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"Es central recomponer el frente nacional del que Massa fue parte hasta 2013"

El camporista insta a acordar con el líder del Frente Renovador, pero no descarta sumarlo al Ejecutivo aún si no hubiera acuerdo. El rol de Cristina y de La Cámpora en el próximo gobierno.
Por 08/06/2019 13:58

En medio de las frenéticas negociaciones para acordar la incorporación de Sergio Massa al Frente Patriótico que lleva a Alberto Fernández y Cristina Kirchner como fórmula presidencial, Andrés Larroque considera "central recomponer ese frente nacional del que el líder del Frente Renovador fue parte, por lo menos hasta 2013".

Sin dar precisiones sobre cuáles son las demandas del ex intendente de Tigre para sellar una alianza, el secretario general de La Cámpora considera "encaminadas las negociaciones", pero también aclara que, si se frustraran, "todo está abierto para consolidar los vínculos a futuro".

"La candidatura de Alberto Fernández es una decisión jugada, no exenta de complejidades, pero a la vez brillante.”

En su despacho del tercer piso de la Cámara de Diputados, donde recibe a Letra P, Larroque califica la designación de Alberto Fernández como candidato presidencial como "una decisión jugada, no exenta de complejidades, pero a la vez brillante", motorizada por una encerrona política a la que está sometida CFK.

"La relación de Alberto y de Cristina es horizontal, no vertical. Creo que eso daría un sano debate político entre ellos", explica sobre cómo podría funcionar en binomio si se imposiera en las elecciones de octubre. 

"A Cristina la veo como una especie de reaseguro estratégico en términos de lo que es un proyecto nacional. Hoy el objetivo es ganar la elección, pero, si pensamos en potencial, sí es necesario armar un dispositivo que se encargue de la cotidianidad pero también en un complemento que pueda mirar en términos estratégicos y de mediano y largo plazo", sostiene sobre el lugar que ocuparía la ex presidenta.

En ese análisis, el diputado nacional asegura que la pérdida de centralidad que tendrá su organización por la ampliación del frente político le va a permitir consolidarse internamente y proyectar la presencia territorial.

"Nuestro rol ahora no va a ser el de disputar poder adentro, sino de construir y aportar política en los límites existentes. Fuimos parte de un gobierno, tuvimos un rol de centralidad y aprendimos que no alcanza con tener el poder institucional para motorizar transformaciones en la realidad".

 

 

BIO. Tiene 43 años. Comenzó su militancia a mediados de los 90 como dirigentes estudiantil del Colegio Nacional Buenos Aires. Desde el centro de estudiantes de esa escuela, su agrupación comenzó a desplegar trabajo territorial en la Villa 20 de la ciudad de Buenos Aires, lo que le permitió expandirse primero a los barrios del sur porteño y, después, replicarse en distritos como Florencio Varela y San Vicente, ya bajo el nombre de Juventud Presente. Una vez iniciado el kirchnerismo, fue parte del malón de organizaciones que se sumaron tímidamente a la gestión de Néstor Kirchner y con mucha mayor centralidad durante el gobierno de Cristina Fernández. La fundación de La Cámpora, donde confluyeron diferentes tribus militantes, lo llevó a la secretaría general de la organización. Dos veces diputados nacional, es, junto a Eduardo "Wado" de Predo, uno de los hombres de confianza de Máximo Kirchner y de diálogo permanente con la ex presidenta.

 

-¿ Cuál es el estado de situación en las negociaciones para sumar al Frente Renovador?

-Estamos en plenas negociaciones. Entendemos que es central recomponer ese frente nacional del que Sergio Massa fue claramente parte, al menos hasta 2013. Siempre dijimos que, para nosotros, inclusive ese mismo año, cuando ganó en la provincia de Buenos Aires, en 2015 y ni hablar en 2017, eran momentos en los cuales se podía recomponer porque, más allá de los matices, hay un piso de coincidencia. Hoy estamos buscando acuerdos mínimos para poder reconstruir este país.

"Alberto Fernández es la persona justa en el momento indicado; su versatilidad es una característica correcta para este momento de la Argentina."

-El jueves, Alberto Fernández dijo que había 50% de chances de acordar. ¿Comparte el estado de situación?

-Si lo dijo Alberto, debe ser así. Yo creo que está encaminada.

-¿Se imagina qué lugar tendría que ocupar él o su espacio en este frente? Los frentes tienen cierta conducción en su hegemonía.

