08|5|2022

Interbloques: amague a un lado y otro de la grieta PRO y prescindencia radical

04 de enero de 2022

04 de enero de 2022

Intendentes y vidalismo no ven mal una separación, pero nadie quiere dar el primer paso. La UCR no se mete. El espejo Congreso en el que no quieren verse.

En el PRO bonaerense analizan dos salidas a la crisis interna que padece y se intensificó con la votación dividida que cambió la ley que pone tope a las reelecciones. La primera, más sencilla y habitual, es bajar la exposición de los protagonistas del conflicto y esperar a que alguno de los bandos deponga sus armas; la segunda, analizar una salida institucional con la creación de una figura de interbloque que marque las diferencias y que, al mismo tiempo, contenga a sus integrantes. Ninguno de los bandos, el de los intendentes y el que responde a María Eugenia Vidal, descarta la última posibilidad, pero nadie quiere pagar el costo de dar el primer paso hacia la ruptura en la antesala de la pelea por 2023 y menos con el estruendoso antecedente en la Cámara de Diputados de la Nación, en la que las diferencias en la cúpula de la Unión Cívica Radical terminaron de romper la bancada opositora.

 

Como dio cuenta Letra P, a principio de junio de 2021, el radicalismo bonaerense se cebó con la irrupción de Facundo Manes y varios de sus líderes propusieron dividir la alianza legislativa que los une en Buenos Aires y trabajar con el PRO, la Coalición Cívica y los demás sectores de Juntos bajo la figura de interbloque. Pese al cierto consenso de entonces, la propuesta nunca se materializó y sólo quedó en un borrador que tenía por objetivo final levantar la figura del neurocirujano para fortalecer un proyecto electoral del histórico partido. Con otra finalidad, a mediados de diciembre, quién sí presentó un proyecto para hacerlo fue el radical inorgánico Walter Carusso, quien, bajo la conducción de Gustavo Posse, intentó apurar a Maximiliano Abad para acercar posiciones con su bloque sin perder autonomía. La baja representación de Cambio Federal no logró poner en agenda el tema.

 

Fue la crisis amarilla derivada de la votación que modificó la ley que limita las reelecciones a cargos ejecutivos y legislativos la que hizo ver con buenos ojos tanto al vidalismo como al intendentismo la posibilidad de un divorcio, para luego legislar bajo la figura de interbloque. Si bien nadie descarta la posibilidad, tampoco nadie se anima a dar el primer paso y pagar los costos de una ruptura. Sobre todo, después del fallido ensayo en el Congreso, en el que un grupo de diputados y diputadas que responden a Martín Lousteau hicieron rancho aparte con sus pares con intenciones de condicionar la interna de la UCR, aunque, una vez dirimida la competencia por la conducción del partido, ahora intentan ensamblar las partes nuevamente sin que eso quede como una desprolijidad a los ojos de una ciudadanía que reclama respuestas políticas a una crisis económica en ascenso. 

 

Es que ni las bancas que responden a María Eugenia Vidal ni las que reportan a los jefes comunales del PRO creen que la votación que llevaron a cabo en la última sesión fue un error. Los vidalistas aseguran que fueron en sintonía con la sanción original del proyecto en 2016 y que la exgobernadora se metió en la discusión bonaerense tanto como lo hizo Jorge Macri, quien ahora es también hacedor de la política porteña, pese a que preside el partido amarillo en la provincia. Eso sí, distintas fuentes del espacio que responde a la diputada por la Ciudad reconocen que se quedaron afuera de toda la discusión en torno a esta iniciativa, el Presupuesto y los cargos que rodearon a aquella extensa jornada legislativa. Los intendentistas, en cambio, aseguran que arreglaron un problema en la reglamentación de Vidal y un desequilibrio con los intendentes del Frente de Todos, que fueron los primeros que encontraron una salida a la norma al asumir dos años antes en otros cargos. 

 

Como sea, en paralelo, quienes trabajan en la territorialidad de los municipios, algunos de ellos incluso con buenos vínculos con Vidal, se preguntan cómo quiere la exgobernadora llevar adelante su proyecto presidencial en 2023 entrando en guerra con los alcaldes de su propio espacio, los dueños de los votos. Lo mismo vale, dicen, para las ambiciones de Cristian Ritondo de convertirse en el próximo gobernador bonaerense.