17|9|2021

19 de julio de 2021

19 de julio de 2021

Gana peso en el gabinete bonaerense. Es enlace de Kicillof con municipios y el subcomandante Máximo. Guerrea con las organizaciones sociales por los planes.

En los huecos de su agenda, cuando no está reunido con Máximo Kirchner, cuando no está hablando con un intendente del conurbano y cuando su actividad en el ministerio que conduce se lo permite, Andrés Larroque lee.

 

La semana pasada, en medio de la temporada alta de negociaciones por las listas, el “Cuervo” llamó a su despacho y le pidió a uno de sus colaboradores que fuera a la librería a comprarle “El estado y la revolución”, de Lenin. Por estos días, Larroque lee las reflexiones que el líder comunista escribió en un momento crucial de su vida, entre febrero y octubre de 1917, antes del triunfo de la Revolución Rusa, durante el exilio en Finlandia.

 

Esos gestos privados del ministro de Desarrollo para la Comunidad bonaerense sobresalen aun más en un gabinete lleno de técnicos y gestores como el de Axel Kicillof. Cuando no está atendiendo el trabajo territorial, la rosca de palacio o la gestión del despliegue de La Cámpora en el conurbano, Larroque lee historia, economía, filosofía. No hay espacio para casi nada que no tenga que ver con la política.

 

Ajeno al círculo de ministros más cercanos al gobernador, Larroque se consolidó como la figura con mayor volumen político del Gabinete. Un perfil que adoptó desde el minuto cero, en abril de 2020, y que puso en juego a los pocos meses de asumir, cuando la ocupación de tierras en Guernica amenazaba con convertirse en una bomba social a punto de estallar en el sudoeste del Gran Buenos Aires.

 

En Guernica, el Cuervo usó todo su know how de trabajo territorial, que curte desde los 20 años, cuando empezó a dar apoyo escolar en Villa Lugano. Logró la salida voluntaria de la gran mayoría de los ocupantes y tuvo su primer choque de frente con los movimientos sociales, después de decir que algunas organizaciones alentaban las tomas de terrenos.

 

Desde entonces, su relación con el Movimiento Evita, Barrios de Pie, la CCC y la CTEP es uno de los principales focos de conflicto político de su gestión. La tensión reproduce las diferencias y la pulseada superestructural entre La Cámpora y esas organizaciones. Y Larroque representa en ese ring una voz confrontativa que genera antipatía y enemigos. “En el Evita, al Cuervo lo detestan”, resume a este medio un dirigente que conoce muy de cerca las idas y vueltas de la rosca por el reparto presupuestario de la asistencia.

 

En el gabinete, su rol excede largamente las cuestiones de la política social, coinciden todos. Es un interlocutor de Kicillof, quien lo suele convocar para “subirlo” a actos de gestión en al capital bonaerense y otros distritos del Gran Buenos Aires. Esa función política fue de lo primero que habló con el gobernador cuando le confirmaron su desembarco en La Plata tras la salida de Fernanda Raverta. Al fin y al cabo, el Cuervo no es otra cosa que el representante de La Cámpora y de Máximo Kirchner en un gobierno que le es, a la vez, propio y ajeno.

 

“Tiene peso político y territorial, porque es el secretario general de una organización con inserción territorial -conceden cerca de Kicillof-; y el cargo de ministro lo ayuda a imponer esa conducción”.

 

En la gobernación destacan, por ejemplo, el trabajo que hace sobre todo en municipios “sin tierra”, es decir, gobernados por Cambiemos. “Ordena mucho la presencia del Cuervo”, resumen, y mencionan por ejemplo el caso de La Plata, donde trabaja acercando las tribus del peronismo y de La Cámpora.

 

Cuando a los dirigentes más cercanos a Kicillof se les pregunta qué aporta Larroque al gabinete, hablan de “equilibrio”. “Axel nunca fue de la mesa de conducción de La Cámpora. Y el Cuervo es el mejor puente que podemos tener”, dicen.  

 

En el entorno del mandatario destacan lo que consideran una gestión ordenada y eficiente del ministro en el área social. “No tenemos movilizaciones a La Plata y en la Nueve de Julio se ve una movilización por semana”, dicen. Y avisan que sería “traumática” una salida del ministro, de la que se habló en los últimos días. Las versiones mencionan a Larroque yendo al ministerio de Desarrollo Social de Nación si Daniel Arroyo fuera candidato a diputado y asumiera una banca en diciembre. “Nos desordenaría su salida”, reconoce alguien del círculo de confianza de Kicillof.

 

En ese rol de ceo bonaerense de La Cámpora, Larroque emprendió en los últimos tiempos lo que algunos ven como una avanzada en la pelea de la agrupación kirchnerista con los movimientos sociales con eje en los planes sociales.

 

“La cultura de los planes sociales no va más en Argentina”, dijo a Infobae en mayo pasado. Y esta semana volvió a la carga: “Hay que sacar toda la discrecionalidad a la hora de definir quién percibe un derecho y quién no”, dijo el jueves pasado en una entrevista radial. La mención pareció una bala directa a la dirigencia de las organizaciones que gestionan planes de asistencia en el territorio. 

 

“Nosotros somos peronistas, no tenemos nada que ver con los planes sociales, que son una creación del neoliberalismo”, afirman en La Cámpora. Según esa mirada, los movimientos sociales se despliegan en esa misma lógica. “Ellos nacieron en el 2001, con el descrédito de la política. Nuestro proyecto es político, no solo social”, dicen en el entorno del Cuervo. 

 

Para Larroque, hay que ir a un esquema de universalización de la ayuda asistencial (lo que implicaría sacarle el manejo de los planes a los movimientos sociales) y recuperar el trabajo. Por eso, en privado critica iniciativas como el plan Potenciar Trabajo, de la Nación. “Tiene un millón de beneficiarios. Para ser una política focalizada, es un montón; para ser una política universal, es muy poco. Eso no sirve”, dicen quienes conocen cómo piensa.

 

“Nosotros también apostamos a ese modelo de inclusión por trabajo”, dicen en el Evita, cuya cúpula asegura que la relación es “buena, de coordinación”. La realidad es que el vínculo es frío y distante. La organización que lidera Emilio Pérsico se maneja con la administración nacional, donde tiene buen feeling político y cargos. Alguien de su entorno minimiza el poder de fuego de Larroque: “La Provincia no tiene muchos recursos”, chicanea.

 

Mientras lleva adelante esta pulseada, Larroque dedicó la mayor parte de los últimos días a enfocarse en el operativo armado de listas. Con Máximo K. habla casi todos los días y con los intendentes, “todo el tiempo”. Además, mantiene un ida y vuelta fluido con el massismo.

 

La rosca se intensificará esta semana, hasta llegar al cierre de listas del próximo sábado. El “Cuervo” siente que La Cámpora tiene que encarar esta negociación con más madurez. 

 

El viernes pasado, sin embargo, suspendió toda las reuniones políticas y la agenda de gestión para concentrarse en su participación en la audiencia del juicio por el Memorándum con Irán, por la que está procesado desde diciembre de 2017.

 

“Haber estado sentado ahí junto a Cristina lo viví como un honor. Fue un día muy especial. Es un deber militante acompañarla, y más todavía cuando padece este tipo de persecuciones”, le dijo el ministro a Letra P poco después de salir del zoom del TOF8, tras el encendido alegato de la vicepresidenta. “Al fin y al cabo, yo soy nada más que un militante”.