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Con una mano en la agitación social, los Nardelli forzaron al Gobierno a negociar una expropiación Vicentin “friendly”. Ruidito de compromiso entre ceos.

Por 12/06/2020 12:00

En la Casa Rosada nadie comprende bien, aún, la flaqueza del anuncio de expropiación de Vicentin ni la situación de vulnerabilidad a la que fue expuesto el presidente Alberto Fernández. En la lógica política, el caso de la aceitera representa la primera gran derrota parcial que sufre el Gobierno ante el Círculo Rojo. A los hermanos Nardelli, dueños de la compañía, nadie los conocía demasiado más allá de sus excentricidades financiadas, incluso, por el propio Estado: la más reciente, la navegación de Gustavo Nardelli por el Paraná en plena cuarentena, en su yate simpáticamente nominado “Champagne”, su elíxir predilecto. Sin embargo, con una empresa en quiebra admitida por todo el círculo empresario, patrimonio neto negativo y deudas millonarias con proveedores, bancos locales e internacionales, los hermanos aprovecharon como pocos el flanco débil que dejó el Gobierno por no pulir una idea que ya se venía trabajando artesanalmente y terminó desprolija. Lo sentaron a negociar en sus propios términos y hasta se animaron a pedir porciones accionarias y que les compren la compañía.

 

La mesa de Olivos, un gesto. 

 

Hace unas horas, cuando los interventores del Gobierno quisieron entrar a la planta en la localidad de Avellaneda, provincia de Santa Fe, un grupo medianamente nutrido de vecinos, apuntalados por los Nardelli y el intendente local, el radical PRO Dionisio Scarpin, se hicieron escuchar y Luciano Zarich, el subinterventor, hasta debió dejar el hotel en el que se alojaba, custodiado por la Policía.

En Buenos Aires, en tanto, se agitaron cacerolas por una causa no solo ajena, sino desconocida. Con los medios como caja de resonancia fuerte y más allá de las manos de la oposición y los Nardelli, la situación obligó a Fernández a replantear la estrategia.

Un dato refleja una situación inédita: la noche de la manifestación, el Presidente habló por teléfono con Sergio Nardelli y planearon un encuentro en Olivos. Solo unas horas después, el juez del concurso de acreedores habilitó el ingreso de la intervención luego de que Vicentin hiciera un comunicado a favor de la medida. Cuando llegó Zarich a la empresa, no encontró en la puerta ni a uno de los vecinos que se habían manifestado. Le sirvieron café y, simbólicamente, le entregaron la llave de la compañía. En Avellaneda, de hecho, hay gente que pensó la épica como un objeto real y como un deseo de la empresa de no ser tocada. Mientras, Nardelli negociaba su único deseo: salir de la firma o quedarse con una parte mínima. Y algo más: que esa salida no incluyera escándalo, persecución judicial ni situaciones de violencia. “Lo que se negocia acá, también, es la libertad de circulación” de los Nardelli, bromeó ante Letra P un funcionario que está en el tema.

 

 

 

 

 

El peronismo del Frente de Todos tiene una diferencia de base con el kirchnerismo puro: admite debates internos y sugerencias que el mandatario toma. La decisión de expropiar en términos absolutos era una visión resistida en distintos sectores. El Presidente escuchó: se vio, en parte, en la conformación de la mesa de Olivos en la que recibieron a los Nardelli este jueves por la noche. Se sumó el gobernador de Santa Fe, Omar Perotti; el ministro de Agricultura, Luis Basterra, y la secretaria de Legal y Técnica, Vilma Ibarra, una de las funcionarias de confianza de Fernández y la más reacia al choque. Ninguno de ellos estuvo en la foto del anuncio de la expropiación. Y faltó en Olivos Anabel Fernández Sagasti, la senadora “símbolo” de la mano de Cristina Fernández en la iniciativa de expropiar.

“No hay otro modo de hacerlo”, le dijo el Presidente a Nardelli, adelantando que la idea será una expropiación Vicentin friendly. El modelo es el de la YPF de Miguel Galuccio: una empresa mixta profesional, que tenga adentro a YPF Agro y a las cooperativas acreedoras.

En la reunión que mantenían este viernes el interventor, Gabriel Delgado, con Vicentin y el presidente de YPF, Guillermo Nielsen, se hablaba de que Santa Fe tenga acciones en la compañía. Aunque parezca mentira, Nardelli le pidió al Presidente que se haga a través de privados que le compren una empresa que debe miles de millones de dólares a proveedores, bancos extranjeros y nacionales, como el Nación, el BAPRO, el BICE y el Ciudad. Opción rechazada. Hoy, las “salidas alternativas” que sugirió Perotti son siempre dentro de la expropiación, pero cumpliendo los plazos legales. Mientras, hay 60 días de intervención para pulir detalles y hacer política para que el conflicto no estalle en el interior, donde los pueblos tienen mucha identificación con la empresa.

 

Zarich, el subinterventor, en la empresa. 

 

El escenario es, de todos modos, de cuidado para Fernández. Por un lado, como ocurrió con la salida de presos, una situación de tensión muy menor le hizo ruido en Buenos Aires. Hay funcionarios de su confianza que creen que hay que leer el contexto de otro modo, más allá de las intervenciones de la política, a riesgo de ir horadando la espalda nutrida que aún tiene el mandatario.

Por otra parte, el paso en falso con la expropiación aglutinó al frente opositor como nunca. Tanto, que exministros de Mauricio Macri como Luis Miguel Etchevehere y Patricia Bullrich llamaron a empresarios para agitar quejas sobre el caso Vicentin. Tuvieron éxito cosmético. La Asociación Empresaria Argentina (AEA), la Cámara de la Construcción (Camarco), el Foro de Convergencia y hasta la Unión Industrial (UIA) se obligaron a elaborar comunicados para salir del paso. Hasta la cámara de agroexportadores debió tirar a la basura un texto que tenía una posición no concluyente respecto al tema. Naturalmente, el PRO se juega con Vicentin la carta para salvar las sospechas sobre posibles negociados y favoritismo en los créditos del Banco Nación, que tienen en foco al extitular de la entidad Javier González Fraga y al propio Macri, quien habría dado el visto bueno para prestar sin calificación crediticia. 

 

 

En privado, ninguno cree en la muletilla de que esto significa Venezuela y todos conocen de primera mano los desmanejos de los Nardelli. Sí hubo enojos por patear el hormiguero del orgullo capitalista días después de que el jefe de la Casa Rosada les pidiera a los ceos trabajar juntos. “Esto es un papelón, seamos sinceros, pero no le vamos a pegar al Presidente en el piso”, dijo un dirigente de la UIA cuando se discutía el comunicado. La entidad que comanda Miguel Acevedo, el hombre de más confianza de Fernández en el Círculo Rojo, lavó el comunicado. A los ceos, preocupados por la crisis y necesitados de negociar todo con el Ejecutivo a sólo seis meses de iniciado el mandato, no les importa tanto Vicentin.