-Eso es lo que se está negociando, cuál sería la potencial forma de que se incorpore ese sector.

-¿Manejan algún escenario si se frustrase la negociación?

-Si las propuestas no prosperasen, en términos de funciones ejecutivas, todo está abierto para consolidar el vínculo a futuro. Ahora hay que esperar algunas horas para ver cómo termina el proceso de negociación. Si se llegara a frustrar, tampoco eliminaría la posibilidad de trabajar hacia un acuerdo en el futuro, no solo en el caso de Massa, sino porque con otros sectores vamos a tener que seguir hablando por la situación difícil del país.

-¿Cómo pegó en La Cámpora la reactivación del diálogo con Massa?

-El diálogo no se perdió nunca. Hubo momentos complejos, de tensión, pero hoy las circunstancias son más propicias para consolidar un acuerdo.

-¿Y la definición de Alberto Fernández como candidato presidencial?

-Muy bien. Hace un tiempo veníamos viendo que existía una encerrona construida sobre Cristina Kirchner y que un movimiento así era lo necesario para este proceso electoral. Pero, sobre todo, para lo que viene que va a ser la reconstrucción de país. Hay que recomponer el frente nacional que acompañó a Néstor Kirchner y parte del gobierno de Cristina, que por distintos motivos se agrietó. Para eso hacía falta un gesto importante de unidad, que nosotros lo pensábamos en la apertura del vice o de la vice. En ese marco, Cristina decidió ser contundente y no dejar ninguna duda de su voluntad de unidad y ceder el lugar que todo el mundo entendía que le correspondía a ella.

 

 

- ¿Comparten esa decisión?

- Es una decisión jugada, no exenta de complejidades, pero a la vez brillante. Abre un nuevo momento en términos de cultura política de Argentina. Es un movimiento que va a impactar, que hoy en el corto plazo no lo vemos, en la forma de discutir la política. Habían construido una idea de Cristina adosada al poder y maquiavélica y la realidad es que ella está muy lejos de eso. Además, veíamos que ocho años en la gestión ejecutiva no son gratis, ya pasó por eso y no sé si en este momento está con toda la atención para abocarse a ese tipo de situaciones.

"Nuestro rol no va a ser el de disputar poder adentro del Gobierno, sino el de construir y aportar política en los límites existentes."

-¿Cuál va a ser entonces la función de Cristina en un eventual gobierno peronista?

-La veo como una especie de reaseguro estratégico en términos de lo que es un proyecto nacional. Una garante, por llamarlo de alguna manera. Hoy el objetivo es ganar la elección, pero, si pensamos en potencial, es necesario encarar un gobierno en el cual haya un dispositivo que se encargue de la cotidianidad, de las cuestiones ejecutivas y de la infinidad de problemáticas y la emergencia que habrá que resolver urgentemente, pero también en un complemento que pueda mirar en términos estratégicos y de mediano y largo plazos. Puede ser un complemento más que interesante, porque, además, la relación de Alberto y de Cristina es horizontal, no es vertical, y creo que eso daría un sano debate político entre ellos.

-¿Cómo reconstituyeron ustedes la relación con Fernández? Hace apenas dos años, fue el jefe de campaña de Florencio Randazzo, a quien señalaron como el garante de la derrota de Cristina en las últimas elecciones legislativas…

-En 2017 hicimos todos los esfuerzos para que Florencio estuviera adentro. De hecho, la idea, que pareciera que nos dejó alguna enseñanza, era que Cristina encabezara la fórmula de senadores y Florencio fuera el segundo senador. Respecto a Alberto en particular, yo lo conocía de vista de la etapa anterior porque mi rol era muy subalterno en el momento en que él dejó el Gobierno. Sí sabía de los vínculos que se tenían, porque en ese sentido Máximo siempre mantuvo esa relación. Empecé a hablar con él hace unos meses y me encontré una persona muy racional, con la que se puede hablar o discutir de política, con la que se puede coincidir o tener matices, pero siempre es constructiva la charla. Es la persona justa en el momento indicado; esa versatilidad que él puede tener creo que es una característica correcta para este momento de la Argentina.

 

 

-¿Y cuál va ser el rol de La Cámpora si ganaran las elecciones? ¿Ve que se puede repetir el protagonismo que tuvo en los últimos años del gobierno de Cristina?

