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La vicepresidenta le ordenó a su tropa que apoye el acuerdo. Diálogos con Guzmán, el Círculo Rojo y sus gerentes en la negociación con los bonistas.

Por y 30/05/2020 11:12

Hace mucho tiempo que Cristina Fernández de Kirchner plantea en privado la necesidad de que Argentina cierre de una vez y con mirada de largo plazo el frente de conflicto de la deuda pública. En reuniones con empresarios, dirigentes políticos y religiosos, la vicepresidenta se encarga de remarcar que es tiempo de dejar atrás las confrontaciones para pasar a los acuerdos. El mensaje no es solo para el mundo financiero: la necesidad de llegar a una solución es "una orden política" concreta que le bajó a su espacio.

La expresidenta sabe que en sus filas de seguidores habitan rupturistas que alientan la vuelta a la épica combativa. Pero, a las puertas de lo que podría ser un acuerdo próximo entre el país y sus acreedores, no solo empiezan a conocerse las gestiones que, en silencio y con bajísimo perfil, Cristina hizo para empujar una solución definitiva al conflicto, sino el nivel de detalle de su seguimiento de las conversaciones y la línea directa que mantiene por el tema con el presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán.   

 

 

Por pedido de Cristina, el exceo de YPF Miguel Galuccio se reunió con varios directivos de fondos de inversión que están en disputa con Argentina, entre ellos, el gigante BlackRock, que tiene aún una parte menor en el accionariado de Vista Oil, la petrolera mexicana que comanda el experto que repatrió cuando fue presidenta para conducir la petrolera estatal recuperada. Según reveló el diario La Nación, las gestiones de la vicepresidenta se intensificaron después del 8 de mayo, la fecha original del vencimiento de las negociaciones, que aún siguen en curso. Tras días de conversaciones, Blackrock bajó sus pretensiones y acercó posiciones con el Gobierno.

Las gestiones de Galuccio siguieron. El entrerriano se involucró aún más luego de Cristina le presentara al ministro de Economía. Hace unas horas, juntos, comandaron un encuentro vía Zoom con los popes del establishment local, a quienes lograron convencer de que Argentina está haciendo una propuesta que "puede cumplir" y que arriesgar más "sería un error". En su pulseada, Guzmán también tiene otra ayuda clave ante los mercados internacionales: el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, de diálogo fluido con fondos y organismos multilaterales.

Aunque siempre lo vio con buenos ojos, en Economía admiten que Cristina se tomó un tiempo para analizar a Guzmán antes de darle su respaldo absoluto pero que, desde la conferencia de prensa del 17 de abril junto a los gobernadores en Olivos, depositó en él la plena confianza de una resolución positiva de las negociaciones. Los antecedentes ayudan. Cristina es lectora y admiradora de Joseph Stiglitz, el premio Nobel de Economía que tiene a Guzmán como discípulo. El ministro no solo tiene una buena relación con Cristina sino, también, con su hijo, Máximo Kirchner, jefe del bloque del Frente de Todos en Diputados.   

 

 

En forma directa o por intermediarios, la vicepresidenta sigue el minuto a minuto y el detalle de las negociaciones. Y, aunque en su entorno evitan dar mayores detalles, admiten que "activó" contactos y "cuestiones políticas" para que el acuerdo llegue a un buen puerto. "Un trabajo conjunto", dicen.

Los gestos políticos son claros. Su presencia en Olivos la tarde de la exposición de Guzmán, a pocos metros de Horacio Rodríguez Larreta, fue un mensaje para su tropa, que acató con apoyos públicos el avance de las conversaciones. Y el punto más importante es que, aunque cuestiona el endeudamiento, no desconoce la deuda.

Como contó Letra P, el cristinismo abandonó la épica antibuitre que dominó el clima político de la última etapa kirchnerista para alinearse con el espíritu de los "pagadores seriales" de los años K. Desde su experiencia, Cristina repite dos conceptos centrales que su tropa replica. El primero, al estilo Néstor Kirchner, remarca que "los muertos no pagan" y, a coro con Fernández y Guzmán, dice que el acuerdo debe ser "sustentable" y bueno para el país. El segundo, primordial para entender su involucramiento en las gestiones: el default no es una opción.