29|4|2022

Vivir (otra vez) en default: ¿apocalipsis ya o esperanza 2002?

13 de enero de 2022

13 de enero de 2022

Pesimismo y cálculos febriles. ¿Qué prevé el mercado? El precedente Lavagna y un mundo que ya no es. Inflación, PBI y el futuro de Guzmán, Fernández y Todos.

Por una vez subidos al mismo barco –¿será eso lo que significa compartir patria?–, el pesimismo se apoderó del Frente de Todos y del mercado financiero desde que Alberto Fernández y Martín Guzmán blanquearon, en diálogo con los gobernadores y las gobernadoras menos los cuatro de Juntos por el Cambio, que la intensidad del ajuste que el país deberá aplicar en los próximos años y la resistencia de Estados Unidos a convalidar el plan que presentó la Argentina están trabando, ya de modo preocupante, la refinanciación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Así las cosas, ya circulan informes de diversas consultoras privadas sobre cómo sería la vida sin ese acuerdo clave para alinear las expectativas en momentos en que las elecciones presidenciales de 2023 se instalan en el horizonte de todos los actores políticos. Esa vida, coinciden desde todos los ángulos ideológicos, sería bastante más difícil que la deseable.

 

A pesar de esos malos augurios, la necesidad –el vencimiento de marzo, de imposible cumplimiento, y los que comenzarían desde ese mes a acumularse con el Club de París– invita todavía a pensar en un entendimiento para reperfilar la deuda de 44.000 millones de dólares que Mauricio Macri les dejó a los argentinos y a las argentinas.

 

Sin embargo, –otra vez negativas– las consultoras piensan en uno light, carente de metas fuertes de consolidación fiscal y ordenamiento monetario, suficiente para patear la pelota playera para más adelante, aunque no para ordenar las expectativas como hace falta.

 

El escenario de una ruptura de hecho de las gestiones tiene lecturas tanto económicas como políticas. Entre estas últimas cabría preguntarse, en caso de que dicho escenario se concretara, qué pasaría con Guzmán, quien ha debido pelear, con éxito apenas relativo, con la condición de “ministro de Deuda" a la que lo redujo la creciente presión del cristinismo. Si no lograra concretar una misión que él mismo califica como primordial, ¿cuál sería su destino en el Gobierno, apuntado, como está desde hace tiempo, por Cristina Kirchner, quien lo acusa de haber aplicado un "ajuste" en un año de elecciones de mitad de mandato? Discusiones técnicas aparte, el hecho de que 2021 haya terminado con un rojo fiscal –antes del pago de deuda– de 2,9% del producto bruto interno (PBI) frente al 4,5% que establecía el Presupuesto constituye una señal al Fondo que podría condenar al ministro en la interna oficial.

 

Si las reyertas entre el albertismo cupular y el cristinismo fuertemente arraigado en la base de Todos arreciarían, cabe preguntarse por las condiciones económicas que conllevaría una ruptura con el Fondo, posibilidad que, aunque sea meneada como un mal menor por el sector que responde a la vicepresidenta, no es de ningún modo la preferida de ella. El arreglo de todos los tramos de la deuda macrista fue un elemento que vertebró, desde el inicio, el programa del Frente de Todos.

 

Si de economía se trata, es interesante tomar el último informe de Equilibra: "¿Qué pasa si no hay acuerdo con el FMI?".

 

La consultora es más pesimista que el promedio de sus colegas privadas y, desde el vamos, proyecta para este año un crecimiento de apenas 1% y una inflación del 58% –contra el 2,9% y el 54,8%, respectivamente, que surgen del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) lanzado en diciembre por el Banco Central.

 

Sin embargo, siempre según Equilibra, las cosas empeorarían sin un acuerdo con el Fondo, escenario en el que el Gobierno no pagaría el vencimiento de marzo e incurriría en un "atraso" (arrears). Ello implicaría, señala el trabajo, "el cierre del acceso al financiamiento de la mayoría de los organismos financieros internacionales, pago de intereses punitorios al Club de París y que el sector privado perdería cartas de crédito de exportación, acceso preferencial a mercados internacionales e inversión extranjera directa".

 

La brecha entre los dólares paralelos y el oficial saltaría –continúa– y, en un contexto de mantenimiento del cepo, "las exportaciones se resentirían, potenciando las presiones cambiarias en un contexto de escaso poder de fuego del Banco Central. Estas derivan en un salto del dólar oficial tras la liquidación de la cosecha gruesa –tercer trimestre–, que descomprime la restricción externa de la peor forma: depreciación del tipo de cambio real y fuerte recesión".

 

Según la consultora que dirige Martín Rapetti, "en el escenario de ‘no acuerdo con el FMI’, la actividad caería en promedio 2%, la inflación se aceleraría al 85%, no habría reducción del déficit primario, el financiamiento del bache fiscal se cubriría principalmente con emisión y tanto el riesgo país como la brecha treparían".

 

«A Macri, acudir al Fondo le costó la reelección. Alberto Fernández no quiere ahora ser la víctima de una fiesta a la que en su momento no fue invitado.»

El panorama preocupa, aunque otros economistas, como Emmanuel Álvarez Agis, preferirían, en ausencia de un acuerdo ventajoso para el país, "ponernos espalda con espalda y aguantar". No todas las proyecciones de un escenario de impago son tan luctuosas, pero ninguna es optimista, ni en el caso de este último ni en el propio cristinismo, que sigue prefiriendo un entendimiento.

 

Algunos recuerdan, de hecho, la experiencia del default de 2002, durante el cual la economía comenzó a recuperarse tras el colapso del año precedente. Sin embargo, hay que recordar que el diálogo con el FMI se sostuvo hasta que Roberto Lavagna logró normalizar la relación y la Argentina, que venía de un golpe histórico, no había atravesado todavía males como los de los años más recientes –el estancamiento con alta inflación del segundo mandato de Cristina Kirchner, la crisis del macrismo y la pandemia–, que la han hecho todavía más frágil.

 

Desde 2018, cuando el entonces presidente cayó en brazos del organismo y endeudó al país hasta el tuétano, la gran pregunta es quién le pone el cascabel al gato de un ajuste que, a falta de otro nombre, en algún momento se concretará. A Macri, esa decisión y la crisis que la motivó le costaron la reelección hace algo más de dos años. Alberto Fernández no quiere ahora ser la víctima de una fiesta a la que en su momento no fue invitado. ¿Podrá, sin embargo, eludir ese destino?

 

A encontrar el resquicio que le permita huir hacia adelante, ordenar la relación con el Fondo y, a la vez, hallar el modo de no ahogar la recuperación de la economía se aboca en estos días difíciles.