-A nosotros esta definición nos va a ayudar mucho y nos descomprime. Durante mucho tiempo tuvimos la centralidad y eso facilitó algunas cuestiones, pero también las complejizó. Somos una organización de carácter militante y vamos a tener que profundizar la construcción política y la construcción de poder. No me refiero a un poder institucional, sino a construir un poder que tenga que ver con la posibilidad de organizar y concientizar al conjunto de la sociedad. En ese sentido, ya con 12 años de funcionamiento de la organización, llegamos consolidados para esa tarea.

-¿Dejar de tener esa centralidad en un armado político no se traduce en la pérdida de poder?

-No. Justamente, en muchos momentos se nos asoció a lo institucional por el rol que tuvimos en el Ejecutivo de Cristina y por el peso legislativo que logramos. La construcción política excede muchísimo lo institucional y queremos poner el acento en ese aspecto. Queremos conservar la representación institucional que le corresponde a una organización de la dimensión de la nuestra pero, fundamentalmente, el mayor desafío tiene que ver con la construcción territorial y la construcción sectorial, el desarrollo de una gran cantidad de políticas que venimos motorizando y que hay que consolidar. Queremos construir poder para el proyecto, para el futuro gobierno. Nuestro rol ahora no va a ser el de disputar poder adentro, sino el de construir y aportar política en los límites existentes. Fuimos parte de un gobierno, tuvimos un rol de centralidad y aprendimos que no alcanza con tener el poder institucional para poder motorizar transformaciones en la realidad.

"Kicillof es una figura ecuménica en términos de lo que podemos denominar peronismo o kirchnerismo. En muchos sentidos nos trasciende y se transformó en un fenómeno social."

- ¿Qué significa construir poder fuera de los ámbitos institucionales?

-Sería poder lograr transformaciones centralmente culturales y del sentido común de la sociedad, más allá de lo que puede ser un poroteo en términos de espacios de poder. Me gusta mucho una frase del papa que siempre dice que el tiempo es superior al espacio. En ese sentido, nos proyectamos como una construcción en el tiempo que hoy tiene un desarrollo medio pero que tiene mucho más para adelante para desarrollarse.

-¿Cómo se desanda el camino de fragmentación del frente nacional del que usted habla?

-La pelea es siempre la misma: construir una política nacional estable en el tiempo. Ahora, ese proceso se puede dar con distinta velocidad. En un movimiento nacional nunca los intereses son homogéneos. Es imprescindible contar con los instrumentos que administren las tensiones lógicas y naturales que hay dentro de ese movimiento. Quizás nuestra debilidad pasó por carecer de esos instrumentos. Eso tiene una explicación: quien cumplía el rol de administrar esas tensiones era Néstor Kirchner, que en la etapa posterior a 2007, en su complemento con Cristina, se había abocado a la consolidación de la fuerza política y de la instancia política. La pérdida de Néstor, además de producirnos un inmenso dolor y hasta un enojo con la misma realidad, nos golpeó en términos de construcción. Con el tiempo pudimos darnos cuenta de que nos faltaron instancias de articulación política y con los sectores de la economía, con el movimiento obrero, con los sectores sociales y con los sectores culturales que pudieran plasmar lo que hoy Cristina denomina contrato social. Ésa es la tarea que viene. La Argentina de hoy no está ni de cerca de la situación que tenía en 2015, sino que está en un lugar mucho más parecido a 2003. La agenda cambió y lo que en algún momento fue ir por lo que faltaba o por profundizar el cambio, hoy hay que resolver la situación de emergencia que tiene la Argentina. No tenemos un programa mucho más descabellado que el que dice la Constitución.

-Algunos intendentes bonaerenses sostenían que si ganara Kicillof la provincia de Buenos Aires sería el santuario de La Cámpora.

-No, no. Primero, Axel es una figura ecuménica en términos de lo que podemos denominar peronismo o kirchnerismo. En muchos sentidos nos trasciende y se tranformó en un fenómeno social. No solo por lo que él representó como ministro de Economía de Cristina y su cercanía, que fideliza muchísimo la intención de voto que mostraba Cristina en las encuestas, sino por su consecuencia a partir del 10 de diciembre de 2015. Desde ese día, recorrió, caminó y se movió para generar las condiciones para que se diera esta candidatura. De 135 distritos, recorrió 102. No tengo memoria de algún dirigente que haya hecho lo mismo en el tiempo reciente. Aparte de la manera en que lo hizo, con una lógica de cercanía es muy fuerte. Eso ha tenido muy buena recepción en la dirigencia política y también en otros sectores que trascienden a lo político.

