23|10|2021

El Frente de Todos los dilemas para darla vuelta

13 de septiembre de 2021

13 de septiembre de 2021

Cómo salir del pantano de la derrota, esa es la cuestión en el Gobierno. Entre la espada de la base sufriente y la pared del establishment demandante.

Esta vez nadie atribuye el silencio absoluto a una estrategia de salida ni a un plan brillante. Todavía aturdido por la paliza de una realidad que se expresó en las urnas, el Gobierno empieza a juntar los pedazos del derrumbe en busca de una batería de medidas que sirva, si no para revertir, al menos para atenuar la derrota de las PASO en todo el país.

 

Bajo el más absoluto hermetismo, el Frente de Todos decide por estas horas cuál es el camino que piensa recorrer hasta noviembre y cómo seguirá gobernado después, hacia las presidenciales de 2023. No sobra tiempo. 

 

Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner, Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof deberán hacer un esfuerzo extraordinario si quieren reponerse de la tremenda sangría de votos que padeció el oficialismo en las primarias. No solo acertar con un diagnóstico común después del mensaje que dejó la victoria de la fuerza que hace apenas dos años no pudo lograr su reelección sino, sobre todo, con las respuestas para dar a una sociedad que acumula cuatro años de caída del poder adquisitivo, padece los índices de pobreza y desigualdad y sufre en carne propia los trastornos que provoca la pandemia. 

 

Las primeras reacciones entre las distintas alas del oficialismo parecen replicar las diferencias que ya se advertían en los meses previos al test electoral. Al lado del Presidente ya nadie habla de la fantasía reeleccionista, pero todavía se insiste en que no hace falta cambiar el gabinete y sostienen que, en todo caso, lo que hace falta es tomar medidas que se sientan en el bolsillo de los votantes del Frente de Todos. El cristinismo comparten esto último, pero pide cambios mucho más profundos e insiste en que es necesario “armar un nuevo gobierno”. Algo similar plantean al lado del exintendente de Tigre. Más allá de los nombres que circulan desde hace tiempo y de otros que se puedan sumar, todos saben que el cambio de gabinete no resolverá por sí solo las dificultades del oficialismo. Más importante es la orientación de la política de cara a la etapa que viene. Seguir demorando las definiciones, como se decidió en la práctica debido a las diferencias internas, no hará más que profundizar la crisis del FdT sin resolver los problemas sociales. 

 

En el día posterior al mazazo electoral, el oficialismo confirmó que todavía sigue atrapado en el desconcierto. El Presidente y el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, asumieron la derrota y admitieron que hubo un mensaje claro de las urnas, pero repitieron consignas que los llevaron a la derrota y no dejaron entrever una respuesta distinta. Más clara fue Victoria Tolosa Paz. Cuestionada por parte del propio oficialismo, la candidata que se cargó al hombro la campaña bonaerense ante el ensimismamiento de gran parte del elenco de gobierno dejó en claro que hay una demanda de cambios urgentes. “Así no vamos a ningún lado (...) tenemos que cambiar la caja de herramientas que utilizamos para transformarle la vida a la gente; para adelante tenemos que agarrar otra caja de herramientas y buscar medidas que impacten de manera concreta en la vida de los que ayer nos dijeron así no”. 

 

El otro que tomó nota de la derrota y salió a cuestionar el rumbo oficial fue Juan Grabois, el dirigente de la CTEP que representa a los movimientos sociales aunque suele moverse en tándem con La Cámpora. Reclamó cambios de gabinete, dijo que el “Gobierno canchereó mucho con la pandemia”, sostuvo que “no hay una sintonía del Ejecutivo ante esta catástrofe social” y hasta se diferenció de la vicepresidenta cuando dijo que “estaba obsesionada con la cuestión sanitaria”.

 

Junto con la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), Grabois es uno de los impulsores del Salario Básico Universal y defiende un proyecto que implique una transferencia para unas 9,4 millones de personas, un universo similar al que en su momento recibió el Ingreso Familiar de Emergencia. La propuesta de la UTEP establece un monto de un tercio del Salario Mínimo, Vital y Móvil, con un tope máximo en el nivel de la canasta básica alimentaria que mide el INDEC. En números de agosto de 2021, eso significaría una prestación de $9.360 mensuales por persona. Hace tres semanas, Grabois visito a Guzmán en el ministerio de Economía: la reunión duró cuatro horas y ahí se discutió largamente la posibilidad de que el gobierno impulse el Salario Básico Universal como parte del Presupuesto 2022 que el ministro presentará en pocas horas en el Congreso. Grabois estuvo acompañado por el diputado de Patria Grande y el Frente de Todos, Itai Hagman. Si antes de las PASO, las chances de una medida de ese tipo parecían remotas, la catástrofe electoral puede haber despabilado a más de uno en el FDT. 

 

La iniciativa de los movimientos sociales que hoy acompañan al Gobierno señala una puerta de salida distinta a la que pretende el establishment y una parte del Frente de Todos. Desde hace varias semanas, circulan las versiones -desmentidas- de un acuerdo inminente con el Fondo, de la llegada de Martin Redrado como ministro en reemplazo de Martin Guzmán y de un acuerdo con la oposición en el que Sergio Massa acerque a Horacio Rodríguez Larreta a la mesa de las negociaciones. Hoy, esa última variante parece más lejana, si se tiene en cuenta que Juntos ganó por un rechazo frontal al oficialismo que se fue profundizando a medida que lo hacían las dificultades del Gobierno.

 

Sin embargo y aunque se demore, el entendimiento con el Fondo parece cantado: en los próximos días, el Gobierno tiene previsto pagar el primero de los vencimientos que tiene este año con el organismo por una cifra que ronda los 1.900 millones de dólares, una montaña de dinero que hace falta entre los sectores más perjudicados por la caída del poder adquisitivo.  

 

La disyuntiva para el Frente de Todos parece clara: privilegiar a sus votantes naturales, que vienen padeciendo el ajuste en los ingresos desde hace cuatro años en busca de recuperar músculo electoral y activar la economía vía consumo y mercado interno postergando el equilibrio de las cuentas versus profundizar la reducción del déficit fiscal con un acuerdo con el Fondo que persiga una estabilidad macro y fomente una salida a tono con las demandas del mercado. ¿El Gobierno ya decidió cuál es el rumbo? ¿Cuál es el camino que sugiere la vicepresidenta? Si Guzmán es reemplazado, ¿ocupará su lugar alguien parecido a Kicillof o del estilo de Redrado?

 

Sacudida por el golpe de la realidad, la alianza oficialista está obligada a jugar en un terreno resbaladizo donde no tiene demasiado margen de acción, porque el Fondo presiona para cobrar y la base social ya no puede soportar más ajuste. Puede elegir uno de los dos caminos, ir hacia la radicalización o hacia la moderación según el diccionario del establishment. Puede sorprender con alguna respuesta que hoy no aparece disponible en el mapa de lo previsible o puede intentar el intrincadísimo arte de armar un mix de populismo y ortodoxia, si es que esa alquimia está disponible en la batería de recursos que le quedan a esta altura al Frente de Todos, un extraño peronismo que sufre el poder.