14|10|2021

Máximo K., gobernadores y Messi, la triple alianza que blindó a Tapia en la AFA

14 de octubre de 2021

14 de octubre de 2021

Bendición camporista para seguir al mando. Campaña de cercanía, el interior existe y la luna de miel con la Selección. El plan Tinelli-AF, al archivo.

A veces, el silencio es salud. Lo sabe bien Claudio Tapia, pero sobre todo Máximo Kirchner, quien hizo de ese cultivado bajo perfil un estilo de conducción. Con sigilo, casi sin que nadie lo advirtiera, el jefe de bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados tejió alianzas para fortalecer a un “Chiqui” sacudido por la embestida que provino desde el propio Gobierno y que hizo dudar hasta al propio círculo íntimo del presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

 

La zona de turbulencias ya pasó y la forma de anunciarlo fue el reciente fallo de la Inspección General de Justicia (IGJ), que validó la asamblea en la que Tapia fue reelecto como presidente para el mandato 2021-2025. “Hubo fumata blanca”, grafica uno de los artífices de la sobrevida de Tapia.

 

El clima cambió tanto, que se nota hasta en las redes sociales de AFA: si hace unos meses cada tuit se estudiaba como un paper académico para evitar tensiones, mensajes cruzados y operaciones, ahora se difunden postulados federales e imágenes bucólicas de los jugadores de la Selección inaugurando murales en el predio de Ezeiza. El equipo nacional, en esta trama, no es un aspecto secundario.

 

El recelo de Alberto Fernández a Tapia probablemente continúe, pero, como pasa con otros temas más trascendentes, a veces las ideas del Presidente chocan contra la realidad o contra otro sector de la coalición que lo llevó a la Casa Rosada.

 

Por este tema no hubo estallidos ni amenazas de ruptura, como ocurrió luego de las PASO: las diferencias sobre qué hacer en la AFA se suturaron sin cartas públicas ni caprichos. “Hubo un trabajo silencioso, con mucho diálogo, dirigente por dirigente”, le cuentan a Letra P desde una oficina del Gobierno.

 

Las reuniones estuvieron a cargo de Santiago Carreras, el enviado de Kirchner para negociar y resolver todas las cuestiones que vinculan al Estado con el fútbol. Mientras en Viamonte 1366 lanzaban dardos contra los “cráneos” de la Casa Rosada y Argentina se sumergía en la segunda ola de covid-19, Carreras se juntó con casi todos los presidentes de los clubes para convencerlos de que sacar a Tapia no era tan fácil como planteaban las oficinas de la Liga Profesional, que conduce Marcelo Tinelli.

 

El presidente de la Nación podía convocar al conductor y empresario televisivo a la Quinta de Olivos, trazar una estrategia con clubes opositores e imaginar posibles escenarios, pero el otro presidente, el del fútbol argentino, todavía mantenía una cantidad de votos en el Ascenso, en el Interior y en un sector de la Primera que apuntalaban su continuidad. La rosca en la AFA tiene esa moraleja: a veces los votos de la Primera C o el Federal A pesan más que la intención de un jefe de Estado.

 

“Pero no fueron los clubes, a Chiqui lo sostuvo La Cámpora”, dice uno de los dirigentes golpeados por la resolución de la IGJ, el organismo de control de las sociedades y las asociaciones civiles que conduce Ricardo Nissen, abogado de Kirchner en causas sensibles. En estos meses, en medio de las turbulencias y las dudas sobre el futuro, hubo quienes soñaron con sentarse en el sillón de Julio Grondona, el viejo patriarca que estuvo 35 años amasando poder entre su estación de servicios en Crucecita y el edificio de Viamonte. A esos autocandidatos hubo que convencerlos de que no todo era tan lineal ni simple como declaraban en algunas notas periodísticas.

 

Selección de gobernadores

No todo fue obra y gracia de La Cámpora, obviamente. La relación entre Pablo Toviggino, ladero de Tapia, y Sergio Massa ayudó a aclarar el horizonte. Si en una reunión en la casa del presidente de la Cámara de Diputados se empezó a demoler la Superliga y a construir la Liga Profesional, allá por enero de 2020, el mismo Massa tenía que asegurar la gobernabilidad y el regreso a aquellos consensos fundacionales.

 

El vínculo entre Tapia y algunos gobernadores también sirvió para atenuar tensiones y enviar un doble mensaje: hacia arriba, a la Casa Rosada llegaban los ecos de un variado apoyo político; hacia abajo, a ese mundo inconmensurable y subestimado que es el fútbol del interior, con tres mil clubes y más metros cuadrados que la Iglesia Católica, llegaba que seguirían como pilares de la gestión.

 

Omar Perotti (Santa Fe) y Jorge Capitanich (Chaco), pero sobre todo Sergio Uñac (San Juan) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero) se convirtieron en algo así como garantes de la continuidad de Tapia al frente de la AFA.

 

Con el ala política resuelta, lo que terminó de completar la escena fueron los resultados deportivos y la luna de miel del pueblo con la Selección. Con la consagración en la Copa América de Brasil tras 28 años sin festejos, un Lionel Messi líder y un técnico que se ganó el cariño del público, lo peor que podía hacer el Gobierno era obstruir ese camino placentero hacia el Mundial de Qatar 2022.

 

Una resolución de la IGJ invalidando la asamblea que reeligió a Tapia hubiese dejado acéfala a la AFA, lo que también hubiera generado la intervención de la FIFA. Lo pone de manifiesto el dictamen firmado por Nissen, quien advierte que una AFA sin cabeza configuraría una “situación susceptible de provocarle gravísimos perjuicios, como resulta sencillo imaginar”.

 

Si antes se hablaba de improvisación al nombrar a Lionel Scaloni y su cuerpo técnico como encargados de las selecciones, ahora se habla de acierto y visión. Los resultados modifican todo y condicionan gestiones, algo que en este tiempo aprendieron los dos vértices del poder futbolero: si Tapia consiguió oxígeno con la Selección, Tinelli sufrió la asfixia de San Lorenzo.

 

Antes de licencia por el reinicio de su programa en Canal 13, ahora insultado por hinchas en el Nuevo Gasómetro, las intenciones del conductor –alentadas por Alberto Fernández– de llegar al sillón de Grondona se fueron diluyendo a medida que las críticas hacia su gestión crecían. “¿No puede conducir su club y va a conducir la AFA? Tinelli ya fue”, lo desestimaban en el entorno de Tapia cuando parecía que su plan tenía sustento. El tiempo puso las cosas en su lugar, sacan pecho ahora, con el camino despejado hasta 2025.