"Es central recomponer el frente nacional del que Massa fue parte hasta 2013"

El camporista insta a acordar con el líder del Frente Renovador, pero no descarta sumarlo al Ejecutivo aún si no hubiera acuerdo. El rol de Cristina y de La Cámpora en el próximo gobierno.

En medio de las frenéticas negociaciones para acordar la incorporación de Sergio Massa al Frente Patriótico que lleva a Alberto Fernández y Cristina Kirchner como fórmula presidencial, Andrés Larroque considera "central recomponer ese frente nacional del que el líder del Frente Renovador fue parte, por lo menos hasta 2013".

Sin dar precisiones sobre cuáles son las demandas del ex intendente de Tigre para sellar una alianza, el secretario general de La Cámpora considera "encaminadas las negociaciones", pero también aclara que, si se frustraran, "todo está abierto para consolidar los vínculos a futuro".

"La candidatura de Alberto Fernández es una decisión jugada, no exenta de complejidades, pero a la vez brillante.”

En su despacho del tercer piso de la Cámara de Diputados, donde recibe a Letra P, Larroque califica la designación de Alberto Fernández como candidato presidencial como "una decisión jugada, no exenta de complejidades, pero a la vez brillante", motorizada por una encerrona política a la que está sometida CFK.

"La relación de Alberto y de Cristina es horizontal, no vertical. Creo que eso daría un sano debate político entre ellos", explica sobre cómo podría funcionar en binomio si se imposiera en las elecciones de octubre. 

"A Cristina la veo como una especie de reaseguro estratégico en términos de lo que es un proyecto nacional. Hoy el objetivo es ganar la elección, pero, si pensamos en potencial, sí es necesario armar un dispositivo que se encargue de la cotidianidad pero también en un complemento que pueda mirar en términos estratégicos y de mediano y largo plazo", sostiene sobre el lugar que ocuparía la ex presidenta.

En ese análisis, el diputado nacional asegura que la pérdida de centralidad que tendrá su organización por la ampliación del frente político le va a permitir consolidarse internamente y proyectar la presencia territorial.

"Nuestro rol ahora no va a ser el de disputar poder adentro, sino de construir y aportar política en los límites existentes. Fuimos parte de un gobierno, tuvimos un rol de centralidad y aprendimos que no alcanza con tener el poder institucional para motorizar transformaciones en la realidad".

 

 

BIO. Tiene 43 años. Comenzó su militancia a mediados de los 90 como dirigentes estudiantil del Colegio Nacional Buenos Aires. Desde el centro de estudiantes de esa escuela, su agrupación comenzó a desplegar trabajo territorial en la Villa 20 de la ciudad de Buenos Aires, lo que le permitió expandirse primero a los barrios del sur porteño y, después, replicarse en distritos como Florencio Varela y San Vicente, ya bajo el nombre de Juventud Presente. Una vez iniciado el kirchnerismo, fue parte del malón de organizaciones que se sumaron tímidamente a la gestión de Néstor Kirchner y con mucha mayor centralidad durante el gobierno de Cristina Fernández. La fundación de La Cámpora, donde confluyeron diferentes tribus militantes, lo llevó a la secretaría general de la organización. Dos veces diputados nacional, es, junto a Eduardo "Wado" de Predo, uno de los hombres de confianza de Máximo Kirchner y de diálogo permanente con la ex presidenta.

 

-¿ Cuál es el estado de situación en las negociaciones para sumar al Frente Renovador?

-Estamos en plenas negociaciones. Entendemos que es central recomponer ese frente nacional del que Sergio Massa fue claramente parte, al menos hasta 2013. Siempre dijimos que, para nosotros, inclusive ese mismo año, cuando ganó en la provincia de Buenos Aires, en 2015 y ni hablar en 2017, eran momentos en los cuales se podía recomponer porque, más allá de los matices, hay un piso de coincidencia. Hoy estamos buscando acuerdos mínimos para poder reconstruir este país.

"Alberto Fernández es la persona justa en el momento indicado; su versatilidad es una característica correcta para este momento de la Argentina."

-El jueves, Alberto Fernández dijo que había 50% de chances de acordar. ¿Comparte el estado de situación?

-Si lo dijo Alberto, debe ser así. Yo creo que está encaminada.

-¿Se imagina qué lugar tendría que ocupar él o su espacio en este frente? Los frentes tienen cierta conducción en su hegemonía.

