X

Pandemia, gasto y déficit fiscal: alivio para hoy, hipoteca para mañana

Julio, séptimo mes rojo del año maldito. Guzmán desacelera y la recaudación mejora, pero el agujero abruma. Pesos en la calle y dólar, eterna piedra nacional.

Por 24/08/2020 13:20

La pandemia, con la reducción de la movilidad de los trabajadores y los consumidores resultante, impuso a todos los gobiernos del mundo la tarea de evitar que sus economías se hundieran en una espiral de larga duración de destrucción de riqueza. Argentina no fue la excepción, pero la crisis sanitaria la tomó en un estado de especial vulnerabilidad, sin resto para financiar políticas expansivas y, para peor, sin acceso al mercado voluntario que le permitiera financiar, al menos en parte, la coyuntura a través de la emisión de deuda. El resultado ha sido una emisión récord de pesos, esfuerzos del Banco Central y el Tesoro para paliar las consecuencias de esas políticas y, actualmente, una desconfianza de los actores del mercado financiero que se expresa en tensiones sobre el dólar. Toda una hipoteca para el proyecto gubernamental de domesticar la macro y comenzar un proceso de crecimiento.

De acuerdo con un estudio del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), julio registró el séptimo saldo fiscal primario –antes del pago de deudas– negativo del año, con ingresos creciendo al 16,1% interanual y gastos al 59,2%. En términos reales –descontando la inflación–, los primeros cayeron 18,7% y los segundos se empinaron un 11,5%.

El dato preocupante, de acuerdo con la consultora dirigida por Nadin Argañaraz, es que “existe hasta el momento una relación prácticamente uno a uno entre el déficit fiscal nacional y las transferencias del Banco Central (BCRA) al Tesoro”.

“Sumando la transferencia de utilidades con los Adelantos Transitorios, la asistencia del BCRA al Tesoro totalizó hasta julio $1.472.000 millones, siendo récord en términos del PBI (5%). Dicho monto resulta prácticamente congruente con el déficit fiscal acumulado en los siete meses transcurridos de 2020 ($-1.377.000 millones)”, detalló. 

 

 

En el Gobierno aclaran que la mayor parte del dinero emitido se ha esterilizado, tanto a través de emisiones de deuda en pesos por parte del Tesoro –unos $115.000 millones– como, sobre todo, de Letras de Liquidez –Leliq, instrumentos de largo plazo que El Banco Central coloca entre los bancos, por 1,2 billones de pesos hasta ahora–. Eso es tan cierto como que la expectativa de un incremento de la inflación ni bien la economía salga del letargo ya provoca una presión cambiaria preocupante en términos de brecha entre los dólares paralelos y el oficial y de reservas netas del Central.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, confía en despejar esas incertidumbres a partir del próximo viernes 28, cuando se conozca el resultado final de la adhesión al canje de deuda en manos de tenedores extranjeros, pero hay que recordar que el anuncio de ese entendimiento tuvo, en su momento, un efecto efímero para aplacar la tendencia a la dolarización de carteras. He ahí una de las principales amenazas de mediano plazo a la estabilidad.

Un informe reciente del Central atribuyó el mayor peso fiscal de las medidas “excepcionales” tomadas en el marco de la pandemia a la Tarjeta Alimentaria y el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE). En relación con el segundo, indicó que “alcanzó a 8,9 millones de personas frente a los aproximados 1,8 millón del Plan Jefes y Jefas que se aplicó durante los años posteriores al estallido social de 2001. De esta forma, las transferencias directas en 2020 triplicaron a las de 2002”, señaló.

Las limitaciones de la Argentina son concretas, lo que explica que Guzmán haya debido enfriar la intención de sectores políticos del Gobierno de convertir el IFE en una suerte de ingreso básico universal, algo insostenible para un país que acaba de reestructurar su deuda con el compromiso de empezar a acumular superávits fiscales primarios que aseguren la solvencia.

La causa del agujero fiscal actual es tanto el incremento del gasto como la caída de los ingresos tributarios. Esto último refleja la profundidad de la recesión y el desplome del consumo asociado a ella.

 

 

En ese sentido, es positivo que, “por el lado del gasto, todos los principales componentes del mismo redujeron la velocidad a la cual venían creciendo” y que “si bien se mantiene la brecha fiscal (…), el último dato mostró tanto la menor caída real de ingresos desde marzo”, añadió el IARAF. Con todo, entibiando el entusiasmo, la consultora aclaró que la mejora relativa de la recaudación se vincula menos con los gravámenes que dan cuenta del nivel de actividad – IVA, Ganancias y Aportes y Contribuciones– que con otros de carácter extraordinario –Bienes personales, Internos coparticipados e Impuesto PAIS–.

 

 

“Si bien la dinámica fiscal ha mejorado en julio, está aún lejos un escenario de alivio o sostenibilidad de las cuentas públicas para 2020”, explicó.

 

 

En ese contexto, el IARAF señala que “solo en julio, el déficit fiscal representó un 0,65% del PBI, por lo que el déficit primario acumulado en los primeros siete meses del año es 3,6% del PBI y el déficit fiscal (incluyendo intereses) llega al 4,7%”, lo que deja “prácticamente inalteradas las proyecciones de déficit primario anual que se ubicaría, respectivamente, entre el 8,1% y el 6% del PBI” de acuerdo con diversos escenarios. 

“Frente a los escenarios fiscales de cierre de 2020, se espera que esta forma de financiar el déficit”, es decir con emisión, “se mantenga por lo menos hasta los límites legales que la carta Orgánica le permite al BCRA y usando las utilidades que todavía queden por distribuir, que sumados dan un margen de algo más del 50% de lo ya emitido para el fisco en el año”, indicó el informe.

“Sin embargo, esta política claramente no es sostenible, y deberá plantearse la necesidad de elaborar un plan para absorber en los meses venideros la cantidad nueva de dinero impresa, si es que se quiere evitar el desajuste de precios relativos y la aceleración de la inflación, que al momento se encuentra reprimida por varios controles de precios y una demanda agregada golpeada por la caída de ingresos reales”, concluyó.