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Superado el pozo, surge incertidumbre por la fuerza de la reactivación incipiente

Mayo mejoró a abril y junio promete más, ¿pero cuán largas son las patas del rebote? Salida en V o efecto Beatles. Razones para el optimismo y para la cautela.

Por 23/07/2020 15:39

Todos los indicadores de la economía argentina en la pandemia reflejan la sentencia de que sobre llovido, mojado. Es así, ya que a una recesión del 5,4% interanual en el primer trimestre, heredada de la era de Mauricio Macri, se sumó de inmediato el estrago del covid-19 y la paralización de actividades, lo que derivó en un derrumbe sin precedentes del 26,4% interanual en abril. Ahora que la reapertura está en marcha, cabe aprovechar la difusión de los indicadores más recientes para determinar dónde está parada la Argentina y cuál puede ser su futuro cercano. El rebote está en marcha, pero los especialistas se dividen sobre cuál será su intensidad y duración. ¿Cuál es la causa de esas opiniones enfrentadas, en las que se juega nada menos que el bienestar de la población y el futuro político de un 2021 de elecciones intermedias?

LOS DATOS, PRIMERO. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que difunde el INDEC, un anticipo de los datos definitivos de producto bruto interno (PBI), arrojó que en mayo la actividad redujo su caída interanual al 20,6%, aunque recuperó 10% en relación con abril.

 

 

“La mejora obedeció fundamentalmente a una mayor flexibilización de las restricciones a la circulación, sobre todo en las provincias menos afectadas por el covid-19”, dijo el instituto oficial de estadísticas. 

 

 

En segundo lugar, de acuerdo con un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), los datos de recaudación de la primera mitad de julio, cuando rigió un endurecimiento del aislamiento social de cumplimiento muy irregular, resultan compatibles con la idea de que lo peor de la recesión –o, más bien, de la depresión económica– quedó atrás.

Según esa consultora, la percepción del Impuesto al Valor Agregado (IVA), Ganancias, así como de los gravámenes a los Combustibles y a los Bienes Personales bajó un 6% en términos reales, esto es descontada la inflación. ¿Mal dato? No si se lo contrasta con el pasado reciente, en el que la caída en igual período de abril, mayo y junio había sido de 11, 33 y 24%, respectivamente. 

En tercer lugar están los datos de empleo. De acuerdo con la consultora Ecolatina, “según datos del Ministerio de Trabajo, entre diciembre de 2019 y abril de 2020 se destruyó el 2,5% del total de los empleos formales (-310 mil), superando la caída acumulada en 2018-2019”.

“Pese a la ayuda estatal (ATP), la crisis del mercado laboral se habría agravado en los últimos meses”, continuó. Así, la consultora proyecta que “la tasa de desempleo habría superado el 15% durante el segundo trimestre y cerraría el año en la zona del 13,5%, habiendo escalado más de 4 puntos porcentuales durante 2020. Pese a que dicha cifra se ubicará por debajo del pico de 20% de 2002, no deja de ser preocupante”.

 

 

INTERPRETANDO LOS NÚMEROS (YA NO TAN) FRÍOS. Especialistas consultados por Letra P coincidieron en que lo peor de la caída parece haber quedado atrás, a no ser que la incidencia sanitaria de la pandemia depare un confinamiento nuevo y todavía más restrictivo que lo conocido hasta ahora. En lo que difieren es en la intensidad del rebote.

Leandro Ziccarelli, director del Departamento de Research del Instituto de Capacitación Bursátil (ICB), se cuenta entre los optimistas. “Argentina va a salir en V, no tengo dudas de eso, aunque otros economistas no lo consideren así”. Habla, claro, de un proceso signado por un piso profundo pero breve y un rebote pronunciado.

El economista, que suele resaltar el carácter procíclico de la economía nacional –esto es que tiende a exagerar las caídas y las subas de las tendencias internacionales–, resaltó las señales que comienzan a llegar del exterior. “La Unión Europea acaba de aprobar un programa (de estímulo) de 750 mil millones de euros y Estados unidos va a volcar un billón más con pagos directos a familia, le dijo a este medio.

