FUNCIONARIOS QUE NO FUNCIONAN

Energía: al jefe del nuevo ente regulador le saltó la térmica por plata y contratos y duró menos de un mes

Néstor Lamboglia no pudo avanzar en la reestructuración del organismo que remplazó al ENRE y al Enargas. Choques por asesores, pases a planta y remuneraciones.

La renuncia de Néstor Lamboglia al frente del ENRGE volvió a exponer las tensiones que atraviesan la reorganización regulatoria impulsada por Javier Milei en el sector de energía. Entre disputas por contrataciones, salarios y poder interno, el funcionario dejó el organismo que unificó al ENRE y al Enargas antes de cumplir un mes en el cargo.

Si bien justificó su salida en “motivos personales”, fuentes del sector aseguran que Lamboglia dejó la conducción del organismo energético por la pelea entablada con el vocal y exinterventor del Enargas, Marcelo Nachón, en torno a la contratación de asesores y los aumentos salariales previstos para una parte del personal del ente.

Néstor Lamboglia ENRE
Néstor Lamboglia renunció a la presidencia del ente que unifica el Enargas y el ENRE

Néstor Lamboglia renunció a la presidencia del ente que unifica el Enargas y el ENRE

La salida del funcionario abrió además nuevos interrogantes sobre el funcionamiento del organismo que nació de la fusión del ENRE y el Enargas, una de las principales reformas institucionales que impulsó la gestión libertaria para el sector energético.

Contratos, asesores y una pulseada por el control

A mediados de abril, luego de haber sido confirmado como presidente del ENRGE, Lamboglia había bajado una directiva clara: no extender contratos ni incorporar personal en el ENRE y el Enargas mientras avanzaba el proceso de unificación.

En sus últimos días al frente del ente gasífero, Nachón desoyó esa instrucción y avanzó con la renovación de 73 contratos de asesoría y servicios profesionales que vencían el 30 de junio. Además, dispuso el pase a planta permanente de un grupo de diez asesores encabezados por Marcela Paula Valdez, que habían desembarcado en el Enargas durante la gestión del exinterventor Carlos Casares.

Según fuentes del sector, esa decisión fue interpretada por Lamboglia como una señal de autonomía política y administrativa que terminó agravando las diferencias internas.

La guerra de los salarios

El otro foco de conflicto giró en torno a dos cuestiones salariales.

Por un lado, la necesidad de equiparar los salarios entre el personal del ex Enargas y los trabajadores del ENRE, cuyos ingresos promedio se ubican entre un 30% y un 40% por debajo de los que perciben los agentes del organismo gasífero.

Con el objetivo de reducir esa brecha y evitar conflictos internos, Lamboglia impulsaba un esquema de equiparación que arrancaba con una mejora cercana al 30% mediante conceptos remunerativos y bonos para los empleados del ente eléctrico. La propuesta no consiguió respaldo dentro del directorio y encontró la resistencia de Nachón.

La segunda diferencia se vinculó con los salarios de la propia conducción del organismo.

Mientras Lamboglia defendía la continuidad del esquema actual, equivalente a la remuneración de un secretario de Estado —unos $7 millones mensuales—, Nachón consideraba que el directorio del ENRGE debía fijar una escala propia con ingresos iniciales superiores a los $10 millones mensuales.

El fantasma de Carlos Casares

Antes de ser designado al frente del ENRGE, Lamboglia había reemplazado a mediados del año pasado al ex Edesur Osvaldo Rolando como interventor del ENRE. Pese a desempeñarse en el ente eléctrico, continuó percibiendo su remuneración a través de un contrato con el Enargas, con un ingreso superior al que le hubiera correspondido por la escala salarial del organismo eléctrico.

Su designación definitiva como presidente del ente unificado ya había provocado un fuerte cortocircuito dentro del sector.

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Carlos Casares renunció como interventor del Enargas

Carlos Casares renunció como interventor del Enargas

A principios de año, la confirmación de Lamboglia detonó la salida del entonces interventor del Enargas, Carlos Casares, quien abandonó el cargo con críticas a la administración libertaria luego de que le hicieran creer que sería el elegido para conducir el organismo fusionado.

Esa posibilidad quedó descartada el 12 de enero, cuando la secretaria de Energía, María Tettamanti, remitió al Congreso la nómina de los cinco integrantes seleccionados para el directorio del ENRGE sin incluir a Casares.

Tampoco fue considerado para otros cargos de relevancia, una situación que en el sector vincularon a su cercanía con el ceo de Techint, Paolo Rocca, quien por entonces había quedado en la mira de Milei y pasó a integrar la lista informal de empresarios cuestionados por el Presidente.

Un ente nuevo, una crisis repetida

De manera transitoria, el ENRGE —creado por la ley Bases con autarquía e independencia funcional y presupuestaria— quedará bajo la conducción de su vicepresidente, Vicente Serra, hasta que el Gobierno convoque a un concurso público para cubrir la vacante.

Serra, ex director nacional de Refinación y Comercialización, especialista en compliance y consultor técnico de empresas eléctricas y gasíferas, deberá administrar una estructura que todavía no terminó de consolidarse.

Junto con Nachón, completan el directorio Griselda Lambertini —exvocal del Enargas y especialista del Centro de Estudios de la Actividad Regulatoria Energética (CEARE)— y Sergio Falzone, exgerente del grupo Central Puerto y exasesor de la Secretaría de Energía.

Hasta que la administración libertaria logre estabilizar la conducción del organismo, la gestión de Serra estará atravesada por tres desafíos inmediatos: terminar la integración operativa de los dos entes, resolver las diferencias salariales heredadas y preservar la capacidad regulatoria del Estado sobre empresas que prestan dos servicios públicos esenciales.

La salida de Lamboglia, apenas semanas después de asumir, deja una conclusión incómoda para la Casa Rosada: el ente que debía simbolizar la nueva arquitectura regulatoria del sector energético todavía no logró ordenar sus propias internas.

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