-Eso es lo que se está negociando, cuál sería la potencial forma de que se incorpore ese sector.

-¿Manejan algún escenario si se frustrase la negociación?

-Si las propuestas no prosperasen, en términos de funciones ejecutivas, todo está abierto para consolidar el vínculo a futuro. Ahora hay que esperar algunas horas para ver cómo termina el proceso de negociación. Si se llegara a frustrar, tampoco eliminaría la posibilidad de trabajar hacia un acuerdo en el futuro, no solo en el caso de Massa, sino porque con otros sectores vamos a tener que seguir hablando por la situación difícil del país.

-¿Cómo pegó en La Cámpora la reactivación del diálogo con Massa?

-El diálogo no se perdió nunca. Hubo momentos complejos, de tensión, pero hoy las circunstancias son más propicias para consolidar un acuerdo.

-¿Y la definición de Alberto Fernández como candidato presidencial?

-Muy bien. Hace un tiempo veníamos viendo que existía una encerrona construida sobre Cristina Kirchner y que un movimiento así era lo necesario para este proceso electoral. Pero, sobre todo, para lo que viene que va a ser la reconstrucción de país. Hay que recomponer el frente nacional que acompañó a Néstor Kirchner y parte del gobierno de Cristina, que por distintos motivos se agrietó. Para eso hacía falta un gesto importante de unidad, que nosotros lo pensábamos en la apertura del vice o de la vice. En ese marco, Cristina decidió ser contundente y no dejar ninguna duda de su voluntad de unidad y ceder el lugar que todo el mundo entendía que le correspondía a ella.

 

 

- ¿Comparten esa decisión?

- Es una decisión jugada, no exenta de complejidades, pero a la vez brillante. Abre un nuevo momento en términos de cultura política de Argentina. Es un movimiento que va a impactar, que hoy en el corto plazo no lo vemos, en la forma de discutir la política. Habían construido una idea de Cristina adosada al poder y maquiavélica y la realidad es que ella está muy lejos de eso. Además, veíamos que ocho años en la gestión ejecutiva no son gratis, ya pasó por eso y no sé si en este momento está con toda la atención para abocarse a ese tipo de situaciones.

"Nuestro rol no va a ser el de disputar poder adentro del Gobierno, sino el de construir y aportar política en los límites existentes."

-¿Cuál va a ser entonces la función de Cristina en un eventual gobierno peronista?

-La veo como una especie de reaseguro estratégico en términos de lo que es un proyecto nacional. Una garante, por llamarlo de alguna manera. Hoy el objetivo es ganar la elección, pero, si pensamos en potencial, es necesario encarar un gobierno en el cual haya un dispositivo que se encargue de la cotidianidad, de las cuestiones ejecutivas y de la infinidad de problemáticas y la emergencia que habrá que resolver urgentemente, pero también en un complemento que pueda mirar en términos estratégicos y de mediano y largo plazos. Puede ser un complemento más que interesante, porque, además, la relación de Alberto y de Cristina es horizontal, no es vertical, y creo que eso daría un sano debate político entre ellos.

-¿Cómo reconstituyeron ustedes la relación con Fernández? Hace apenas dos años, fue el jefe de campaña de Florencio Randazzo, a quien señalaron como el garante de la derrota de Cristina en las últimas elecciones legislativas…

-En 2017 hicimos todos los esfuerzos para que Florencio estuviera adentro. De hecho, la idea, que pareciera que nos dejó alguna enseñanza, era que Cristina encabezara la fórmula de senadores y Florencio fuera el segundo senador. Respecto a Alberto en particular, yo lo conocía de vista de la etapa anterior porque mi rol era muy subalterno en el momento en que él dejó el Gobierno. Sí sabía de los vínculos que se tenían, porque en ese sentido Máximo siempre mantuvo esa relación. Empecé a hablar con él hace unos meses y me encontré una persona muy racional, con la que se puede hablar o discutir de política, con la que se puede coincidir o tener matices, pero siempre es constructiva la charla. Es la persona justa en el momento indicado; esa versatilidad que él puede tener creo que es una característica correcta para este momento de la Argentina.

 

 

-¿Y cuál va ser el rol de La Cámpora si ganaran las elecciones? ¿Ve que se puede repetir el protagonismo que tuvo en los últimos años del gobierno de Cristina?

