26|2|2021

El fantasma del menemismo se agita en Entre Ríos

21 de febrero de 2021

21 de febrero de 2021

El exgobernador Moine lanzó un espacio de peronismo disidente con Alasino y Maya. El oficialismo lo sube al ring de la campaña. Un hilo conductor con Frigerio.

Fue toda una coincidencia. En los últimos días de diciembre pasado, cuando en un sanatorio porteño la salud del expresidente Carlos Menem se agravaba de manera definitiva para derivar en su fallecimiento el 14 de febrero, se gestaba Entre Todos Entre Ríos (ETER), una especie de remake del peronismo disidente en la provincia que tuvo su esplendor durante el conflicto entre el gobierno nacional y las entidades del campo por la resolución 125 de retenciones móviles.

 

Esa caracterización, la de disidente, que operó para diferenciarse del kirchnerismo, en Entre Ríos se constituyó por primera vez en 2005. La cooperativa tenía como caras visibles a los exlegisladores Augusto Alasino y Héctor Maya. El primero fue un alfil parlamentario del menemismo; el segundo también fue senador en ese período y tuvo un paso por la SIDE durante unos días en el período en que Eduardo Duhalde moldeaba su perfil de “piloto de tormenta” en 2002.

 

La novedad en este nuevo capítulo del peronismo disidente o “republicano” es la incorporación de Mario Moine, gobernador de Entre Ríos entre 1991 y 1995, durante el clímax del primer mandato del riojano en la Casa Rosada. El empresario supermercadista y hotelero desapareció de la vida pública una vez que abandonó el poder. Cada tanto formulaba alguna declaración circunstancial más promovida por un sector de la prensa que por él mismo. Su regreso oficial se produjo ni bien asumió el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Hasta ese momento, el apellido Moine se referenciaba con su hijo homónimo, enrolado en el PRO, quien acompañó a Emanuel Gainza en la fórmula que disputó la interna cambiemista para pelear la Municipalidad de Paraná en 2019.  

 

Arriba del ring

El exmandatario no renovó el libreto que le costó críticas durante décadas. Moine insiste con achicar el Estado y con la necesidad de disminuir la planta de empleados. Es la cara visible de la ley provincial 8706 que implicó el despido de 2605 estatales, lo que derivó en la marcha más emblemática de la democracia moderna que se llevó adelante en Paraná, el 21 de enero de 1993. La jornada es recordada permanentemente y su contexto ha merecido trabajos de investigación en el plano universitario. En 2018, en una de sus apariciones esporádicas, dijo que en Entre Ríos sobraban 20 mil empleados públicos. Sobre el gobierno nacional entonces encabezado por Mauricio Macri no se le escuchó ninguna crítica.

 

Fiel discípulo de Domingo Cavallo, Moine aplicó en la comarca la receta del gobierno de Menem contenido en el Informe Domenicone y expresado en el Plan de Contingencia que se trazó como objetivos reducir el gasto público y privatizar las empresas de servicios. 

 

De vuelta en la superficie y dispuesto a ser parte de una propuesta electoral este año, el empresario fue subido al ring por el oficialismo provincial. En el marco de una profunda crisis en la obra social del Estado, el gobernador Gustavo Bordet anunció ante la Asamblea Legislativa que iba a terminar su segundo mandato restituyendo el 2 por ciento del aporte patronal que le habían sacado en 1995. Sin hacer referencia a Moine, autor de la quita, sus voceros se encargaron de hacerlo y lo subieron al ring.

 

“Bordet restituye lo que Moine quitó. Ellos personifican dos modelos de Estado perfectamente identificables. El del actual gobernador se basa en la presencia estatal para garantizar derechos y proteger a los sectores vulnerados y el del exmandatario estriba sobre el corrimiento del Estado y el avance del mercado sobre la sociedad, profundizando las diferencias, quebrando el entramado social y agravando las condiciones de marginalidad y pobreza”, se despachó el diputado del Frente Grande, Néstor Loggio.

 

La respuesta llegó inmediatamente en la voz de Aníbal Vergara, vocero de ETER: “Loggio tiene razón, Moine representa otro modelo de Estado, en ese modelo no hay corrupción. Él defiende un Estado corrupto, con cajas de la política, la salud devastada y la Justicia ineficiente”.

 

En silencio

La nueva escudería ETER reúne a Alasino, Emilio Martínez Garbino y Luis Leissa. Estos dos últimos, exintendentes de Gualeguaychú, también se enrolan en la tradición disidente a cualquier peronismo oficialista que protagonizó el gobierno entrerriano desde 2003, pero con menos suerte y menos audacia.  

 

Alasino encontró en 2007 la posibilidad de volver al ruedo con un hecho que sería histórico para Entre Ríos: la reforma constitucional. Ese año en la provincia se desdoblaron las elecciones. Es decir se adelantaron. En octubre, cuando se votó a presidente, diputados y senadores nacionales, los entrerrianos además votaron convencionales. Alasino armó una lista para la Constituyente provincial que colgó a la boleta de Adolfo Rodríguez Saa, que peleó la Presidencia en los comicios que consagraron por primera vez a CFK.

 

Haber sido menemista, pero encima antikirchnerista, lo puso en un lugar donde lo único que había por delante era remar. Alasino lo hizo en casi todas las estaciones electorales. La fórmula de los Fernández no tenía un solo atractivo para él. Sostuvo desde el minuto uno que la causa de los sobornos en el Senado que lo tuvo como procesado había sido fogoneada por el entonces jefe de Gabinete de Néstor Kirchner como estrategia para pararse desde una supuesta condena a la corrupción menemista. Para peor, ya como presidente, Fernández propuso como candidato a procurador general de la Nación a Daniel Rafecas, el juez que condenó a Alasino en primera instancia en la causa Banelco. Finalmente todos quedaron absueltos en 2015.

 

En 2019, Alasino encontró en Miguel Angel Pichetto un paraguas nacional que se empieza a abrir ahora, pero sin hacer mucho ruido.

 

En paralelo, Rogelio Frigerio, lanzado ya como candidato a diputado nacional por Entre Ríos este año, ha expresado la necesidad de ampliar la alianza de Juntos por el Cambio. Tiene como clisé mostrarse como peronista, lo que enoja a radicales y al PRO duro. El exministro del Interior no ha hecho referencia al nuevo espacio disidente. Sus expectativas coinciden con las de Moine, por eso todo se resume a guiños. Y silencio.