10|11|2021

De pelear contra el covid a la cola para meterse en el Senado santafesino

20 de octubre de 2021

20 de octubre de 2021

Reemplazará a Lewandowski si el periodista llega al Congreso. Médico experto en obras sociales, trabajó con gremios y un empresario vidrioso. No es perottista.

Ese golpe de suerte que regala muy pocas veces la política acaba de acariciarle la cabeza a Miguel Rabbia. Hasta hace dos meses hacía planes para seguir espantando al covid-19 y darle volumen a la Secretaría de Coordinación de Salud del área Metropolitana Rosario y a fin de año, seguramente, tendrá que asumir en el Senado provincial una banca caliente, compleja y tentadora.  

 

Rabbia empieza a preparar el terreno para asumir como senador provincial por el departamento Rosario en lugar del casi seguro salto de Marcelo Lewandowski al Senado de la Nación. La polarización indica que el periodista deportivo entrará al Congreso ya sea como la fórmula ganadora junto a María de los Ángeles Sacnun, si es que logra levantar los largos diez puntos que le sacó Juntos por el Cambio (JxC), o como perdedor por la minoría, que le daría la banca solo a él.

 

Este médico que apenas supera los 50 años no tiene credencial de político e incluso pasa desapercibido para la clase dirigente, pero ha sido y es funcionario y conoce desde adentro las mieles amargas que se practican en la política santafesina. 

 

Llegó a Rosario desde Entre Ríos para estudiar y convertirse en médico generalista, aunque, iniciada la década del 2000, comenzó a arrimarse a la función pública desde el Instituto de Estudios del Paraná, una suerte de think thank criollo que calentaba motores para formar parte de la segunda gobernación de Jorge Obeid.

 

Pertenece a una generación joven de peronistas criada en la práctica política por las cenizas del menemismo y los vapores de la crisis de 2001 y, a nivel provincial, por el tren justicialista de Carlos Reutemann y Obeid. De hecho, en la última gestión obeidista, el propio Rabbia fue director de la Zona VIII de Salud provincial, una demandante y densa área que va desde San Lorenzo a Villa Constitución con eje en Rosario.

 

Su llegada al mundo político respondió más a su labor profesional y por ser un cuadro técnico que a una militancia intensa. Cuando el socialismo cortó más de dos décadas de peronismo en la gobernación, pasó a asesorar a varios legisladores justicialistas, entre los que estaba Roberto Mirabella. Si bien tiene buena relación con la mano derecha de Omar Perotti, no tiene relación política con el gobernador.

 

El tiempo y la hegemonía socialista lo fueron llevando a concentrarse en lo burocrático del sector de la salud. Puntualmente. en un mar bravo de domar: las obras sociales. Bajar costos, mejorar la atención y darle eficiencia al sistema son los ejes para los que hizo un posgrado en auditoría y otro en seguridad social. También sumó seminarios en Harvard.

 

A su experiencia pública le sumó la pata privada, por ejemplo, con el sindicato de encargados de edificios, el SUTERyH, con el complejo Sindicato de Camioneros de Santa Fe y también con la Obra Social de Empleados de Comercio (Osecac), quien lo contrató para que acomodara la ingeniería interna en pleno caos administrativo. Pero también las prestadoras de salud privada pusieron los ojos en el médico ya especializado en sintonizar con la complejidad de las mutuales. Así llegó a trabajar para Carlos Tita, el empresario oriundo de Rafaela que es mirado de reojo por la expansión y avidez de sus negocios de prestaciones de salud. 

 

En los noventa, junto al ministro de la Corte Suprema Ricardo Lorenzetti y otros empresarios locales, Tita formó Apreme SRL, destinada a gestionar convenios con varias obras sociales. Desde allí, no paró de crecer y de ganar rivales. Los servicios de Rabbia encajaron con los del rafaelino, pero en su entorno se apuran a jurar que fue un vínculo laboral como cualquier otro y que no mantiene ningún lazo comercial o empresarial.   

 

En 2019, ya con Perotti en el poder, fue convocado para coordinar la salud de Rosario y alrededores, un trabajo que ya conoce, pero que usufructuó para aceitar el vínculo con intendentes de la región a quienes podría representar en el Senado. Además, asesora al propio Lewandowski en temas vinculados a su área y se ha sumado a recorridas. En su entorno explican a Letra P que tiene una mirada de la salud pública particular, cercana a la que pudo practicar Ginés Gónzalez García y opuesta a la del sistema público que implantó el socialismo en sus años de gobernación. 

 

De hecho, siempre se paró, junto a un grupo de justicialistas provinciales de los últimos años del PJ previo al socialismo, como alternativa al modelo diseñado por Hermes Binner. Ese punto se plantea como eje de su posible mandato en la Legislatura. Incluso trabaja un par de proyectos en ese sentido. 

 

Todas las buenas intenciones siempre chocan con la política. En principio, seguirá la fórmula de Lewandowski: oficialista, pero no perottista. Le dará volúmen al ismo que empieza a construirse alrededor del candidato al Senado nacional. Para eso, deberá aprender rápido el oficio en una cámara de hombres y mujeres que no ofrendan espacios y en medio de una interna peronista en la que deberá plantarse, quitarse el ambo impoluto de médico y ponerse el overol.