Pese a la supersoja, la acumulación de dólares en el Central está por debajo de las expectativas. Sin eso, ¿cómo se paga la deuda? Interna oficial y elecciones.
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Los apoyos que recogió en los últimos días en Europa el presidente Alberto Fernández para el arreglo de los tramos pendientes de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el Club de París podrían allanar la búsqueda de un ordenamiento financiero para la Argentina, pero el país aún tropieza con obstáculos propios para hacer sustentable la economía que deberá generar los dólares necesarios para pagar los compromisos que se reprogramen: la falta de acuerdos básicos entre los principales referentes del Frente de Todos, una inestabilidad macro que no se supera y, de modo especialmente actual, un incremento de reservas por parte del Banco Central menor que el esperado durante la temporada alta de las exportaciones de soja.
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El viento externo sopla y fuerte a favor de la Argentina, especialmente en lo que respecta a la cotización de su principal producto de exportación: la soja.
La oleaginosa volvía a cotizar este miércoles por encima de los 600 dólares por tonelada, su mayor nivel en casi nueve años y prácticamente el doble del precio vigente hace un año. Además, el tramo más impactante de la escalada –producto de la demanda de una China necesitada de recomponer sus stocks de cerdos después de la primera ola de la pandemia y de la debilidad global del dólar– coincidió con el inicio de la temporada alta de exportaciones en abril.
Fuente: ambito.com
La expectativa, claro, era que semejante incentivo de precio para la liquidación de la existencia de poroto, tanto de la cosecha nueva como de los almacenados en silobolsas, se tradujera en una veloz recomposición de las reservas del Banco Central. Estas estaban fijadas, a nivel bruto, en 39.645 millones de dólares el 5 de abril, en tanto que el último martes finalizaron en 40.761 millones, una ganancia de poco más de 1.000 millones.
El nivel de reservas depende tanto de los dólares que ingresan al país como de los que salen en concepto de importaciones y pago de deudas, tanto públicas como privadas. También, claro, de las operaciones de intervención en el mercado cambiario paralelo legal, el de los dólares “contado con liquidación” –CCL– y Mercado Electrónico de Pagos –MEP–, algo que permite mantener esas cotizaciones bajo control pero que limita justamente la acumulación de divisas.
En esos mercados fue necesario en el último tiempo darles salida a grandes fondos internacionales Templeton y Pimco que habían quedado comprados y que, mediante esas operaciones, presionaban sobre la paridad. Eso también explica el lado de debe en el balance cambiario.
En la autoridad monetaria enfatizan asimismo la influencia contable de la cotización de activos que forman parte de las reservas, como el oro y el yuan, que, si sube o baja, también afecta el nivel general medido en dólares.
El economista Gustavo Reija le dijo a Letra P que “la economía argentina transita un escenario de inestabilidad y fragilidad. Una de las áreas en las que este fenómeno se pone en evidencia es en el sector externo y, específicamente, en la incapacidad del Banco Central de reforzar sus reservas”.
La soja juega a favor, aunque sea a corto plazo y por causas ajenas a la voluntad y a las políticas nacionales, pero ni eso parece alcanzar.
“Nuestro país requiere de un proceso de fortalecimiento de reservas dado que, luego del acuerdo por la deuda, en los próximos años habrá que afrontar pagos crecientes de capital e intereses. Entonces, con el mundo jugando a nuestro favor, ¿estamos aprovechando la oportunidad o estamos alimentando más el actual escenario de equilibrio inestable”, se preguntó el analista.
“Veamos los datos –continuó–. En lo que va del año, el Banco Central ha comprado aproximadamente 4.200 millones de dólares. De acuerdo con la información oficial, el 4 de enero el nivel de reservas brutas era de 39.481 millones de dólares. La misma información para el 10 de mayo fue de 40.619 millones. Eso arroja una diferencia de 1.138 millones de dólares”.
¿Que pasó con el resto? “Aproximadamente la mitad de los 4.200 millones de dólares se destinó al pago de deudas con organismos internacionales, operaciones del sector público y cambios en la valuación de activos en cartera, por ejemplo el oro. El resto se ha dividido en los 1.138 millones de recomposición de reservas mencionados y aproximadamente 1.000 millones más en la realización del llamado ‘rulo’ financiero del Central, mediante el cual interviene en el mercado de bonos con el objeto de estabilizar las brechas de los dólares CCL y MEP”, añadió.
Todo resulta insuficiente en un contexto de fragilidad económica que no se supera, una suerte de emergencia permanente, valga el oxímoron. En particular, la inflación sigue en niveles demasiado altos y que exceden en mucho la meta de 29 a 33% fijada en el Presupuesto por el ministro de Economía Martín Guzmán, algo que, vía el aumento de los precios y los alimentos, afecta sobre todo a los más pobres, la principal base electoral del oficialismo.
La inflación y el modo de lidiar con ella es el trasfondo de la pelea que se hizo pública entre ese funcionario y el subsecretario de Energía Eléctrica, el cristinista Federico Basualdo.
El nivel de los aumentos de tarifas se vincula directamente con el monto de subsidios que debe afrontar el Tesoro y, en consecuencia, con el déficit fiscal, con la emisión de pesos necesaria para financiarlo en un contexto de restricción crediticia para el país y con la inflación. Sin que la economía “se tranquilice”, como pregona el ministro, nada permite descartar la aparición de nuevas tormentas.
Para Reija, ese estado de situación no es sostenible. “El Banco Central necesita recomponer reservas a un ritmo mucho mayor. Recordemos que, dentro de este período fiscal, debemos afrontar vencimientos muy importantes con el FMI y con el Club de París. Dado que parece que un acuerdo con el Fondo no se alcanzaría hasta pasadas las elecciones, lo más probable es que la deuda con el Club de París caiga en default”, dijo.
El nivel de riesgo país, en tanto, persiste por encima de imposibles 1.600 puntos básicos, algo que no se esperaba de ningún modo cuando se cerró la negociación con los acreedores privados y que ya hace que el mercado empiece a especular sobre una nueva –aunque no inmediata– renegociación de esos compromisos.
“Sin acuerdo con el Fondo que despeje el horizonte y sin aprovechar la época de las vacas gordas del viento de cola para recomponer reservas, el escenario luce cada vez más inestable y se convierte en una carrera contra el tiempo, en la que tenemos chances de perder”, remató Reija.