21|1|2022

Un jefe de pago chico

10 de agosto de 2021

10 de agosto de 2021

Tras un buen cierre electoral en su ciudad, el intendente de Santa Fe se envalentonó, pero perdió terreno en el armado de la lista nacional del socialismo.

No cerró bien lo electoral el intendente de Santa Fe Emilio Jatón. Después de alcanzar la proeza de una lista de unidad del enrevesado Frente Progresista en su pago, fue por más y se la jugó sin suerte en la nacional. Pulseó por colocar nombres expectantes en la lista del socialismo oficial, pero cayó derrotado. Líder de terruño por el momento.

 

Jatón juega de líbero. Viene de otro palo, el periodismo, y en solo cuatro años, desde que ingresó a la política, se convirtió en intendente. Un referente popular, el varón que desde la TV entró los mediodías a la mesa de todos y todas las santafesinas. No le resultó difícil ganar las elecciones, pero gobernar es otra cosa.  Y en pandemia, ni hablar.

 

“Tiene una mirada más de comarca”, le confiesa a Letra P un funcionario del municipio santafesino. “No sé hasta dónde le interesa jugar en otras ligas”, abreva. Al compartir con su par rosarino Pablo Javkin el cetro de ser el binomio progresista que conduce las dos ciudades más pobladas de la provincia, es inevitable la comparación.

 

Y en ese tren, las diferencias son mayúsculas, por recorrido, apetito y estilo. Javkin es un animal político y, en su afán voraz, tentó y tienta a Jatón para jugar en otro plano, para disputar la conducción del Frente Progresista ante el socialismo que hereda el liderazgo del exgobernador Miguel Lifschitz. En ese esquema, Jatón juega a veces, pero timorato.

 

El intendente delega gran parte de la rosca en Fuerza del Territorio (FdT), un sector de la interna socialista que precisamente no puede definirse como post Lifschitz. Su primera precandidata a concejal Laura Mondino, su exsecretario de Gobierno Nicolás Aimar y su actual funcionario político Mariano Granato, vienen de esa tribu.

 

Jatón y FdT no son lo mismo, pero son casi socios de ojos cerrados. El intendente remarca todo el tiempo que es progresista, pero no socialista. Eso le permite sentirse libre, que nadie lo conduzca. Conduce el eje de mandatarios socialistas, asume ese rol, pero va y viene en sus movimientos. Un muñequeo constante.

 

Así como Javkin asume y alimenta su animal político, Jatón se concentra más en el pago chico, en lo ciudadano, en el municipalismo. Sus opositores, en ese análisis, le reprochan una gestión deslucida. Él se permite disputar otro partido, renegar a veces de la rosca y dedicarle más tiempo al cara a cara con las barriadas. Como cuando sus colaboradores desconocen su agenda y le pierden el rastro.

 

Tras no poder colar un nombre propio en la lista que conduce Clara García, se recluyó. Dio unos pasos atrás y se llamó a silencio. Ahora la clave es “primero afianzar lo local y desde ahí potenciar”, como admite otro de sus funcionarios. Desensillar hasta que aclare.

 

Entonces, el plan más próximo es ganar las locales de medio término y evitar el internismo. Porque dentro de la gestión y la lista oficial hay jugadores que tributan para la lista a senadores que lidera Rubén Giustiniani, algunos pocos para García y otros para el radical de Juntos por el Cambio Maximiliano Pullaro. Ante tamaño mejunje, Jatón no se mostraría en fotos con postulantes nacionales. Atado con alambres.

 

Contener e impedir la ruptura merece casi un trabajo de orfebre. En esa anda Jatón. Lo ayuda su personalidad. Indescifrable por momentos, tiene toda la paciencia del mundo como para mover solo sobre tierra firme. Pero primero Santa Fe.