28|1|2021

La abanderada de los rabiosos

30 de abril de 2020

30 de abril de 2020

La presidenta del PRO hace su negocio: sin responsabilidades de gestión, golpea al Gobierno y agita al antiperonismo duro. Con Macri en el freezer, fantasea con 2023. Larreta y la interna inevitable.

Le sobran medios que quieren entrevistarla, le sobran seguidores en las redes y le sobran vasos comunicantes con un poder que trasciende las fronteras. Pero, sobre todo, le sobran razones para encarnar a la oposición más rabiosa, ese continente que está solo y espera, encerrado en su casa, por una nueva oportunidad. Con una disciplina notable, Patricia Bullrich expresa la línea pura del antikirchnerismo cada día: no se desvía de sus objetivos, no descuida sus intereses y no entra en el juego amable que Alberto Fernández promueve desde el frágil pedestal de la conciliación.  

 

Mientras Horacio Rodríguez Larreta, Diego Santilli y hasta Jorge Macri se codean con el Presidente, la jefa que Mauricio Macri designó para su partido no deja pasar ninguna de las jugadas del Gobierno que desquician a los feligreses de Cambiemos. Abanderada permanente de la consigna “volvieron peores”, con un lenguaje tan llano y marketinero como virulento, la ex ministra de Seguridad encontró esta semana una chance inmejorable de golpear al oficialismo y excitar a su tropa con el tema de las exacarcelaciones de los presos. Defendió la tesis de que existe un plan para liberar convictos y desfiló por los medios de comunicación donde el tema rinde fácil en la batalla del minuto a minuto. Sin embargo, Bullrich sostiene esa línea de confrontación desde el primer día de Fernández en la Casa Rosada y tiene la virtud de no ceder nunca.

 

 

  

Como parte de su actividad permanente, la jefa del PRO estuvo el miércoles en charla vía Zoom con los diputados macristas y el martes se reunió con la mesa ejecutiva del partido que integra Macri primo. Son las últimas escalas de una tarea evangelizadora que incluyó, durante los días de la cuarentena, la recorrida virtual por la mayor parte de las provincias donde el macrismo está organizado. 

 

Bullirch se tomó muy en serio la misión que le encargó el egresado del Cardenal Newman. Está convencida de que “el PRO como partido no existía” y esa es la tarea que se propone: construir un partido y darle organicidad a su dirigencia, sin descuidar las redes sociales como Twitter o Instagram, donde la ministra de la mano dura es taquillera. Sus colaboradores afirman que no había dinámica de reunión ni de discusión y que el edificio de cinco pisos de la calle Balcarce 412 estaba vacío y amenazado por las telarañas. Por eso, aunque no lo parezca, en la práctica la veterana Bullrich también discute con el novato Marcos Peña, líder derrotado de la antipolitica. Curiosa carambola de la propia Patricia, que, después de huir del peronismo y deambular durante dos décadas en torno distintos sellos, recuperó su verdadera identidad gracias a Macri.

 


 

 

GRIETA MATA PANDEMIA. Bullrich está reclamando desde hace tiempo que Fernández la reciba. Le envió una carta junto a los titulares de la UCR, Alfredo Cornejo, y la Colición Cívica, Maximiliano Ferraro, para tener un encuentro, pero hoy el Presidente -como ayer Macri- prefiere construir una oposición a su medida. Indignados los soldados de Patricia vieron cómo Alberto prefirió, en cambio, darle prioridad al Grupo de Puebla. 

 

La promotora de la doctrina Chocobar y sus seguidores bajan un mensaje de convivencia con la línea de Rodriguez Larreta, pero se muestran más belicosos con los movimientos del sector que se alínea con Emilio Monzó, Rogelio Frigerio y, fuera del PRO, Martín Lousteau. Cuando un grupo de diputados se manifestó a favor de las sesiones virtuales que promovía Sergio Massa, el intratable Waldo Wolf salió a pedirle que se fuera de la bancada. Era una de las movidas del grupo Bullrich: la otra eran los llamados que la propia jefa del partido hacía a los legisladores más dóciles del espacio dialoguista. 