-A nosotros esta definición nos va a ayudar mucho y nos descomprime. Durante mucho tiempo tuvimos la centralidad y eso facilitó algunas cuestiones, pero también las complejizó. Somos una organización de carácter militante y vamos a tener que profundizar la construcción política y la construcción de poder. No me refiero a un poder institucional, sino a construir un poder que tenga que ver con la posibilidad de organizar y concientizar al conjunto de la sociedad. En ese sentido, ya con 12 años de funcionamiento de la organización, llegamos consolidados para esa tarea.

-¿Dejar de tener esa centralidad en un armado político no se traduce en la pérdida de poder?

-No. Justamente, en muchos momentos se nos asoció a lo institucional por el rol que tuvimos en el Ejecutivo de Cristina y por el peso legislativo que logramos. La construcción política excede muchísimo lo institucional y queremos poner el acento en ese aspecto. Queremos conservar la representación institucional que le corresponde a una organización de la dimensión de la nuestra pero, fundamentalmente, el mayor desafío tiene que ver con la construcción territorial y la construcción sectorial, el desarrollo de una gran cantidad de políticas que venimos motorizando y que hay que consolidar. Queremos construir poder para el proyecto, para el futuro gobierno. Nuestro rol ahora no va a ser el de disputar poder adentro, sino el de construir y aportar política en los límites existentes. Fuimos parte de un gobierno, tuvimos un rol de centralidad y aprendimos que no alcanza con tener el poder institucional para poder motorizar transformaciones en la realidad.

"Kicillof es una figura ecuménica en términos de lo que podemos denominar peronismo o kirchnerismo. En muchos sentidos nos trasciende y se transformó en un fenómeno social."

- ¿Qué significa construir poder fuera de los ámbitos institucionales?

-Sería poder lograr transformaciones centralmente culturales y del sentido común de la sociedad, más allá de lo que puede ser un poroteo en términos de espacios de poder. Me gusta mucho una frase del papa que siempre dice que el tiempo es superior al espacio. En ese sentido, nos proyectamos como una construcción en el tiempo que hoy tiene un desarrollo medio pero que tiene mucho más para adelante para desarrollarse.

-¿Cómo se desanda el camino de fragmentación del frente nacional del que usted habla?

-La pelea es siempre la misma: construir una política nacional estable en el tiempo. Ahora, ese proceso se puede dar con distinta velocidad. En un movimiento nacional nunca los intereses son homogéneos. Es imprescindible contar con los instrumentos que administren las tensiones lógicas y naturales que hay dentro de ese movimiento. Quizás nuestra debilidad pasó por carecer de esos instrumentos. Eso tiene una explicación: quien cumplía el rol de administrar esas tensiones era Néstor Kirchner, que en la etapa posterior a 2007, en su complemento con Cristina, se había abocado a la consolidación de la fuerza política y de la instancia política. La pérdida de Néstor, además de producirnos un inmenso dolor y hasta un enojo con la misma realidad, nos golpeó en términos de construcción. Con el tiempo pudimos darnos cuenta de que nos faltaron instancias de articulación política y con los sectores de la economía, con el movimiento obrero, con los sectores sociales y con los sectores culturales que pudieran plasmar lo que hoy Cristina denomina contrato social. Ésa es la tarea que viene. La Argentina de hoy no está ni de cerca de la situación que tenía en 2015, sino que está en un lugar mucho más parecido a 2003. La agenda cambió y lo que en algún momento fue ir por lo que faltaba o por profundizar el cambio, hoy hay que resolver la situación de emergencia que tiene la Argentina. No tenemos un programa mucho más descabellado que el que dice la Constitución.

-Algunos intendentes bonaerenses sostenían que si ganara Kicillof la provincia de Buenos Aires sería el santuario de La Cámpora.

-No, no. Primero, Axel es una figura ecuménica en términos de lo que podemos denominar peronismo o kirchnerismo. En muchos sentidos nos trasciende y se tranformó en un fenómeno social. No solo por lo que él representó como ministro de Economía de Cristina y su cercanía, que fideliza muchísimo la intención de voto que mostraba Cristina en las encuestas, sino por su consecuencia a partir del 10 de diciembre de 2015. Desde ese día, recorrió, caminó y se movió para generar las condiciones para que se diera esta candidatura. De 135 distritos, recorrió 102. No tengo memoria de algún dirigente que haya hecho lo mismo en el tiempo reciente. Aparte de la manera en que lo hizo, con una lógica de cercanía es muy fuerte. Eso ha tenido muy buena recepción en la dirigencia política y también en otros sectores que trascienden a lo político.