Alineado y validado por CFK, el partido será la plataforma del Presidente, que renunció a su propio ismo, para custodiar la unidad y poner leales en las listas.
Fue cuna del armado del Frente de Todos, sede de negociaciones y de infinidad de reuniones en la larga búsqueda de la unidad que el peronismo encaró fuera del poder y hoy el Partido Justicialista (PJ) es la herramienta desde la cual el presidente Alberto Fernández, convertido en su cabeza formal, manejará la lapicera para el armado de las listas nacionales de las elecciones 2021.
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Fernández asumió con el propósito de “revitalizar” el sello, con una lista que logró contener a todos los sectores del partido, después de cuatro años de despoder y dispersión. Gobernadores y gobernadoras, cristinistas, sindicalistas, representantes del peronismo territorial y varias figuras albertistas consiguieron una silla en el nuevo Consejo partidario, encabezado por Fernández, que por primera vez constituyó una lista con paridad de género.
Así, Fernández retomó la tradición peronista que manda que el nombre del Presidente de la República coincida con el del titular del partido. Algo que no sucedía desde tiempos de Carlos Menem y que no hicieron ni Néstor ni Cristina Fernández de Kirchner, aunque el santacruceño asumió la conducción partidaria mientras la actual vicepresidenta estaba en la Casa Rosada.
Fernández desechó varias veces la propuesta. Más entusiasmado con la idea de institucionalizar el Frente de Todos, le encargó incluso esa tarea al chaqueño Jorge Capitanich, que aspiraba a convertirse en el sucesor de José Luis Gioja en el PJ. Al mismo tiempo, desalentó cualquier intento de construcción del albertismo que le sugirieron un sinfín de veces algunos intendentes, mandatarios provinciales e integrantes del Gabinete, que sintieron amenazada la supervivencia cada vez que CFK tomó protagonismo, por problemas en la gestión o en la política.
Fernández ordenó una y otra vez a archivar la idea. “Quédense tranquilos que nunca vamos a ir a la guerra, Alberto no nos deja armar nada”, le dijo hace pocas semanas un albertista de la primera hora a un dirigente de primera línea de La Cámpora cuando comenzaban las conversaciones sobre la campaña. Muestra clara de esa decisión es que el Grupo Callao, que armó en 2018 para empezar a pensar en la unidad del peronismo, mucho antes de que Cristina lo nominara como candidato, desapareció de escena apenas comenzó la campaña 2019 y nunca más resurgió.
El espacio En Común, que nació en diciembre de 2020 para hacer albertismo, también quedó en el olvido. Dos meses más tarde, en febrero, la dirigencia que lo impulsó, encabezada por el ministro de Educación, Nicolás Trotta, entre otros, tenía en agenda la inauguración de un local propio, ubicado cerca del Congreso.
El evento estaba previsto para principios de marzo y tenía como objetivo que el sector que apoya al Presidente dentro de la coalición mostrara volumen propio antes de que comenzara la discusión por las listas. Pero la Casa Rosada le volvió a bajar el pulgar y todo quedó congelado. “Alberto sabe que es un administrador de esta unidad y no va a hacer nada para afectarla”, dice un ministro de diálogo fluido con el Presidente.
A mediados de febrero, cuando el PJ discutió la integración de la lista de unidad que asumió la nueva conducción, Fernández metió a varios de los propios en los primeros lugares del Consejo. Ubicó a su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y sumó dirigentes peronistas de la Ciudad, su distrito: el secretario general de la Presidencia, Julio Vitobello; el secretario de Culto, Guillermo Oliveri; el diputado Eduardo Valdés; la dirigente porteña Kelly Olmos y el sindicalista Víctor Santa María. Además, le reservó un lugar al senador por Córdoba Carlos Caserio y ubicó al cosecretario general de la CGT y hombre de su confianza, Héctor Daer, en el primer lugar reservado para el sindicalismo.
Ya con el sello del partido, puso a Cafiero a trabajar en la resolución de conflictos políticos en las provincias, como los cierres de listas de Jujuy y Salta, y las elecciones para gobernador de Corrientes. A principios de mayo, Fernández encabezó por primera vez la reunión del Consejo Nacional para poner en marcha la Comisión de Acción Política, en la que integró a mandatarios y mandatarias de las provincias gobernadas por el partido, que en varios casos ya forman parte del Consejo.
Ahora desde el poder, Fernández resolvió mantener el funcionamiento de la Comisión, como estructura de contención que sirve, además, para aceitar los vínculos peronistas y evitar que se oxiden. En la misma reunión del Consejo, se cristalizó la designación de Cafiero como secretario general.
El jefe de Gabinete será quien, desde la posición institucional del partido, monitoreará el armado de las listas que cerrarán Fernández y Cristina en diálogo con gobernadores y con el tercer socio de la coalición, Sergio Massa, en cada distrito. Desde el PJ, columna vertebral del Frente de Todos en 2019, el Presidente, garante de la unidad, volverá a velar por el equilibrio.