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Salió de Acassuso y se instaló en sus oficinas, donde recibe dirigentes y opera en tándem con Pichetto y Bullrich. Contactos con Sanz y distancia con Vidal.

Por 03/07/2020 15:48

Al ritmo de las varias causas penales que investigan el espionaje ilegal que realizaba la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) durante su gobierno, Mauricio Macri abandonó el silencio que se autoimpuso desde que comenzó la cuarentena obligatoria en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El expresidente está preocupado, rompió el aislamiento y su rutina para instalarse al menos una vez por semana en las oficinas de Vicente López, las que estrenó semanas después de terminar su mandato. Va y viene de la nueva casa que alquiló en Acassuso, partido de San Isidro. En los últimos días, recibió a Humberto Schiavoni, a Horacio Rodríguez Larreta y a dos intendentes bonaerenses, mezclando ambas locaciones.

A esa seguidilla de encuentros le sumó varios llamados telefónicos, mezclados con insistentes mensajes de WhatsApp. Llamó personalmente a la mayoría de los popes de Juntos por el Cambio para pedirles apoyo y que sumen su firma en el comunicado de la oposición que disparó contra el Gobierno y repudió el allanamiento a Darío Nieto, su secretario privado durante los cuatro años en la Casa Rosada. Ante otros, los encargados de juntar rúbricas fueron el exsecretario general de la Presidencia Fernando De Andreis y la jefa del PRO, Patricia Bullrich.

 

 

El avance de la causa por presunto espionaje ilegal sacude a Cambiemos porque afecta a lo más alto del sistema político: a la tropa de espías que hacían inteligencia clandestina, a los extitulares de la AFI Gustavo Arribas y Silvia Majdalani y al propio Macri, por ser el jefe directo de ambos. Entre los querellantes están desde la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner hasta los dirigentes y exfuncionarios del macrismo Rodríguez Larreta, Diego Santilli, Emilio Monzó, Nicolás Massot y Waldo Wolff

 

 

En 2018, cuando la entonces gobernadora María Eugenia Vidal le dijo a Macri que presumía que la investigaban, el expresidente respondió que desconocía el tema y la derivó con Arribas y Majdalani. Hoy hace lo propio cuando le consultan por la investigación del juez Federico Villena, expediente que ahora pasará a manos de su par de Lomas de Zamora Juan Pablo Augé por decisión de la Cámara Federal de La Plata. Algunos dirigentes del PRO sueñan con que Macri delegue la responsabilidad en Arribas, pero esa opción está descartada: defiende al exjefe de los espías y, tras compartirle su departamento, también le extendió la defensa del abogado Alejandro Pérez Chada.

 

 

Macri habla a diario con Bullrich y Miguel Ángel Pichetto. En la última semana, tuvo un encuentro mano a mano con los intendentes Jorge Macri (Vicente López) y Néstor Grindetti (Lanús). Ante todos repite la misma melodía: sostiene que la causa está “armada” y que el kirchnerismo lo quiere “amedrentar”, pese a que las balas pican cada vez más cerca. El allanamiento a Nieto fue una señal de alarma que activó los movimientos del expresidente. En el raid de contactos políticos, Macri retomó el diálogo con el radical Ernesto Sanz, que le aconsejó sumar apoyo político para enfrentar el avance de la causa.

Con la exgobernadora Vidal, que firmó el documento, no hay diálogo últimamente. En su equipo corre el chiste de que, cuando se conoció que dio positivo de coronavirus, le deseó una pronta recuperación “hasta” Aníbal Fernández, pero Macri no se comunicó.