Ricardo Delgado, director de Analytica, piensa diferente. “Da la impresión de que el piso de la recesión se tocó en abril, cuando las restricciones a la movilidad eran máximas, pero que no volvieron ni siquiera en el retroceso de la primera quincena de julio, según muestran los indicadores de movilidad. Ahora bien, la pregunta es si esta pequeña V que vimos en mayo se acentuará en junio y en julio. Los primeros datos de junio dan cuenta de que ese crecimiento de la actividad económica continúa pero se desacelera un poco, lo mismo que en julio, ya a un ritmo muy bajo”, indicó.

“Esto confirma nuestra hipótesis de que la salida no iba a tener una forma de V, que íbamos a encontrar un primer rebote entre abril y mayo, lo que se dio porque la base de comparación era muy baja, y que después íbamos a tener un long and winding road, como decían Lennon y McCartney, es decir un camino largo y sinuoso”, completó.


 

 

“Volver al nivel de actividad previo a la pandemia va a ser un camino muy lento sobre todo porque las familias están muy cautelosas a la hora de consumir, porque cambiaron los patrones de consumo y porque hay mucha incertidumbre vinculada a la posibilidad de generar ingresos en el futuro y a tener trabajo”, insistió.

En una línea similar, el economista Gustavo Reija señaló en diálogo con este medio que “seguramente los datos de junio seguirán mostrando alguna recuperación relativa y julio, muy probablemente, muestre un retroceso por el efecto de los primeros 17 días de restricción más fuerte en las actividades permitidas”.

“En lo inmediato, todo el mundo está esperando a lo que pase con el canje de deuda”. (Leandro Ziccarelli)

Para él, “el escenario sigue siendo muy complejo y mantenemos nuestra estimación de caída interanual del producto cercana al 13%”.

“En lo inmediato, todo el mundo está esperando a lo que pase con el canje de deuda”, añadió Ziccarelli, apuntando a un factor crucial para el futuro inmediato, condición necesaria aunque no suficiente para un rebote más robusto.

“Este escenario es lo que explica la insistencia en la necesidad de cerrar el acuerdo con acreedores, lo que eliminaría una traba más al proceso de salida de la crisis. Las posiciones están muy próximas y de ninguna manera se justifica sostener el default con estos números. El costo para el país, en términos sociales y económicos, de no acordar es muy superior a la diferencia de 3 dólares por cada 100 que se mantiene con acreedores. Soy optimista de que se llegará a un acuerdo”, señaló Reija.

Pero si no todo pasa por la deuda, ¿qué explica esas diferencias de criterio y, por otro lado, el optimismo oficial, que llevó al ministro de Economía, Martín Guzmán, al asegurar a un grupo de empresarios que “vemos un 2021 mucho mejor”?

 

Martín Guzmán y Alberto Fernández.

 

Los optimistas apuestan al esperado plan de fuerte inversión estatal, especialmente en obra pública y en créditos blandos al consumo y a la construcción, incluso para pequeñas refacciones, capaces de movilizar rápidamente trabajo, ingresos y consumo.

¿Da para eso la capacidad de gasto, en un contexto de déficit fiscal agudo y con una recaudación que crece nominalmente al 7,8% interanual y gastos que lo hacen al 73%.

 

 

Reija proyecta “un déficit fiscal de entre 6 y 8 puntos del producto bruto interno (PBI), lo que configuran un escenario grave que requiere máxima atención y voluntad política”.

Ziccarelli, en tanto, entiende que “el gasto aflojó un poco porque venía creciendo al 100% anualizado en términos nominales. En el acumulado, el déficit fiscal está en 3% del PBI, lo que no es tanto por ahora. Probablemente vayamos hacia un 6% o más en todo el año, pero ese número hay que compararlo, por ejemplo, con el 18% esperado en Estados Unidos y el 10% de Australia, por ejemplo. Cuanto más rápida la recuperación de la economía, más rápidamente se va a cerrar la brecha fiscal”.