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El jefe de Techint mandó a sus alfiles a romper la paz con Fernández por Vicentin. La obsesión de Cristina, la bronca del Austral y el fin de la AEA “amiga”.

Por 19/06/2020 15:34

“Yo puse mucha guita ahí, pero mucha, y ni un 'gracias' recibí”, le dijo hace unos días Paolo Rocca a un grupo de allegados. Alberto Fernández visitó tiempo atrás el Hospital Solidario COVID Austral, una instalación reforzada para atender la pandemia. En el asunto, invirtieron fuerte Techint y Pérez Companc, pero aún con el ceo italiano sentado entre el público, el Presidente evitó mencionarlo. Habló de "la fundación PECOM y algunas empresas privadas".

Aunque la anécdota no tiene mayor peso que el simbólico, el affaire del hospital refleja un creciente malestar del empresario más grande de la Argentina con el gobierno de Fernández, un fastidio que no es ruptura pero ya erosiona el poder por diferentes vías. La principal, el caso Vicentin y la orden de ir a fondo con un mensaje concreto y duro de que esto así no puede seguir.

Históricamente, Rocca se mueve con dos hombres de confianza con roles bien marcados cuando gobierna el peronismo: Luis Betnaza, el policía malo, y Daniel Novegil, ceo de Ternium, la mano amable. En la última reunión de la Unión Industrial (UIA), Betnaza levantó la voz y pidió un pronunciamiento directo contra la expropiación, en la que se leyera la palabra “desastre”. Finalmente, el presidente de la entidad, Miguel Acevedo, decidió moderar y ver políticamente la cuestión. El comunicado salió aséptico. “No cumpliste con lo establecido, defraudaste a la Junta, a las bases”, le escribió Betnaza a Acevedo en un correo privado.

Horas después, otros socios de la mesa chica de la entidad recibieron una copia del correo. Rocca quería que, aunque para el público común apareciera moderado, el mensaje concreto, fuerte y directo contagiara a algunos de sus pares. Acevedo, cercano más por pragmatismo que por ideología al Presidente, llamó a la calma y pidió “no pegar más”, aunque admitió que “no era el momento para una decisión así”.

 

Rocca y Betnaza, uno de sus hombres fuertes. 

 

“Paolo fue el primer kirchnerista y el primer chavista. Cuando Néstor Kirchner arrancó con las obras de gasoductos, fue el primero en estar en la foto y apoyar. Y cuando (Hugo) Chávez venía al Sheraton, era el primero aplaudiendo. Después, fue el primer macrista, el que celebró que hubiera en el poder un ingeniero y no un abogado”, le respondió uno de los más osados, fuera de la mesa, en una charla con otro de los dirigentes de UIA que históricamente mantienen distancia de los movimientos que hace Techint en la entidad fabril.

 

 

Fue el conflicto en la UIA el cénit del enojo de Rocca. Unos días antes, cuando el propio Acevedo llamó al líder de Techint para que se sume a la reunión con Fernández en Olivos, el italiano se excusó sin razones de fuste. Betnaza pidió ir en su reemplazo, pero recibió la negativa del Gobierno, que quería sentarse “con los dueños”.

En Olivos creen que la relación no está cerca de una ruptura, pero hay desconfianzas. Cuentan en el entorno de Fernández que “ya se superó el episodio de los despidos” en la constructora del grupo, en el inicio de la pandemia. Se lo dijo el propio Fernández, hace un tiempo, a David Uriburu, otro de los hombres de Techint en la UIA, quien le respondió que “lo de miserables quedó en el olvido”. En términos de los distintos componentes del Frente de Todos, el mayor cuidado viene del Instituto Patria. La vicepresidenta, Cristina Fernández, conoce a Rocca de momentos amistosos y de guerras y recomendó ir con los ojos bien abiertos en la relación.

 

Fernández y Acevedo, de la UIA, uno de sus interlocutores directos.

 

Techint es a la Argentina lo que los chinos son al mundo. Aunque con buenos modales, Rocca no discute abiertamente la política y la economía: impone una posición propia sobre todos los temas, como la carpeta que presentan los chinos cuando se sientan a  negociar con países. Por esto, el enojo tiene algunos detalles más por detrás, que son la cuestión de fondo de la disputa. Techint no está conforme con el ordenamiento de la pirámide del Círculo Rojo albertista. Cree que la interlocución debe pasar por la Asociación Empresaria Argentina (AEA), donde comparte poder con el Grupo Clarín y el gigante Arcor. En ese eje, el Presidente ya tiene un problema y medio: el holding de Héctor Magnetto empezó a blanquear oposición, también con Vicentin como bandera. Y Rocca puede ser el Clarín de Fernández si la dinámica es la actual. Con la alimenticia de los Pagani, la charla es más fluida y el cordobés no sólo estuvo en la mesa de Olivos sino en constante contacto, vía intermediarios, con los ministros de áreas económicas.