 

 

 

La empoderada de Macri dice que es “logico, natural y hasta un comportamiento obligado” que Larreta, los gobernadores radicales y los intendentes de Juntos por el Cambio trabajen con el gobierno nacional y sostiene que en ese aspecto están todos alineados, más allá de algunas diferencias. Sin embargo, en su entorno le bajan el precio al rol de los macristas que gobiernan. “Ellos están ocupados en contar ambulancias, contar camas, comprar insumos. Es fundamental. Pero otro rol es el proponer medidas, críticar y controlar. Con el virus hay una especie de neblina fundada en el temor que no deja ver el largo plazo”, dicen.

 

Bullrich y los suyos afirman que Larreta y los ejecutivos del PRO tienen una dependencia extrema de Fernández y son, muchas veces, los que vehiculizan la presión de la Rosada para que la oposición más pura modere sus críticas.

Bullrich y los suyos no lo dicen, pero consideran que hoy esta sobredimensionada la tarea de los que gestionan ante la pandemia. Afirman que Larreta y los ejecutivos del PRO tienen una dependencia extrema de Fernández y son, muchas veces, los que vehiculizan la presión de la Rosada para que la oposición más pura modere sus críticas. Desde esa concepción, el kirchnerismo no cambió y sigue priorizando a los más dociles con los fondos.

 

Más reservado aún es el razonamiento de los halcones del PRO que describen al jefe de Gobierno porteño y a sus periodistas amigos con la misma lógica. Si en Balcarce 50 lo que influye son los recursos que se destinan a las provincias, en Uspallata al 3100 -dicen- son los contratos para los desamparados que salieron eyectados del Estado con la derrota de octubre. 

 

En línea con la predica de Macri en privado, sostienen que hay que salir a defender a la base social de Juntos por el Cambio que está hoy desamparada ante las consecuencias de la paralisis. Se refieren a los profesionales y monotributistas que forman parte de la clase media que no se siente comprendida en el paquete paliativo del Gobierno. Esos sectores desatendidos son, para el macrismo duro, “los más debiles” en un contexto donde todos los esfuerzos están destinados a evitar el desborde de los que viven al límite.  

 


 

 

EL LARGO PLAZO. Bullrich habla de manera permanente con Macri y es el vehículo elegido para expresar la línea de un presidente que, con cuatro años desastrosos de gestión económica, quedó invalidado para hablar. El ingeniero es carnada fácil para el Gobierno y en la propia oposición reconocen que hoy padece la misma debilidad que la CFK de 2016. Cada vez que aparece, enerva al oficialismo y divide a la oposición. Mientras la línea Larreta está atada a la Nación y no puede salir a criticar, el expresidente está asociado a su fracaso y prefiere guardar las formas. Por eso, Bullrich aparece como la que mejor puede capitalizar la furia opositora que no se agota. Siendo la heredera más directa de Macri y su elegida, Bullrich se siente blindada ante las críticas y en un rol vacante que considera necesario ocupar. Dueña de una platea cautiva, la exministra cree que la concilicación será una “curva de beneficios decrecientes” y que lo que hoy rinde en las encuestas pagará mucho menos menos al final del mandato de Fernández. 

 

 

 

Mientras el egresado del Newman decida seguir ocioso, con apariciones puntuales en charlas o solicitadas, el rol de Patricia será preponderante. Hay algo, sin embargo, que marcan a su lado: Bullrich no se ofende ante las críticas de la línea dialoguista y está convencida de que la alianza cambiemista es un “bien a cuidar”. Remarca que la fragmentación de la oposición fue la que prolongó el ciclo kirchnerista y asegura que las diferencias, pese a todo, son secundarias. 

 

Nadie lo dice y todos lo saben. Alta siempre en las encuestas, aunque con una innegable imagen negativa que expresa el rechazo de medio país, Bullrich podría encarnar la deriva del macrismo duro y ser candidata a presidenta en 2023. Dificil pensarlo ahora en plena lucha por la pandemia y en un país donde todo cambia día a día. Sin embargo, el PRO del antiperonismo visceral dibuja un horizonte: o con un Macri reincidente o con Bullrich, ese sector considera que hoy por hoy la interna entre las dos alas de la coalición será inevitable.