si las papas quemaran, jamás sería traicionada.

 

A excepción del arranque de su mandato, cuando aún la plataforma del 52% de los votos cosechados se ensanchaba bajo sus pies, el camino de Kicillof siempre fue cuesta arriba y cada vez más estrecho. No solo por los contratiempos propios de la gestión, aumentados exponencialmente por la crisis que produjo la pandemia, sino, además, por los golpes permanentes en la puerta de entrada a su gobierno de integrantes de otras tribus a las que siempre mantuvo a prudente distancia.

 

Sin embargo, no pudo resistir la derrota en las PASO, volvió de aquel viaje relámpago al sur con una orden que no podía desoír y abrió el gabinete.

 

Pese a las desavenencias iniciales con el intendentismo apadrinado por el hijo de la vicepresidenta y titular del PJ bonaerense, el gobernador había logrado encaminar la convivencia en su mesa chica. Fue vital la remontada en las generales y funcionó como válvula de escape el reservorio de tropa propia inaugurado, con Carlos Bianco, Agustín Simone y Agustina Vila corridos de los ministerios, pero con cargo y estructura nuevas.

 

Cuando el gobierno nacional respiró aliviado por el resultado de las generales que vendió como triunfo y el albertismo nonato salió a instalar la reelección del Presidente, Kicillof no abrió la boca. No la abrió para apoyar, pero tampoco lo hizo para criticar la falta de timming, como sí hicieron muchos. Semanas antes, él mismo había lanzado de manera solapada su reelección presentando un programa de gobierno que llega hasta 2027. Se colgaba el cartel de candidato en el mismo momento que cedía más lugares en su gabinete a manos de la sociedad M&M que sellaron, en el amanecer del Frente de Todos, el ahora exjefe de la bancada oficialista en Diputados y Sergio Massa.

 

Con la pandemia a raya por la vacunación masiva que desplegó en Buenos Aires, el gobernador lanzó a su tropa de la primera hora a mostrar gestión bajo las luminarias del verano. Fue el puntapié inicial de una agenda que tiene, en el siguiente renglón, el objetivo de paritarias y un inicio de clases ordenados. Kicillof busca caminar derecho rumbo a 2023 y lo hace con la certeza de saberse mejor candidato que cualquiera, sea cual fuere el resultado del divorcio de los grandes al que nadie le pone todavía la firma.

 

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