05|5|2022

La resistencia de la guardia kicillofista para la batalla 2023

02 de enero de 2022

02 de enero de 2022

Pese a la intervención intendentista, el gobernador mantuvo a su tropa. Incondicionales para jugar la reelección. Puente con AF, sin temor a una interna.

La derrota electoral en las elecciones legislativas sacudió la política bonaerense y una de las consecuencias más visibles fueron los cambios drásticos en el gabinete del gobernador Axel Kicillof. Tuvo que digerir la intervención de los intendentes, en alianza con Máximo Kirchner y con el aval de la vicepresidenta Cristina Fernández, y mover a hombres y mujeres de su mayor confianza. No obstante, mantuvo a todos y a todas en el gobierno con lugares de peso y siguen siendo su mesa chica. Con ellos y ellas planifica el camino hacia su reelección en 2023.

 

El gabinete con el que Kicillof comenzará el segundo tramo de su gobierno dista mucho de aquel que pensó originalmente y que mantuvo, sin abrirlo para los intendentes y el Frente Renovador, hasta el golpe de la derrota en suelo bonaerense en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que eyectó de sus sillas hasta a “intocables”.

 

Fueron días de extrema tensión dentro del Frente de Todos, con la alianza de gobierno a punto de volar por los aires con la carta bomba de CFK. Sin embargo, en esos primeros días el gobernador creía que las esquirlas no le llegarían. Se equivocó y, aunque viajó a Calafate para intentar frenar la avanzada intendentista, no logró retener en sus cargos a hombres de su círculo más íntimo.

 

Se concretó así la salida de Carlos Bianco de la jefatura de Gabinete, el hombre del Clio, el de suma confianza del mandatario, su alter ego, para que ingresara el mandamás de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde. Agustín Simone debió dejar su silla en el potente Ministerio de Obras Públicas al intendente de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini. Además, se anunció la llegada de Cristina Álvarez Rodríguez para ocupar el lugar que dejaría bacante Teresa García, quien partía al Senado provincial.

 

Tras la elección general, con otra derrota en la espalda, aunque esta vez menos dolorosa gracias a la remontada que dejó al oficialismo apenas un punto debajo de Juntos, llegó la segunda tanda de cambios. La creación de dos nuevos ministerios: Ambiente, para la camporista Daniela Vilar, y Transporte, para el massista Jorge D’Onofrio. Además, se desplazó a Agustina Vila de la Dirección General de Cultura y Educación y su lugar fue ocupado por Alberto Sileoni, ministro de Educación durante la gestión de CFK, y se puso en funcionamiento del Instituto Cultural, con el desembarco de la kirchnerista Florencia Saintout.

 

Pese a todo, Kicillof resistió cuanto pudo y logró ubicar a sus personas de confianza, quienes lo acompañan desde sus días como ministro de Economía de la Nación, en otros cargos relevantes. Bianco quedó al frente de la jefatura de Asesores, área creada para él con rango de ministerio; Simone pasó al Instituto de la Vivienda, que se transformó luego en ministerio y Agustina Vila pasó a comandar la secretaría General de la gobernación; mientras que postuló a Federico Thea para un órgano clave como el Tribunal de Cuentas, una usina de poder que hasta ahora Kicillof no tenía y desde donde se ejerce el control de las cuentas de cada municipio.

 

A este grupo se suman el ministro de Producción, Ciencia y Tecnología, Augusto Costa; la ministra de Trabajo, Mara Ruiz Malek; la ministra de Comunicación, Jesica Rey; y el ministro de Economía, Pablo López. Son quienes forman la mesa chica del gobernador y en quienes se refugia para construir el camino hacia su reelección en 2023.

 

“Axel (Kicillof) quiere ser reelecto, no quiere saber nada con ir a Nación ni nada de eso”, asegura un miembro del gabinete en diálogo con Letra P, desestimando cualquier intención de ir por la presidencia. Ese objetivo encaja bien con las intenciones del presidente Alberto Fernández, que, envalentonado, mira su propia reelección como algo posible. Para lograrlo, teje alianzas con los gobernadores y, en esa tarea, la sintonía fina con Kicillof, el gobernador de la provincia más importante en términos electorales, la del 40 por ciento del padrón electoral, es clave.

 

Kicillof sabe que debe hacer una buena gestión los próximos dos años si quiere tener chances de renovar mandato. Por eso, cuentan desde su entorno, ejerce un control estricto de cada una de las áreas, especialmente de aquellas dirigidas por otros sectores de la coalición. El hombre es bueno, pero si se lo vigila es mejor, decía Perón. En la mesa chica del gobernador confían en que podrán hacer un buen trabajo los próximos dos años aunando esfuerzos entre las diferentes tribus que conviven en el gabinete. “La suerte del Frente de Todos está atada al éxito de la gestión de Axel”, afirma un funcionario con despacho en La Plata.

 

Pero, con el juego de las internas abierto para 2023, la relación enfriada con la vicepresidenta y otros postulantes con intenciones de llegar al sillón de Dardo Rocha, desde el entorno del gobernador saben que sólo con la gestión no alcanza. “No tenemos miedo a competir”, afirmó a este medio un hombre cercano al gobernador, y agregó: “Sabemos que podemos ser los elegidos de Cristina (Kirchner) como ya lo fuimos, o no”. Sin embargo, por el momento no se está trabajando en construir el kicillofismo, ni en un armado territorial del gobernador, aunque es algo que muchos ya están planteando puertas adentro.